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Socci: las críticas que hacen bien al Papa

La carta que dirigió el papa Francisco el pasado 7 de febrero a Antonio Socci merece la misma atención que el libro ha dedicado Antonio Socci a  a La profezia finale. Lettera a papa Francesco sulla Chiesa in tempo di guerra (Rizzoli, 2016).

El libro del autor sienés se divide en dos partes: la primera contiene una antología de profecías, tanto antiguas como recientes, que auguran graves catástrofes para el mundo si no se convierte y hace penitencia. Las destrucciones materiales previstas por dichas profecías se muestran como consecuencia de la situación de devastación espiritual en que se encuentra actualmente inmersa la Iglesia. Entre tantos mensajes del Cielo, los de la Virgen en La Salette y el sueño de Don Bosco sobre el futuro de Roma esbozan un panorama de tragedia y esperanza análogo al que anunció Nuestra Señora en Fátima en 1917.

lettera-a-socciOtras revelaciones privadas citadas por Socci pueden considerarse discutibles, pero el mérito del escritor sienés está en que, en todo caso, ha recordado la existencia de una dimensión profética y apocalíptica inseparable de la teología católica de la historia.

La segunda parte del libro, en forma de carta abierta, es una escueta  crítica al papa Bergoglio, cuyo autor recuerda minuciosamente todos los actos y palabras que desde el inicio de su pontificado han dejado desconcertados, desmoralizados y a veces hasta escandalizados a los fieles, hasta el punto de preguntarse si el Papa será católico, como hizo la portada de Newsweek en vísperas del viaje papal por tierras norteamericanas. Socci dirige al Papa estas vibrantes palabras: «Se lo suplico: recapacite sobre el camino que lleva recorrido hasta ahora, evite dar otros pasos gravísimos, como lo sería una exhortación postsinodal que abriese las puertas a las ideas del cardenal Kasper (…). Sobro todo, evite convocar un nuevo sínodo que –como se teme–, ponga también sobre el tapete el celibato eclesiástico. De lo que todos tendremos necesidad será, ante todo, de un gran jubileo de la penitencia» (p. 221).

Antonio Socci es un periodista que, como tal, está acostumbrado a hablar con precipitación de sucesos de actualidad, con la prontitud que le exige su profesión. Esto tal vez pueda redundar en detrimento de la profundidad, pero como actúa movido por una ardiente pasión, no le importa someterse a debate a sí mismo y sus propias convicciones para que no prevalezca otra cosa que la verdad. Quienes no estén de acuerdo con algunas tesis de Socci no pueden menos que reconocer esta cualidad que tantas veces ha demostrado.

Lo que es cierto es que Francisco, después de recibir el libro, no lo excomulgó ni censuró, ni siquiera lo desestimó, sino que, tomando papel y pluma, le escribió en una carta de su puño y letra: «Estimado hermano: He recibido su libro y la carta que lo acompañaba. Muchas gracias por el gesto. Que el Señor se lo recompense. He comenzado a leerlo, y tengo la certeza de que muchas de las cosas que menciona me harán mucho bien. En realidad, las críticas también nos ayudan a caminar por el camino recto que marca el Señor. Le doy las gracias de corazón por las oraciones de usted y su familia. Le prometo rezar por todos ustedes para que el Señor los bendiga y la Virgen los guarde. Su hermano y servidor en el Señor, Francisco».

Estas pocas líneas desmontan cierta papolatría difundida en ambientes conservadores. El Romano Pontífice recuerda que criticar al Papa no sólo es lícito, sino que puede «hacer mucho bien» al propio Papa, ayudándole a «caminar por el camino recto que marca el Señor». Entendemos por papolatría una divinización indebida de la figura del Papa, muy diversa de la veneración y reverente respeto que le debemos por su cargo. La franqueza, aunque crítica –observa Socci– puede resultar útil al obispo de Roma, «sobre todo cuando la mentalidad dominante exagera adulando» (p. 92). El gran teólogo dominico Melchor Cano afirmaba: «Pedro no tiene necesidad de nuestras mentiras y adulaciones. Quienes defienden ciega e indiscriminadamente toda decisión del Sumo Pontífice son los que más socavan la autoridad de la Santa Sede: en vez de afianzar sus cimientos los destruyen».

