Cualquier estudio de la Eucaristía ha de considerar dos aspectos que le son esenciales: la Eucaristía como sacramento y la Eucaristía como sacrificio. A lo largo de los artículos que iremos desarrollando en este capítulo 5 analizaremos ambas dimensiones de este sacramento. No obstante, para el estudio de la Santa Misa como tal, dedicaremos otra serie de artículos que se publicarán en un futuro cercano.

1.- La Naturaleza del sacramento eucarístico

La Eucaristía es el sacramento en el que, bajo las especies de pan y vino, se contiene verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad del mismo Jesucristo Nuestro Señor.

La presencia real del Señor en este sacramento, le da a la Eucaristía un valor y una eficacia infinitos. Hay una diferencia esencial entre la Eucaristía y los demás sacramentos: en los demás sacramentos se nos da la gracia en orden a nuestra santificación; en la Eucaristía se nos da al mismo autor de la gracia.

La Eucaristía es un auténtico alimento para nuestra alma. No es un mero gozo sensible, que puede estar o no presente; sino la causa de nuestra alegría y fuente de nuestra vida espiritual (“El que me come vivirá por mí”: Jn 6:57).

Por estar en él realmente presente Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, se le ofrece culto de adoración (latría).

Según nos dice Santo Tomás de Aquino: “La Eucaristía es como la consumación de la vida espiritual y el fin de todos los sacramentos”. Todos los sacramentos se orientan de un modo u otro hacia la Eucaristía; por eso podemos decir que la Eucaristía es el culmen de todos ellos.

Según desde el punto de vista que usemos para acercarnos a este magno sacramento, la Eucaristía recibe diferentes nombres:

    • Eucaristía: porque es la acción de gracias a Dios (Lc 22:19).
    • Banquete del Señor o Cena del Señor: porque se trata de la Cena que el Señor celebró con sus discípulos la víspera de su Pasión (1 Cor 11:20).
    • Fracción del pan: porque este rito (de la fracción del pan), propio del banquete judío, fue usado por Jesucristo cuando bendecía y distribuía la Eucaristía durante la Última Cena (Mt 26:26).
    • Asamblea eucarística: porque la Eucaristía se celebra en la asamblea de los fieles y es expresión visible de la Iglesia (1 Cor 11: 17-34).
    • Memorial de la Pasión y Resurrección de Jesucristo (1 Cor 11:26).
    • Santo Sacrificio: porque actualiza el único sacrificio de Cristo Redentor. También se le llama “sacrificio de alabanza” (Hech 13:15); “sacrificio espiritual” (1 Pe 2:5); “sacrificio puro” en cuanto que completa y supera los sacrificios de la Antigua Alianza.
    • Santa y divina liturgia: porque toda la liturgia de la Iglesia tiene su centro en este sacramento.
    • Santísimo Sacramento: con este nombre se designan las especies eucarísticas guardadas en el sagrario.
    • Comunión: porque por este sacramento nos unimos a Cristo que nos hace partícipes de su Cuerpo y de su Sangre para formar un solo cuerpo (1 Cor 10: 16-17).
  • También se le llama: “pan de los ángeles”, “pan del cielo”, “medicina de inmortalidad”, “viático”.
  • Santa Misa: en referencia al sentido primitivo de “missa est oblatio ad Deum” (ha sido enviada la oblación a Dios); y también porque la liturgia termina con el envío (misio) de los fieles a fin de que cumplan la voluntad de Dios en su vida cotidiana.

2.- La Institución de la Eucaristía

2.1 Los textos de la Institución Eucarística

Se han conservado cuatro textos en el Nuevo Testamento que nos relatan directamente la institución de este sacramento por Jesucristo; textos que curiosamente se encuentran en San Mateo, San Marcos, San Lucas y 1 Carta de San Pablo a los Corintios. San Juan recoge un largo discurso que ocurrió durante la Última Cena, pero no ofrece (extrañamente) el relato de la institución eucarística.

Mt 26: 26-29: “Mientras cenaban, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, se lo dio a sus discípulos y dijo: -Tomad y comed, esto es mi cuerpo. Y tomando el cáliz y habiendo dado gracias, se lo dio diciendo: -Bebed todos de él; porque ésta es mi sangre de la nueva alianza, que es derramada por muchos para remisión de los pecados. Os aseguro que desde ahora no beberé de ese fruto de la vid hasta aquel día en que lo beba con vosotros de nuevo, en el Reino de mi Padre”.

