No es extraño escuchar que la gente no se confiesa porque no tiene pecados. Es obvio y evidente que esta afirmación es totalmente incorrecta, hay un mandamiento que incumplimos prácticamente todos a diario y es el primer mandamiento, “AMARÁS A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS”. El que lo ama, lo podría amar más y por supuesto, el que no lo ama, debería ponerse manos a la obra, porque no hay nada mejor que estar en los brazos de Dios

Nuestra primera caída, supongo que coincidirán conmigo, suele producirse en cuanto nos levantamos de la cama y no hablo de una caída física, qué también hay días que se puede dar, dependiendo de lo dormidos que estemos, pero en este caso, hablamos de nuestra primera caída espiritual, normalmente nos despertamos con pensamientos bastante terrenales, como es desayunar. Aquellas oraciones aprendidas antaño, empieza a estar llamadas a desaparecer: “Te doy gracias, Dios mío, por haberme creado, redimido, hecho cristiano y conservado la vida. Te ofrezco mis pensamientos, palabras y obras de este día. No permitas que te ofenda y dame fortaleza para huir de las ocasiones de pecar. Haz que crezca mi amor hacia Ti y hacia los demás”. Fíjense que hermosa manera de empezar nuestra jordana, suplicándole al Señor que nos ayude a guardar el Primer Mandamiento de la Ley de Dios. No es una mala propuesta, ¿Verdad?

“Pocos y malos”, pensaba el otro día cuando me encontraba en la Santa Misa y es que cada día somos menos los que acudimos a la Iglesia, es una realidad palpable. La feligresía es mayor y cada vez que alguien fallece, ese puesto, por así decirlo, no es renovable, queda vacante. Si observan el rezo del Santo Rosario en cualquier Iglesia, verán que apenas hay un grupo de ocho personas. Incluso algunos días, lo he presenciado yo misma, se ha suspendido porque no había gente y por supuesto, entre los asistentes, no esperen encontrar gente joven o de mediana edad, no hay relevo generacional. Pero a nadie le preocupa, sino pregúnteles a los Párrocos porque no les hablan de esto a los jóvenes del Catecismo o a sus padres, quizás es más interesante poner películas de dudoso contenido, que invitarlos a media hora de oración en común con los miembros de la Parroquia. Por eso, con la Confirmación, se termina toda relación con la Iglesia, las actividades infantiles se dan por finalizadas. Ese es el gran problema de no educar en el valor de la Santa Misa, de los Sacramentos, de los Sacramentales, así como de las normas de piedad y de lo que aportan al alma. En muchos colegios religiosos, ante una catástrofe, se hacen minutos de silencio, pero no se hacen minutos de oración. ¡Curioso! ¿Verdad?

Las Misas de diario son una triste realidad de nuestro pobre amor a Dios, apenas hay gente, una liturgia descuidada y los pocos que vamos, cada uno está a lo que sea, menos a lo que tiene que estar. Es sorprendente como una vez empezada la Eucaristía, paulatinamente y hasta el Santo, se van incorporando personas, cada uno llega en el momento en el que mejor le viene y por supuesto, sin conciencia de hacer nada malo, ya que la gente no suele entrar sigilosamente, sino como el caballo de Atila, galopando. Me comentaba un día un Sacerdote, que salvo el Domingo, no es necesario que la gente llegue a la hora, suena a chiste, pero es real. Si esto es lo que se transmite desde el púlpito, ¿Cómo vamos a esperar que la feligresía cuide su trato con el Señor? Piensen un poco en esto, “no es necesario escuchar la Santa Misa entera”, ¡Que falta de amor a Dios, el que lo hace y el que lo dice!… ¿A qué vamos, entonces, a darle el poco tiempo que nos sobra? ¡Qué mezquinos! La Santa Misa es, o debería ser, el cielo en la tierra y la estamos convirtiendo en un simple intermedio de nuestros quehaceres, vamos a pasar un rato de esparcimiento. Estamos lejos de comprender pensamientos tan profundos como los que sentía San Buenaventura: “Hay en la Santa Misa tantos misterios como gotas de agua en el mar, como átomos de polvo en el aire y como ángeles en el cielo; no sé si jamás ha salido de la mano del Altísimo misterio más profundo.”.

