SAN PIO X MOTU PROPRIO “SACRORUM ANTISTITUM” (1 de septiembre de 1910)

La historia de la Iglesia nos enseña que no pocos obispos, durante el pontificado del papa Sarto, subestimaron ingenuamente la gravedad del peligro modernista y permitieron su supervivencia. Este, de esta manera, continuó a serpentear secretamente; después cautelosamente renació poco a poco bajo la forma de nouvelle théologie o neomodernismo en los años treinta/cuarenta y fue condenado enérgicamente en 1950 por Pío XII (Encíclica Humani generis); pero, después de la muerte del papa Pacelli, “el modernismo redivivo” derribó sin reparo todo muro de contención con “el aggiornamento” de Juan XIII y con el Concilio Vaticano II. Finalmente alcanzó, de manera ostentosa, el vértice del ultramodernismo con Francisco, con el cual nos encontramos prácticamente ya en el espíritu del “Vaticano III”, auspiciado por Rahner, Küng y Schillebeeckx, según los cuales el Vaticano II se habría detenido a mitad de camino en la “revolución” de la Iglesia.

En el Motu proprio “Sacrorum Antistitum” San Pío X saca a la luz la malicia de los modernistas por el calificados “una perniciosísima (dañosísima) clase de hombres”, que, no obstante hayan sido desenmascarados en 1907 con la Encíclica Pascendi de la apariencia de una presunta ciencia eclesiástica moderna, han permanecido en la Iglesia para subvertirla desde su interior desde sus cimientos, y por esto Pío X espera que “ningún obispo ignore que […] no han abandonado sus propósitos de turbar la paz de la Iglesia”. [1]

El papa Sarto subraya que ellos son “adversarios mucho más temibles por ser más cercanos” [2] reafirmando todavía una vez el peligro típico del modernismo: querer permanecer dentro de la Iglesia para corroer su sustancia dejando sólo la apariencia de la manera como una carcoma roe el mueble en el que se anida.

Leyendo los Documentos de San Pío X se advierte que el Papa insiste mucho en el peligro de los “falsos hermanos” (San Pablo II Cor., XI, 26), el cual es una de las insidias más perniciosas ya que se los considera hermanos y sin embargo son enemigos y luchan contra la Iglesia y los verdaderos fieles golpeándoles por la espalda.

En este punto San Pío X afronta el problema de los modernistas eclesiásticos, los cuales, dada su posición de mando en la Iglesia, son los más temibles. Estos, “abusando de su ministerio, introducen en los ánimos un cebo envenenado para sorprender a los incautos, difundiendo una apariencia de doctrina en la que se encierra la suma de los errores”. [3]

Es triste, pero es una realidad: los modernistas eclesiásticos se aprovechan de su estado y en vez de servir a la Iglesia se sirven de ella para envenenar las almas de los fieles incautos e ingenuos mediante una doctrina aparentemente católica pero sustancialmente errónea, más aún el sistema modernista reúne en sí mismo todos los errores teológicos, siendo el modernismo “el compendio de todas las herejías”.

“Esta peste se difunde en una parte del campo del Señor de la que se esperarían los frutos más consoladores” [4], deplora San Pío X. Y, en efecto, el modernismo penetró en las filas del clero joven y también en el ánimo de algunos eclesiásticos, que habrían debido trabajar en la edificación de la Iglesia y por el contrario trabajaron para cambiar el Cristianismo en una vaga forma de experiencia religiosa sentimentalista, sin dogmas, moral objetiva, jerarquía ni disciplina.

Por este motivo el Papa da una serie de órdenes, recogidas en breves proposiciones, para que los obispos puedan extirpar más fácilmente la mala hierba modernista y retirar a los eclesiásticos modernistas de los puestos de mando en la Iglesia.

Veamos las principales.

El estudio del Tomismo

Por lo que respecta a los estudios eclesiásticos estos deben hacerse sobre las huellas de la filosofía escolástica y especialmente tomista: “Alejarse de Santo Tomás de Aquino, especialmente en metafísica, no sucede sin gran daño. Como decía el Aquinate mismo: parvus error in principio fit magnus in fine / un pequeño error inicial respecto a los principios acaba siendo grande al final (De ente et essentia, proemio) [5]. Alejarse de la metafísica del ser conlleva el gran peligro de conclusiones desastrosas.