Mc 14: 22-25: “Mientras cenaban, tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, se lo dio a ellos y dijo: -Tomad, esto es mi cuerpo. Y tomando el cáliz, habiendo dado gracias, se lo dio y todos bebieron de él. Y les dijo: -Ésta es mi sangre de la nueva alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta aquel día en que lo beba de nuevo en el Reino de Dios”.

Lc 22: 14-20: “Cuando llegó la hora, se puso a la mesa y los apóstoles con él. Y les dijo: -Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer, porque os digo que no la volveré a comer hasta que tenga su cumplimiento en el Reino de Dios. Y tomando el cáliz, dio gracias y dijo: -Tomadlo y distribuidlo entre vosotros; pues os digo que a partir de ahora no beberé del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios. Y tomando pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: -Esto es mi cuerpo, que es entregado por vosotros. Haced esto en memoria mía. Y del mismo modo el cáliz, después de haber cenado, diciendo: -Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros”.

1 Cor 11: 23-26: “Porque yo recibí del Señor lo que también os transmití: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y dando gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se da por vosotros; haced esto en conmemoración mía». Y de la misma manera, después de cenar, tomó el cáliz, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; cuantas veces lo bebáis, hacedlo en conmemoración mía». Porque cada vez que coméis este pan y bebéis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga”.

De un simple análisis de los textos podremos concluir lo siguiente:

  • Existe unanimidad sustancial tanto en lo que hace referencia a la institución como al el contenido de los mismos.
  • Presentan algunas variaciones que manifiestan diferentes tradiciones: en el sentido de que las palabras de Jesús fueron escritas procediendo de varias fuentes.
  • Son textos ya en uso para la celebración de la Cena del Señor en la comunidad apostólica; como se ve claramente en la alusión que hace San Pablo: “Porque yo recibí del Señor lo que también os transmití…”

2.2 El contexto de la Institución Eucarística

  • Durante una cena pascual: La gran mayoría de los autores son contestes en aceptar que la institución eucarística se hizo en el ámbito del rito pascual judío; con ello, Jesucristo asume toda la historia salvífica por ella representada para el pueblo de Israel, lleva a cumplimiento sus figuras, y las lanza hacia el futuro, instituyendo así la Nueva Cena de la Nueva Pascua. Del mismo modo que la cena pascual judía era el memorial de la liberación de la esclavitud de Egipto y espera escatológica del Mesías, futuro liberador, la Nueva Cena Pascual es el memorial de la definitiva liberación a través de su muerte.
  • Tal como nos dice San Pablo: “En la noche en que fue entregado…” (1 Cor 11:23), el contexto de la institución eucarística es ciertamente la Pasión de Jesucristo. Con ello, es el mismo Jesucristo quien le da el auténtico sentido a esa Cena: un anticipo de su Pasión y Muerte en Cruz; es decir, el sentido sacrificial de la misma.

2.3 Los elementos de la Cena

De los alimentos propios que se utilizaban durante la cena pascual judía, Jesús elige dos de ellos; los más simples y comunes: el pan y el vino. Ambos elementos tienen un profundo significado simbólico en el orden salvífico. Recordemos que son los alimentos de la alianza realizada entre Abraham y Melquisedec (Gen 14: 18ss.)

  • El pan es un medio de sustento esencial: es un don de Dios (Sal 104: 14ss.); símbolo efectivo de la comunión con Dios en el culto judío: los panes de la proposición y los sacrificios pacíficos con flor de harina (1 Re 7:48; 2 Cro 13:11; Lev 24: 5-9); es el pan ácimo de la Pascua judía; recuerda también el maná ofrecido por Dios a su pueblo cuando salieron de Egipto (Sal 78:23); el mismo Jesucristo lo multiplicó para dar de comer a miles de personas (Jn 6: 1-11; Mt 14:19):; el mismo Jesucristo se llama a sí mismo como “pan de vida” (Jn 6: 26ss.).
  • El vino: que en el Antiguo Testamento era ofrecido como libación sobre los sacrificios; es símbolo de alegría (Sal 104:14) y signo del banquete de los tiempos escatológicos (Jer 31:12; Mt 26:29). Por su color rojo, tiene la capacidad de evocar la sangre (Gen 49:11).
  • La copa usada durante la Cena Pascual está cargada de simbolismo. La sangre de las víctimas era recogida en los cálices de la aspersión (Esd 24: 6ss.); beber el cáliz significa aceptar la voluntad de Dios (Mt 8:11; Lc 13:2); Cristo acepta el cáliz de la Pasión en Getsemaní (Mt 26:39).

El cáliz y el vino representan al mismo tiempo la alegría y la aceptación de la voluntad de Dios; y por tanto expresan muy adecuadamente el conjunto de categorías de alianza-expiación, salvación-comunión, liberación-banquete escatológico.

