Domingo de Ramos
Sermón del Reverendísimo Dom Jean Pateau
Abad de Nuestra Señora de Fontgombault
(Fontgombault, 29 de marzo de 2015)

Queridos hermanos y hermanas.

Mis queridisimos hijos.

San Pablo pide en la Epístola a los Filipenses que estos sean de un mismo ánimo con Chisto. Al inicio de la Semana Santa la Iglesia nos llama a recordar esta obligación.

Cristo no consideró su divinidad como un obstáculo que le impedía vestirse en la naturaleza humana. Más aún: «se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo» (Flp 2:7)

Entremos, entonces, en el misterio de humildad y obediencia del Hijo Encarnado; sigámosle en su Pasión, mas no a distancia como espectadores, sino compartiendo el don que es su vida. Pervivamos misericordiosamente esta dádiva que terminará con la glorificación la mañana del Domingo Pascua.

En este año de la vida consagrada recordemos que la obediencia es el núcleo de los misterios de la Encarnación y la Pasión. La obediencia debe ser el centro de la vida de todo consagrado, en tanto que debe ser testigo y profetizar ante el mundo la obediencia de Cristo.

La voluntad humana de Cristo obedece no solo los limites de la naturaleza humana, sino también los designios de Dios; y es este designio el que debemos discernir y seguir para no tomar un mal camino. La Epístola a los Hebreos afirma:

En virtud de esa voluntad [la del Padre] quedamos santificados, mediante la oblación… del cuerpo de Jesucristo. (Hb 10:10; cf. Sal 39:7-9)

La voluntad de Dios es la salvación de todo hombre. Amar como Cristo quiere decir desear y promover la salvación de nuestro vecino, orientarlo al camino de la santificación, algunas veces al precio de nuestras propias vidas, con frecuencia mediante la renunciación propia.

Si queremos seguir a Cristo y adentrarnos en el misterio de su Pasión, cada uno de nosotros deberá responder a una pregunta. ¿Son mis acciones consecuentes con el designio misericordioso de Dios para cada hombre, son insensibles a este designio o, peor aún, acaso se oponen a él?

La respuesta es crucial, ya que revelará si tu amor a Dios es genuino o si es solo una apariencia.

Si me aman, guardarán mis mandamientos… El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama;… (Jn 14:15,21)

Que Nuestra Señora del Stabat, la Madre amorosa de todos los hombres, nos enseñe a mantenernos al pie de la cruz, especialmente durante estos días, y a imitar a su Hijo quien entrega su vida por amor.

Amen.

[Traducido por Enrique Treviño. Artículo original]