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Por qué ni los Presidentes ni los Papas pueden dar permiso a nadie para Crucificar a Jesús

Aparentemente cada noticia y controversia de hoy en día, tanto secular como en la Iglesia, se reduce al tema de este ensayo. La gente hoy en día participa en todo tipo de apretones de manos y autoengaño, tratando desesperadamente de conciliar aquello que se les señala como necesarias “contradicciones” en todas las facetas de la vida: interpersonal , gobierno secular y Eclesial.

  • La actividad sexual detrás de las puertas cerradas no importa.
  • Una mujer que solicita y físicamente coopera en el asesinato premeditado de su propio hijo como víctima no debería ser castigada.
  • Si el “amor falla”, entonces el adulterio es aceptable y libre de pecado.
  • No repudiar, pero aceptar e incluso participar en el culto de la sodomía será castigado por el estado.
  • El rechazo a negar la realidad objetiva de la ideología de género será castigada por el estado.
  • No participar activamente de la cultura de la muerta al proveer la esterilización y abortíferos será castigado.

Mucha gente hoy en día, especialmente entre los creyentes Católicos ortodoxos, parecen luchar con situaciones como estas, aparentemente incapaces de procesar el curso de la acción correcta cuando una autoridad, ya sea en el trabajo, el estado e incluso la Iglesia, tratan de convencer, obligar o forzar para que se haga algo que claramente va en contra de la ley natural, la ley Divina o el Magisterio de la Iglesia.

Estas cuestiones NO SON complicadas. Sólo se vuelven complicadas cuando dos consideraciones entran en el juego.

  • La herejía del Americanismo[1] y
  • La falta de una relación personal con Jesucristo

Estoy aquí sentada riéndome, mientras escribo esto, porque los dos elementos anteriores seguramente alejarán a casi cada persona que lea esto. Todos los lectores seculares, y aquellos que aún no están fuera de la Iglesia, pero si fuera del grupo Tradicional, Fundamentalista (eso es para usted p. Longenecker), estarán horrorizados por mi denuncia del Americanismo como una herejía. Sólo para tener la certeza de que saben a qué me refiero con la herejía del Americanismo, es aquella que hemos aprendido todos de que ser Americanos (de Estados Unidos) es la mejor cosa en el mundo, aquello que hizo que EEUU y su Constitución sean la Nueva Jerusalén caída del cielo: aquello es la separación de Iglesia y Estado. Quizás conozca a dos de los más conocidos Americanistas hoy en día: Arzobispo Charles Chaput y el que quiere ser neo-católico aristócrata Georges Weigel.

Y claro, todos los Católicos Tradicionalistas me despreciarán por usar el término “relación personal con Jesucristo”, porque esta frase ha sido acuñada por los Protestantes  y/o porque conjura los pensamientos de Juan Pablo II y su fenomenología personalista. Como una persona mordaz, cuando pienso en fenomenología personalista, siempre recuerdo la rutina de Dennis Miller (comediante estadounidense) sobre el día en el que el drogadicto trataba de mostrarse muy filosófico y preguntaba: “Oye tu, ¿este color es azul para ti,  como lo es para mí?” Y la respuesta era: “No lo se, ¿por qué no revisas la caja de crayones?, imbécil”. En efecto.

Al decir “relación personal con Jesucristo”, simplemente me refiero a recordar, creer y verdaderamente actuar como si el Dios Trino es una deidad personal. No una abstracción. No simplemente un símbolo. No como si fuera filosofía antropomorfizada. No simplemente como si se tratara de una excusa fabricada por alguien para crear una matriz de fetichismo litúrgico. No un código legal y nada más que eso. Dios es una Persona, una persona Trina, donde la Segunda Persona se Encarnó: Verdadero Dios, Verdadero Hombre. Muchos Católicos, incluyendo algunos Tradicionales, se ponen muy agitados e incómodos cuando este tema surge. “¡Oh! Ella es una conversa…” “No le hagan caso, ella es una de esas que se arrodillan…”

Ahora que TODOS los que debían ser repelidos están fuera, vayamos al punto central de este ensayo.

Todo pecado, sin excepción alguna, es primero y ante todo un pecado contra Dios. No hay tal cosa como un pecado cometido contra otra persona, que no sea un pecado contra Dios. No hay tal cosa como un pecado “sin víctima”. Dios es la Víctima, en latín la palabra para víctima es hostia, como “Hostia” en la Eucaristía. ¿Lo entiendes?