Si “los problemas del momento [la nouvelle théologie, ndr] se van haciendo cada vez más graves, esta es una razón -escribía el padre Garrigou-Lagrange- para volver a estudiar y a comprender la verdadera doctrina de Santo Tomás en torno al ser, la verdad, el valor de los primeros principios de los cuales se remonta con certeza a la existencia de Dios, […]. Se trata de los principios directivos del pensamiento y la de la doctrina moral, mucho más necesarios en cuanto que las condiciones de la existencia humana se hacen más difíciles y exigen certezas más firmes”. [6]

Ya León XIII en la Carta al General de los Franciscanos del 13 de diciembre de 1885 había escrito: “Alejarse de la doctrina del Doctor Angélico es contrario a Nuestra voluntad y, además, está lleno de peligros. […]. Aquellos que desean ser verdaderamente filósofos, y los religiosos sobre todo tienen la obligación, deben colocar las bases y los fundamentos de su doctrina en Santo Tomás de Aquino”.

San Pío X, con la promulgación del Motu proprioDoctore Angelico” del 29 de junio de 1914, imponía como texto escolástico la Summa Theologiae de Santo Tomás en las facultades teológicas, bajo pena de invalidar los grados académicos. El papa Sarto recordaba la obligación de enseñar los principios fundamentales y las tesis más importantes del tomismo (“principia et pronuntiata majora”) [7] y para ello encargó en el invierno de 1914 al padre jesuita Guido Mattiussi “precisar el pensamiento de Santo Tomás sobre las cuestiones más graves en materia filosófica, y condensarlas en pocos enunciados claros e inequívocos”. [8] En el verano de 1914 el card. Lorenzelli, Prefecto de la Sagrada Congregación de los Estudios”, presentó las XXIV Tesis redactadas por Mattiussi a San Pío X, que las aprobó el 27 de julio de 1914. [9]

El 7 de marzo de 1916 la “Sagrada Congregación de los Estudios” en nombre del Papa Benedicto XV estableció que “Todas las XXIV Tesis filosóficas expresan la genuina doctrina de Santo Tomás y son propuestas como seguras (tutae) normas directivas”. [10]

Sucesivamente el Magisterio eclesiástico, siempre con Benedicto XV, el 7 de marzo de 1917 decidió que “las XXIV Tesis debían ser propuestas como reglas seguras de dirección intelectual. […] En 1917 el ‘CIC’ en el canon 1366 § 2 decía: “El método, los principios y la doctrina de Santo Tomás deben ser seguidos santamente y con respeto religioso”. Entre las fuentes indicadas el ‘Código’ señala el ‘Decreto de aprobación de las XXIV Tesis’”. [11]

Siempre el papa Giacomo Della Chiesa, en la Encíclica Fausto appetente die (29 de junio de 1921) enseñaba: “La Iglesia ha establecido que la doctrina de Santo Tomás es también su doctrina (“Thomae doctrinam Ecclesiam suam propriam esse edixit”), y Pío XI en la encíclica Studiorum ducem (1923) reafirmó la enseñanza de las Encíclicas de León XIII, San Pío X y Benedicto XV por lo que es cierto que la doctrina de la Iglesia es la de Santo Tomás: “Ecclesia edixit doctrinam Thomae esse suam” (Benedicto XV, Fausto appetente die, 1921).

El papa Sarto en el Motu proprio Sacrorum Antistitum” quiere que se estudie la patrística y la teología positiva, pero sin detrimento de la filosofía escolástica, despreciada sumamente por los modernistas. En efecto el “retorno a las fuentes”, el amor de la sola patrística, a la que es contrapuesta “la árida escolástica”, son el arma de los modernistas para generar la confusión en las mentes del clero, que, sin una seria preparación tomista, no consigue poner orden en la hermosa y vasta, pero no sistematizada materia de la patrística. Santo Tomás es quien ha reconducido a una síntesis orgánica y precisa la elaboración doctrinal, todavía en estado de fermentación, de la patrística y ha llevado al ápice de la máxima perfección la teología sistemática basándose y perfeccionando la patrística. En pocas palabras, la teología nacida con la patrística alcanza los sumos vértices de la especulación filosófico/teológica especialmente con Santo Tomás de Aquino.