2.4 Los gestos rituales de la Institución Eucarística

Cada uno de los gestos usados por Jesucristo durante la celebración de la Última Cena tiene un profundo sentido que vamos a intentar descubrir.

  • “Tomó el pan – tomó el cáliz y elevando los ojos al cielo”: Tomando el pan, el padre de familia solía elevar los ojos al cielo para dar gracias al Señor. Este gesto lo solía usar Jesucristo antes de realizar un milagro: “Tomando los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición…” (Mc 6:41). El Canon Romano de la Santa Misa lo recoge; momento en el cual el sacerdote toma el pan y eleva los ojos al cielo.
  • “Lo bendijo – dio gracias”: la fracción del pan y el ofrecimiento del cáliz eran llevados a cabo mediante una plegaria de bendición y acción de gracias. En la Santa Misa lo vemos cuando el sacerdote ofrece el pan y el vino y dice: “Bendito seas Señor.. por este pan…”. San Juan ha conservado una plegaria sacerdotal-sacrificial de Jesús en su discurso de la Última Cena (Jn 17).
  • “Partió el pan”: gesto que dará nombre propio a este sacramento (la fracción del pan). Este gesto tiene sentido ritual (compartir) y sacrificial (partir su cuerpo).
  • “Tomad, comed – tomad, bebed”: de profundo significado simbólico, pues es una invitación del mismo Cristo a participar en el banquete-sacrificio que allí se va a celebrar.

2.5 Las palabras de Cristo durante la Institución Eucarística

Las palabras que Jesús pronuncia durante la Cena, le dan a esos alimentos no sólo un significado nuevo, sino que los convierte en una realidad nueva y radical: su Cuerpo y su Sangre.

  • Las palabras pronunciadas sobre el pan coinciden en las cuatro redacciones del Nuevo Testamento: “Esto es mi Cuerpo”, sobre las que San Lucas y San Pablo añaden: “que se entrega (da) por vosotros”.
  • En la expresión “mi Cuerpo” no hemos de entender sólo su carne, sino tal como lo usan los hebreos y arameos, toda la persona.
  • Y al añadir luego: que se “entrega por vosotros”, le da a ese Cuerpo que se entrega una dimensión oblativa y sacrificial. Hay pues una referencia clara a la Pasión ya próxima.
  • Hay también una clara alusión a las profecías de Isaías sobre Siervo de Yahweh (Is 53).
  • Las palabras pronunciadas sobre el cáliz han llegado hasta nosotros sin notables diferencias en los cuatro relatos: “Ésta es mi sangre de la nueva alianza, que es derramada por muchos para remisión de los pecados”. Tienen una estructura similar a las palabras pronunciadas sobre el pan; pero aquí, al tratarse de la Sangre, el significado sacrificial es mucho más evidente.
  • Jesús dice que el contenido de lo que hay en el cáliz es su Sangre.
  • Según la concepción semita, en la sangre está presente toda la persona.
  • Hay también un claro anuncio de la Nueva Alianza que tendrá lugar con su próxima muerte, mediante la efusión de la Sangre para la remisión de los pecados y don del Espíritu Santo (Jer 31: 31-33; Heb 8: 8-13; 9).
  • Al decir Jesús que su Sangre será derramada, manifiesta la plena conciencia que Él tenía de su próxima muerte violenta; muerte aceptada como sacrificio voluntario. Ya en la Tradición Apostólica la plegaria eucarística manifiesta la voluntariedad de esta entrega a muerte: “Y mientras se entregaba a la Pasión voluntaria…”.
  • Una Sangre que se derrama “por vosotros y por muchos”: es una clara evocación al cumplimiento de las profecías del Siervo de Yahweh que da su vida en rescate de muchos (Is 53: 12ss.; 42:6).
  • Esa entrega se realiza para “la remisión de los pecados”. Cabe observar que la Alianza Nueva prometida por los profetas comportaba la remisión de los pecados y el don del Espíritu (Jer 31: 31-34; Ez 36: 25-27).

Hay pues en estas palabras pronunciadas durante la Última Cena multitud de evocaciones del Antiguo Testamento referidas a la Pasión y Muerte de Jesucristo; y que ahora son anunciadas y anticipadas en la institución eucarística. La Última Cena se transforma en la anticipación incruenta de la Pasión y Muerte de Jesucristo.