“Amarás a Dios sobre todas las cosas”…Salvo que te suene el móvil, claro. Cada vez es más frecuente su uso dentro de la Iglesia, lo que delata nuestra ausencia de lo que allí está sucediendo. A lo largo de cualquier Misa, no es extraño que suene un mínimo de 10 veces, incluida la Consagración, dónde algunos parecen tener programada una alarma para que suene a diario. Hace unas semanas, me llamó la atención como un Sacerdote que estaba Concelebrando, abandonó el Altar para atender un mensaje que acababa de recibir. Ya ven, este es el ejemplo que se nos da desde el Presbiterio, es normal que después el Pueblo de Dios, actúe en consecuencia: hay quién lo tiene y como si no lo tuviera, ya que sigue sonando, está el que lo contesta y susurra su conversación desde el banco y el mejor de los casos, el que sale corriendo móvil en la oreja, “espera que estoy en Misa” y olvidándose de que “estar” no es “participar”, se va a atender su gran conversación, que seguramente será del tipo, si es mejor la carne o el pescado para comer .

¡Y decimos que no tenemos pecados! Entonces esto que es ¿Una muestra de amor a Dios? Si creemos que abandonar a nuestro Padre en el Sacrificio de la Santa Misa y salir para atender una llamada es algo correcto, es que vivimos en la ignorancia más absoluta. Esto es lo que le ofrecemos diariamente al Señor, lo peor de nosotros mismos. Figúrense Vds. que sucedería si obrásemos así en nuestros hogares, con nuestra familia, supongamos que  mientras nuestro padre, marido o hijos nos hablan, nosotros estemos distraídos con nuestro teléfono, que cuando nos llaman para comer, nos sentemos en el segundo plato, nos lo comamos a toda prisa y nos marchemos sin recoger y sin dar las gracias. ¿Qué sucedería en un breve espacio de tiempo? Es muy sencillo, nuestra familia se rompería, como así sucede en muchos casos, o mantendríamos una relación de puro formalismo de cara a la sociedad. Esto mismo pasa con nuestro trato con el Señor, en vez de crecer, disminuye, pero no por qué Él se separe de nosotros o deje de amarnos, sino por nuestra dejadez. Incumplimos diariamente el Primer Mandamiento de la Ley de Dios y aún encima, ni siquiera somos conscientes de este pecado.

Si Vds. observan el momento de la Comunión, verán como hay personas que se acercan charlando, saludando a sus conocidos, algunos que entran solo a Comulgar, otros hasta abriendo un caramelo, todo muy propio. Es obvio y evidente que no tenemos conciencia de donde nos encontramos. Recuerden que uno de los requisitos principales para la recibir la Santa Comunión es: “saber a Quien se recibe”, no hace falta ser un lince, para darnos cuenta que esto, obviamente, no se cumple. En alguna ocasión en la que ha venido a mi ciudad alguna representación política, la gente ha acudido con horas de antelación para coger un sitio en primera fila y poder ver de cerca al personaje de turno…Ya ven y sin embargo, para el Rey de Reyes, tarde y mal.

Me llamaba la atención en esta Semana Santa, como en algunas Diócesis, los Obispos, dispensaban de la abstinencia de carne y esto, sólo tiene su explicación en que la gente vive la Semana Santa de una manera mundana y sólo piensa en comer y beber, con lo cual, mejor hacerlo con el beneplácito de las altas jerarquías, ya que así, nos ahorramos un pecado. Si esta es nuestra relación con Dios, debemos pensar que más bien, estamos en una relación de desamor. Para lo poco que le damos, lo hacemos mal y a desgana. “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”, ¿Siguen Vds. pensando que no tenemos pecados y qué no es necesario Confesarse?

Hace unas semanas me encontraba en Madrid y tuve la fortuna de poder asistir a la Misa por el Rito Extraordinario. Como en España apenas tenemos Diócesis en las que se celebre, cuando viajamos, es una oportunidad única, que no debemos desaprovechar: silencio, oración y piedad, este fue el resumen de mi encuentro con el Señor. En este caso, un miércoles, éramos un grupo más numeroso que en las misas por el Rito Ordinario de mi ciudad. Ningún móvil, ninguna conversación, ninguna música convulsa, el Sacerdote siguiendo el Misal…sólo oración. ¿Por qué? Contesten Vds.

“Quedéme, y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado”
(San Juan de la Cruz)

Sonia Vázquez