Todo pecado por definición es en contra de Dios. Esta es la razón por la cual la Agonía de Cristo en el Jardín de Getsemaní y Su Pasión quitan el pecado del mundo, porque todos los pecados del mundo estaban, están y estarán allí en contra de Cristo. Es por ello que Cristo, actuando a través de sus sacerdotes en el Sacramento de la Penitencia, puede perdonar nuestros pecados en contra de unos contra otros, porque El es la Víctima Definitiva.

Dada esta realidad, nada y nadie puede dar permiso a otra persona para torturar y matar a Jesucristo. Nada y nadie puede dar permiso, o lícitamente coaccionar a otra persona para flagelar y crucificar a Cristo.

Una esposa no puede darle permiso a su esposo para engañar, porque si el esposo viola el Sexto Mandamiento, aún a pesar de que a la esposa verdaderamente no le importe,  a Cristo sí le importa, y Cristo se queda en el Pilar y acepta los latigazos por el pecado mortal del adulterio. El permiso NO PUEDE ser dado para azotar hasta despellejar a Nuestro dulce Señor.

Los sodomitas no pueden darse permiso entre ellos para embarcarse en sus actividades perversas, porque es Cristo quien se asfixia en la Cruz por ello.

La masturbación no es un “crimen sin víctima”, porque Cristo es la Víctima.

No hay tal cosa como una “mentira pequeña” o “mentira blanca”, porque cada declaración que niega la verdad, se burla de La Verdad en Persona mientras Él Cuelga de la Cruz.

Y así, cuando un estado promulga leyes que son contrarias a la Ley Natural y/o Ley Divina, esas leyes son, como dijo Santo Tomás de Aquino, “ninguna ley en lo absoluto”. Lex iniusta non est lex. Sostener lo contrario es argumentar que el Estado es superior a Dios, y que no sólo el Estado puede dar dispensa o permiso para que la persona pueda torturar, burlarse y matar a Cristo, pero que además el Estado puede forzar lícitamente y obligar a realizar tales actos.

América (Estados Unidos), bajo su Constitución Masónica duró 236 años, sólo porque no se atrevió a declararse abiertamente de ESTAR POR ENCIMA de Dios, pero existió en un estado de distensión intermitente, y la Ley Natural y la Ley Divina aún influían en la ley secular, aunque la desvinculación y evaporación del nexo empezó casi inmediatamente, y tomó velocidad a inicios del Siglo XX.

Hoy mientras contemplamos casi a diario, el antiguo Estados Unidos ha abierto una guerra contra Dios, Su Iglesia y contra la Ley Natural y Divina. Cualquier estado que demande y obligue a sus ciudadanos a flagelar, burlarse y crucificar a Jesucristo, el Rey Soberano, ha perdido su legitimidad y poder de gobernanza.

Y lastimosamente, como debemos señalar en estos días profundamente obscuros, ni un Papa puede dar permiso para torturar y matar a Jesucristo. El Papa actual ha pasado tres años sugiriendo justamente eso, que la “misericordia” no es otra cosa que la permisividad. ¿Permiso para hacer qué? Torturar, burlarse y matar a Cristo, y al hacer este acto monstruoso de psicopatología, probaremos que tenemos “fe”, o al menos eso nos dicen. Pero ellos son unos mentirosos, como su padre.

Discernir estas cuestiones, realmente no es tan difícil cuando uno simplemente reconoce que Jesucristo es en realidad el Rey del Universo, y que lo Amamos como Nuestro Rey Soberano, con todo el corazón, alma y mente, y no como al presidente elegido democráticamente de la Iglesia, la misma que-está-completamente-separada-y-apartada-de-este-y-cualquier-otro-estado-porque-la-constitución-me-lo-dice-así-Amén.

Espero que esto ayude.

Más allá, considero que el Islam debe ser destruido.

Ann Barnhardt

Traducido por Cecilia González Paredes. Artículo original

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[1]  Nota de la Traductora: Por Americanismo entiéndase el excesivo fanatismo que los ciudadanos estadounidenses tienen por su país/cultura/política. Los primeros 7 párrafos tendrán más sentido si se conoce la idiosincrasia y realidad de Estados Unidos. Es a partir del párrafo 8, que el ensayo es más general para cualquier persona.




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Edición en español de The Remnant, decano de la prensa católica en USA

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