Me llama la atención lo abandonados que están los Confesionarios en las Iglesias, empiezan a parecer elementos decorativos, aunque en algunos casos, resulten tan poco estéticos. En contraposición y curiosamente, vemos cuántas personas acuden a Comulgar.

¿Qué está pasando? ¿Hay quizás un extraño fenómeno que borra el pecado simplemente con la asistencia a la Santa Misa? No, más bien lo que parece suceder es que la tibieza se ha apoderado de nosotros y de los Confesores y así se escuchan conversaciones tan extrañas, en las que algunos afirman, “no tener pecado”. Lo que tenemos es, un gran desconocimiento de esta palabra y de su significado. Según el Catecismo, “Pecado”, es “una ofensa a Dios” y es tan sencillo, como decir que, al no amar al prójimo, por poner un ejemplo simple, ya estamos rompiendo nuestra relación con el Señor. Así que, el que esté libre de pecado, precisamente, que tire la primera piedra, ¿No?

Hoy en día, podemos observar en algunas Iglesias, como durante la Misa, se hace una monición, absolutamente para todo. Nos indican cuando debemos levantarnos, sentarnos, que tenemos que contestar, etc. pero, justamente, cuando sería conveniente decir algo, es cuando se hace el silencio. ¿Por qué no se recuerda a los Fieles, como se debe recibir al Señor? ¿Por qué no se mencionan las disposiciones que tenemos que tener, para poder Comulgar? No es necesario ser un mal pensado para intuir que hay gente que Comulga en desgracia, más que en Gracia. ¿Es desconocimiento o es que nos da igual, como esté nuestra alma para recibir a Dios?

Pensando en como se hacían las cosas no hace tantos años, viene a mi memoria el cómo nos preparaban para recibir la Primera Comunión. Aquella delicadeza con la que nos formaban los Catequistas. Nos enseñaban las oraciones para prepararnos, para dar Gracias al recibir al Señor y sobre todo, nos inculcaban la importancia de ir, siempre, en Gracia de Dios, con el alma limpia, habiéndonos confesado. Repasábamos los Mandamientos y nos explicaban como hacer un buen examen de conciencia. El Sacerdote, no es que fuera lo de menos, pero, no reparábamos mucho, simplemente, mirábamos que Confesionario estaba libre, de aquellas, estaban ocupados y a ese, nos íbamos, deseosos de obtener la absolución. ¿Qué nos ha pasado hoy en día para rechazar el Sacramento de la Reconciliación? ¿Qué le ha llevado a tantos Sacerdotes a no estar nunca en el Confesionario? Los Católicos nos dejamos arrastrar por una sociedad que vive alejada de Dios y el pecado a pasado a ser algo que se considera pueril, infantil, a esto hemos llegado. Cada vez se escucha más frecuentemente conversaciones del tipo “no he matado y no he robado”. ¿Solo consideramos pecado lo que es un delito civil? Si es así, estamos en unos niveles de formación teológica muy bajos. Resulta curioso que se lleve a muchas Parroquias a los “teólogos” de moda, hablando de la nueva evangelización y que no se inicie una tarea urgente por catequizar al Pueblo de Dios, en algo tan básico y fundamental, como son los Mandamientos y los Sacramentos.

Me pregunto como es posible que un Párroco tenga tiempo para reuniones, para organizar excursiones, etc y no tenga tiempo para realizar su principal cometido, salvar almas. ¡Cuántos Confesionarios sin Confesor, hoy en día!

La Confesión nos limpia del pecado, pero también nos da un impulso nuevo para seguir luchando. Escucho en muchas ocasiones, como se promocionan “los mínimos”, es decir, la obligación  de confesarse una vez al año, pero no se recuerda, que en pecado mortal, no se debe Comulgar y la realidad es que, para estar en pecado mortal, no es necesario haberle pegado un tiro al vecino, por cosas menores, podemos perder la amistad con Dios. De eso se trata, de amistad, de amor, de querer estar cerca de Él. ¿Nos da igual nuestra relación con el Señor? ¿Es que lo amamos tan poco? Aceptamos esas Confesiones con absolución Comunitaria que se ven en algunas Iglesias, nos hacemos los tontos, porque esa es la realidad y seguimos viviendo en ese estado de pobredumbre interior.

Mucho mencionar en este año a Santa Teresa, pero poco la leemos. La gran mística frecuentaba y fomentaba entre sus hijas la Confesión y la Dirección Espiritual, “Di prisa en confesarme, que siempre era muy amiga de confesarme a menudo”.  Y como ella, todos los Santos. Quizás hoy en día, creamos estar a un nivel superior al de cualquier Doctor de la Iglesia, pero la realidad es que estamos más deformados que formados. No seamos Católicos de salón ¿Queremos ser un ejemplo para los demás, o un contra ejemplo?

Deberíamos de preparar nuestra Comunión, siempre, como si fuera la Primera y la Última y presentar nuestra alma ante Él, como la de un niño, limpia de pecado, habiendo recibido la absolución.

“Confiésate devota y humildemente cada ocho días, aunque la conciencia no te acuse de ningún pecado mortal; de esta manera, en la confesión, no sólo recibirás la absolución de los pecados veniales que confieses, sino también una gran fuerza para evitarlos en adelante, una gran luz para saberlos conocer bien y una gracia abundante para reparar todas las pérdidas por ellos ocasionados” (San Francisco de Sales)

Sonia Vázquez