Pero esta Cena, no sólo anticipa la Pasión sino que debido a la expresión final de Cristo: “haced esto en memoria mía”, remite a una posterior celebración del sacrificio de Cristo mediante la repetición del “gesto” que Jesús instituye. El sentido profundo de la expresión “haced esto en memoria mía” lleva incluido tanto el repetir la misma acción, cuanto el hecho de hacerlo como “su memorial”. Es decir, del mismo modo que la celebración de la pascua judía era un memorial que repetían y “actualizaban” los judíos cada vez que tenía lugar esa ceremonia, cada vez que los discípulos de Jesucristo celebran el “gesto institucional de Cristo” actualizan su Pasión y Muerte en Cruz. El memorial, hace presente cuanto recuerda. Con ello, Jesucristo le da una nueva dimensión a la pascua judía; una dimensión liberadora y salvífica que la pascua judía sólo anunciaba.

Esta interpretación viene reforzada por las palabras con las que acaba San Pablo su relato de institución eucarística: “…Cada vez que coméis este pan y bebéis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga” (1 Cor 11:26).

Así pues en la institución eucarística hay implicadas tres categorías: la Cena, la Cruz y la Eucaristía.

  • El memorial habrá que actualizarlo en el contexto de una Cena, imitando así el modo como Cristo lo celebró.
  • Esa Cena no es un mero banquete sino un sacrificio incruento que prefigura y actualiza el sacrificio en la Cruz. Y junto con el sacrificio, e íntimamente ligado a él, su Resurrección.
  • Las palabras de Cristo no sólo miran a la Cena y a la Cruz, sino que ese gesto deberá ser repetido por los apóstoles hasta su venida. Se trata pues de la Eucaristía o fracción del pan. La Eucaristía que la Iglesia celebra mira a la Cruz gloriosa como a su contenido memorial a hacer presente, y también mira a la Cena como a su ritual institucional a repetir.

2.6 El sentido de las palabras pronunciadas por Cristo en la Institución Eucarística

El Modernismo, y en general las corrientes racionalistas, han querido reducir todo el relato institucional eucarístico a un mero simbolismo sin que haya realmente una auténtico cambio de las realidades del pan y del vino.

La interpretación de los textos hecha por la Iglesia de siempre ha visto en las palabras pronunciadas por Jesús en la Última Cena una realidad nueva y diferente: Lo que era pan ahora es el Cuerpo de Cristo; y lo que era vino ahora es su Sangre.

La fuerza de esta identificación la encontramos en las palabras: “Esto es…”. La expresión hebrea o aramea, expresa incluso con más inmediatez y fuerza la identificación: “He aquí mi carne”, “he aquí mi sangre”. El sentido realista de las palabras del Señor debe ser comprendido tanto en el conjunto de la Cena como a la luz de la comprensión que de la misma tuvieron los apóstoles: la Eucaristía como fuente de gracia y alimento que da la vida eterna.

Como dice J. Betz la Cena es “la presencia sacramental de todo el acontecimiento salvífico de Jesús, en el que la persona y su obra están indisolublemente unidos”. Sólo si Cristo está realmente presente en la Eucaristía es cuando se puede hablar de auténtico memorial. Reducir la Eucaristía a puro simbolismo sería lo mismo que eliminar la realidad de su Pasión y Muerte en Cruz; y con ello, eliminaríamos el valor salvífico y redentor de su Muerte en Cruz.

Siguiendo una bella reflexión que hace P. Benoit: “¿Cómo es posible esto? Nos preguntamos después con Nicodemo. ¿De qué modo el pan y el vino pueden convertirse en el Cuerpo y la Sangre del Señor? Es un misterio de fe que creemos porque prestamos fe a la palabra del Señor. Él nos dice que éste es su Cuerpo, esto es su Sangre. Su palabra es poderosa, creadora. Lo que Cristo dice no es un enunciado sino una decisión. Él no constata que el pan es su Cuerpo, sino que decreta que así lo sea. Son sus palabras las que cambian el pan en su Cuerpo y el vino en su Sangre.

Respecto al modo como Cristo está presente en la Eucaristía, la Biblia no nos responde directamente. La Sagrada Escritura nos dice sencillamente que lo que era pan ahora es su Cuerpo y lo que era vino ahora es su Sangre: y así ha de entenderse. Posteriormente será la Iglesia quien a través de la reflexión teológica, y basándose en los datos de la Revelación, quien sacará las consecuencias y nos hablará del modo de la presencia real de Cristo en la Eucaristía y del cómo se produce ese cambio.

Padre Lucas Prados

Padre Lucas Prados
Nacido en 1956. Ordenado sacerdote en 1984. Misionero durante bastantes años en las américas. Y ahora de vuelta en mi madre patria donde resido hasta que Dios y mi obispo quieran. Pueden escribirme a lucasprados@adelantelafe.com