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Spaemann: “También en la Iglesia hay un límite de soportabilidad”

Spaemann: “También en la Iglesia hay un límite de soportabilidad”

El profesor Robert Spaemann, 89 años, coetáneo y amigo de Joseph Ratzinger, es profesor emérito de filosofía en la Ludwig-Maximilians-Universität de Múnich, en Baviera. Es uno de los mayores filósofos y teólogos católicos alemanes. Vive en Stuttgart. Su último libro publicado en Italia es: “Dio e il mondo. Un’autobiografia in forma di dialogo”, editado por Cantagalli en 2014. [Edición española: “Sobre Dios y el mundo”. Biblioteca Palabra nº 47, Ed. Palabra 2014]

El pasado 28 de abril impresionó en todo el mundo la entrevista sobre “Amoris laetitia” que dio a Catholic News Agency, publicada el mismo día en italiano por Séptimo Cielo:

> Spaemann: “È il caos eretto a principio con un tratto di penna”

[Spaemann: Amoris Laetitia constituye una ruptura]

Lo que sigue es una ulterior intervención del filósofo sobre la “Amoris laetitia”, esta vez publicada el 17 de junio en el diario alemán “Die Tagespost” y publicada el mismo día en la edición alemana de Catholic News Agency:

> “Die Kirche ist nicht grenzenlos belastbar”

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“TAMBIEN EN LA IGLESIA HAY UN LÍMITE DE SOPORTABILIDAD”

Por Robert Spaemann

Mis observaciones críticas en el coloquio con la Catholic News Agency sobre la exhortación apostólica “Amoris laetitia” han suscitado vivas reacciones, en parte de asentimiento entusiasta, en parte de rechazo.

El rechazo tiene que ver en primer lugar con la frase según la cual la nota 351 representa una “ruptura en la tradición del magisterio de la Iglesia católica”. Lo que quería decir era que algunas afirmaciones del Santo Padre se encuentran en una clara contradicción con las palabras de Jesús, con las palabras de los apóstoles y con la doctrina tradicional de la Iglesia.

De ruptura, en realidad, se ha de hablar solamente cuando un papa, invocando de manera unívoca y explícita su potestad apostólica -por tanto no accidentalmente en una nota a pie de página-, enseñe algo que está en contradicción con dicha tradición magisterial.

Este caso aquí no se verifica, aun sólo por el hecho de que el papa Francisco no ama la claridad unívoca. Cuando, hace poco tiempo, ha declarado que el cristianismo no conoce ningún “aut aut”, evidentemente no le molesta de hecho que Cristo diga: “Vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo demás viene del maligno” (Mt 5,37). Las cartas del apóstol Pablo están llenas de “aut aut”. Y, finalmente: “¡El que no está conmigo, está contra mí!” (Mt 12,30).

El papa Francisco, sin embargo, quiere sólo “hacer propuestas”. Contradecir propuestas no está prohibido. Y, según mi parecer, se le debe contradecir con energía, cuando en “Amoris laetitia” sostiene que también Jesús habría “propuesto un ideal exigente”. No, Jesús ha mandado “como uno que tiene autoridad, y no como los escribas y los fariseos” (Mt 7,29). El mismo, por ejemplo, cuando habla con el joven rico, se refiere a la íntima unidad del seguimiento y la observancia de los diez mandamientos (Lc 18,18-23). Jesús no predica un ideal, sino que funda una nueva realidad, el reino de Dios sobre la tierra. Jesús no propone, sino que invita y manda: “Os doy un mandamiento nuevo”. Esta nueva realidad y este mandamiento se encuentran en estrecha relación con la naturaleza de la persona humana, cognoscible a través de la razón.

Si lo que afirma el Santo Padre se adapta tan poco a lo que yo leo en la Escritura y me llega de los Evangelios, esto no es aún un motivo suficiente para hablar de “ruptura” ni es tampoco un motivo para hacer del papa objeto de polémica y de ironía, como desgraciadamente ha hecho Alexander Kissler [1]. Cuando san Pablo se encontró ante el sanedrín para defenderse y el sumo sacerdote ordenó golpearle en el rostro, Pablo reaccionó con las palabras: “¡Dios te golpeará a ti, muro blanqueado!”. Cuando los presentes le dijeron que aquel era el sumo sacerdote, Pablo dijo: “Hermanos, no sabía que fuera el sumo sacerdote. En efecto está escrito: ‘No insultarás al jefe de tu pueblo’” (Hch 23,3-5). Kissler, cuando ha escrito sobre el papa, debería haber moderado el tono, aunque el contenido de su crítica está en gran parte justificado. A causa de la polémica sarcástica, su intervención ha sido limitada en cuanto a su eficacia.

El papa se ha lamentado del hecho de que, incitados por los medios de comunicación, se termine más o menos por no captar sus numerosas exhortaciones sobre la alarmante situación de la familia, para fijarse en una nota a pie de página sobre el tema de la admisión a la comunión. Pero el debate público presinodal giraba totalmente entorno a este tema, porque sobre este punto, de hecho, se debe decir un sí o un no.

El debate continuará todavía, y no menos controvertido que antes, porque el papa se resiste a citar sobre este tema las declaraciones clarísimas de sus predecesores y porque su respuesta es manifiestamente tan ambigua que cada uno puede interpretarla, y lo interpreta, a favor de su propia opinión. “Si la trompeta emite un sonido confuso, ¿quién se preparará al combate? (1Cor 14,8). Si mientras tanto el prefecto de la congregación para la doctrina de la fe se ha visto obligado a acusar abiertamente de herejía al más estrecho consejero y ghostwriter [escritor en la sombra ndt] del papa, quiere decir que la situación ha ido verdaderamente demasiado lejos. También en la Iglesia católica romana hay un límite de soportabilidad.

Al papa Francisco le gusta comparar al que es crítico con su política con aquellos que “se han sentado en la cátedra de Moisés”. Pero también en este caso el golpe se vuelve contra quien lo ha dado. Eran precisamente los escribas los que defendían el divorcio y dictaban reglas sobre él. Los discípulos de Jesús estaban, por el contrario, desconcertados por la severa prohibición del divorcio por parte del Maestro: “¿Quién querrá todavía casarse?” (Mt 19,10). Como la gente que se fue cuando el Señor anunció que El se convertía en su alimento: “Este lenguaje es duro. ¿Quién puede entenderlo?” (Jn 6,60).

El Señor “tenía piedad del pueblo” pero no era populista. “¿Queréis marcharos vosotros también?” (Jn 6,67). Esta pregunta dirigida a los apóstoles era su única reacción al hecho de que quien lo escuchaba se marchaba.

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[1] Alexander Kissler, intelectual alemán, ensayista y jefe de redacción del principal periódico político-cultural de Alemania, “Cicero”.

Sandro Magister

[Traducido por Marianus el Eremita]




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