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Del valor de este decreto, y los motivos que tuvo Dios para hacerlo

Para el martes segundo de Adviento

PUNTO PRIMERO. Considera la alteza y soberanía de la persona que da, y del don que ofrece y la bajeza y humildad de la persona a quien le da; porque como dice san Juan, quien da es Nos, el Eterno Padre, el cual amó de tal manera al mun­do, que decretó darles a su propio Hijo; y así de parte del que da, y de parte del don que ofrece, es el mayor y más grande que puede ser, y aumenta su valor y la estimación de su liberalidad la bajeza y pequeñez de la persona a quien le da, que es el hombre, un vil gusano por su naturaleza, polvo y ceniza y un manantial de miserias, y que de su cosecha no tiene virtud para obra buena sino cul­pas y pecados, ignorancias y ofensas contra su Dios. Pondera despacio quién es Dios, y quién es el hombre y en especial quién eres tú, y mira y contempla que te tenía Dios presente cuando hizo aquel decreto de remediarte y librarte del infierno, y enciéndete en vivas llamas de amor y agradeci­miento a tan buen Dios, que te dio a su propio Hijo cuando menos le merecías, para que te redi­miese y sacase de la cárcel del pecado, y del cau­tiverio de Satanás, y piensa qué servicios le debes hacer en retorno de tan grande merced, y duélete de todo tu corazón, por haber ofendido a quien tanto debías servir.

PUNTO II. Considera el pecado de los Ángeles, cómo los crió tan agraciados de todos los do­nes y virtudes, así naturales como sobrenaturales, y por solo un mal pensamiento que tuvieron de soberbia y desobediencia a su santísima voluntad; los lanzó Dios al instante del cielo al infierno sin darles lugar de penitencia, cerrándoles totalmente la puerta de su misericordia sin dejarles esperanza de su remedio para siempre jamás; y pondera, que si en los Ángeles, como dice el santo Job, halló Dios maldad, y no los perdonó; ¿cuánto más la ha­llará y la castigará en ti, que eres barro quebra­dizo? ¿Y si por solo un mal pensamiento hizo tal justicia en ellos; cuál será la que hará en ti por tantos malos pensamientos, y por tan malas pala­bras, y tan perversas obras como has hecho en el discurso de tu vida? Y luego para y contempla la merced que Dios te ha hecho en venir a redimirte y en darte á su Unigénito Hijo por tu Redentor, y en esperarte a penitencia, y dándole gracias por ello, considera cómo debes corregir tu vida para en adelante.

PUNTO III. Considera los motivos que tuvo Dios para hacer este decreto, que fueron, lo primero su infinita piedad, como se ha dicho; lo segundo la flaqueza del hombre concebido en pecado, sin fuerzas ni virtud para salir de él; lo tercero por haber caído en la culpa inducido del demonio, lo cual no sucedió en el Ángel, cuyo pecado nació de su propia malicia, habiendo recibido tantos dones de la mano de Dios, y le fue tan ingrato y desco­nocido y en pena de su ingratitud le dejó en su pecado: escarmienta en su cabeza, y considera que a quien más dieron han de pedir más agradecimiento, y entra en cuenta contigo, mira las mer­cedes que has recibido de la mano de Dios, y lo poco, que le has servido, y anímate a servirle de nuevo, porque no te deje en tu pecado.

PUNTO IV. Considera, que, como dice san Ber­nardo, otro de los motivos que Dios tuvo para ha­cer este decreto de venir a redimir al hombre, fue ser imagen suya labrada con sus propias manos, la cual procuró Satanás borrar por envidia que tu­vo de su bien, y por dar a, Dios en rostro y ofen­derle, y el mismo Señor tomó por su cuenta salir a la defensa, y renovar la imagen que había estampado en el hombre; de lo cual debemos cobrar una grande confianza, en su bondad, de que te defenderá de las asechanzas y contradicciones del de­monio, y que si tú no le faltas no te faltará en to­das tus batallas; y que llevará adelante la obra de sus manos: póstrate a sus pies con profunda hu­mildad, y represéntale por una parte tu flaqueza, por otra la astucia y porfía de su enemigo, pídele a Dios que te defienda con su mana poderosa, pues eres hechura suya a su imagen y semejanza, y confía de alcanzar victoria con su divino favor.

Padre Alonso de Andrade, S.J 




Meditación
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Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.

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