Alguno dirá que la carta de Francisco a Socci tiene por objeto incluir a todos, desde los progresistas a los tradicionalistas, en un abrazo sincretista. Pero independientemente de las intenciones, lo importante son los hechos, en este caso el aprecio que manifiesta el Papa por sus críticos. Las palabras de Francisco a Socci se aplican a todos los que en los últimos años han puesto en tela de juicio el nuevo pontificado: desde Alessandro Gnocchi y Mario Palmaro hasta los artículos de Ross Douhat en el New York Times y la petición publicada por un grupo de escritores católicos en The Remnant el pasado 8 de diciembre. Francisco nos recuerda que se pueden criticar los actos no infalibles del Papa, sobre todo en lo que se refiere a sus opciones políticas y pastorales, a condición de que la crítica sea respetuosa y se refiera a la persona y no a la autoridad papal.

La traición del estamento político católico siempre ha estado acompañada de la tradición histórica de las jerarquías eclesiásticas. Lo que nunca había sucedido era que un papa escogiese a Eugenio Scalfari* como confidente y señalase a Emma Bonino** y a Giorgio Napolitano*** como las grandes figuras de la Italia actual, sin dirigir la menor palabra de aliento o estímulo o una simple bendición a los centenares de millares de católicos congregados con motivo  del Family Day.

Y mientras el Senado aprobaba el decreto de ley Cirinnà, que legaliza las uniones homosexuales, el papa Francisco, tras haber callado en Irlanda, ha vuelto a callar en Italia, incurriendo con ello en una grave responsabilidad. «¿Por qué, Santo Padre –pregunta Socci con tono dolorido– no se ha opuesto al mortífero ataque que desde hace años lanza el mundo contra la familia?» (p. 127). El pasado 6 de marzo, Socci criticó oportunamente en Libero el surgimiento de un nuevo partido católico después de la experiencia del Family Day.

La idea de transformar las asociaciones de inspiración religiosa en organizaciones políticas, explica Socci, siempre han fracasado. Pero el error no ha estado sólo en el tiempo y el modo en que se ha anunciado la iniciativa. Es la idea misma de un partido político católico obligado a aceptar las reglas de la democracia relativista la que debe ser rechazada mientras los movimientos de opinión son capaces de influir en la política de manera mucho más eficaz que los partidos. En los últimos años ha surgido en Italia un amplio movimiento de resistencia al proceso de secularización que estamos viviendo. El origen de dicho movimiento está en una misteriosa pero verdadera acción de la gracia, pero también está la labor de muchos católicos que desde hace décadas llevan a cabo un empeño cultural y moral contra dicho proceso.

El Family Day contra la ley Cirinnà ha revelado a muchos la existencia del mencionado movimiento. Ahora bien: cuando el mundo católico ha expresado su mayor fuerza con el Family Day también ha manifestado su extrema debilidad. La fuerza viene de la base, mientras que la debilidad caracteriza los dirigentes del movimiento, que escasas semanas después del Family Day mostraron sus divisiones. Esta fragmentación no debe causar sorpresa. Cuando sube la marea, siempre aparece alguien que quiere montar la ola poniéndose a la cabeza de un movimiento al que no ha creado ni representa. Tiene razón Socci cuando señala que «hoy en día los católicos tienen que hacer algo muy diferente en vez de fundar partidos temáticos. Lo más urgente es que impidan la autodemolición de la Iglesia y de la sociedad».

¿Será la exhortación postsinodal que firmará Francisco el 19 de marzo un nuevo paso en este proceso de autodemolición? ¿Confirmarà la doctrina de la Iglesia o se apartará en algún punto de su Magisterio perenne? ¿Y qué deberán hacer en dicho caso los católicos? Estas son las cuestiones urgentes a debatir. Cuestiones que exigen la máxima atención que pueda poner una inteligencia iluminada por la gracia.

Roberto de Mattei

[Traducido por J.E.F]

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Notas del Traductor:

*Eugenio Scalfari: periodista y político, fundador del diario italiano La Repubblica, análogo ideológicamente a El País de España, es decir, socialista.
**Emma Bonino: exministra, miembro del Partido Radical Italiano (libertario y socioliberal).

***Giorgio Napolitano: expresidente de Italia y miembro del Partido Comunista.




Roberto de Mattei
Roberto de Matteihttp://www.robertodemattei.it/
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.

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