Alejar las enseñanzas modernistas

San Pío X ordena alejar sin ningún reparo a los directores y los profesores de los seminarios y de las universidades pontificias embebidos de modernismo. Con su buen sentido el papa Sarto recuerda que no se puede enseñar la verdad sin condenar el error y también al que yerra sin el cual no existirían errores. En efecto “Actiones sunt suppositorum / las acciones son producidas por las personas”, por lo que si se condenan sólo los errores, pero no a los que yerran, se dejan sobrevivir los errores y esto equivaldría a combatir el hurto sin arrestar a los ladrones.

En el futuro no sea conferida, continúa el Papa, la licencia en teología y en derecho canónico a quien antes no haya estudiado el curso de filosofía escolástica. [12] San Pío X da muchísima importancia al estudio de la filosofía sistemática tomista. Desgraciadamente, a menudo, en los seminarios se ha dado poca importancia a la filosofía sistemática y, por tanto, no se ha sabido responder con precisión y con conocimiento de causa a las primeras objeciones y contestaciones de los modernistas yendo al porqué de la cuestión. En efecto sólo el conocimiento de la filosofía escolástica nos hace comprender el porqué de las soluciones teológicas y, si falta la base filosófica, no subsiste la verdadera teología. Además se tenga presente que todo error teológico, político, económico tiene una raíz filosófica.

Los “libros prohibidos”

Los obispos, recuerda el Motu proprio, tienen el deber de impedir que sean leídos o publicados los escritos de los modernistas o que huelen a modernismo: “En efecto estos no son menos dañinos que los libros pornográficos; más aún son todavía peores, porque vician las raíces mismas de la vida cristiana”. [13]

Muy a menudo el vicio moral tiene como fuente una desviación doctrinal: se vive como se piensa. El Aquinate (II Sent., dist. 39, q. 3, a. 2, ad 5) enseña que la raíz del error es la mala voluntad, la cual empuja al intelecto a adherirse a lo que resulta cómodo y no a lo que es verdadero.

Hay además hombres sin mala intención que, carentes de estudios teológicos y embebidos de filosofía moderna, intentan ponerla de acuerdo con la fe. “El buen nombre y la buena fama de los autores hace que sus publicaciones sean leídas sin ningún temor; por tanto son más peligrosos porque poco a poco llevan al modernismo”. [14]

El Papa recuerda que la filosofía moderna es irreconciliable con la fe y la recta razón porque hace depender la realidad del pensamiento subjetivo del hombre. La filosofía moderna comenzó con Descartes y su Cogito ergo sum y continuó su curso con Kant y Hegel, o sea con el idealismo totalmente subjetivista y relativista.

El imprimatur

Para su publicación los libros deben ser antes examinados por un censor, que dará en primer lugar su sentencia. Si esta es favorable el obispo concederá la facultad de impresión o imprimatur, la cual será precedida por la fórmula Nihil obstat y por el nombre del censor. [15]

Un libro malo puede destruir las mentes y los corazones, mientras que un libro bueno puede ayudar a conocer lo verdadero y a amar el bien.

Hechos concretos

El papa va al grano y se pregunta sin rodeos: “¿de qué servirán estos mandatos Nuestros si no son observados obligatoriamente y con firmeza?

En pocas palabras, “hechos y no palabras”, como enseña San Ignacio de Loyola en el áureo libro de sus Ejercicios espirituales. No basta condenar el modernismo con palabras, sino que es necesario tomar medidas prácticas contra los modernistas.

Piedad y doctrina

Para la buena formación del clero el papa Sarto recuerda que son absolutamente necesarias dos cosas: la doctrina y la virtud. Si el joven seminarista carece de estas dos disposiciones, tras un año de prueba debe ser expulsado y no vuelto a aceptar en ningún otro seminario. Es necesario que el seminarista tenga una vida inocente junto con la integridad de doctrina, la cual debe ser superior a la media porque es necesario luchar contra los modernistas, que son enemigos para nada desprovistos, los cuales asocian a la finura de los estudios una ciencia tejida de engaños. Por tanto los buenos sacerdotes deben estar provistos de armas eficaces. [17]

Doctus cum pietate et pius cum doctrina / docto con piedad y piadoso con doctrina” es el lema de los escolásticos: la sola doctrina sin piedad hincha el orgullo y la sola piedad sin doctrina es ciega y no sabe responder a las objeciones de los innovadores.

Continúa el juramento antimodernista que los clérigos deben prestar a partir del subdiaconado y que representa un compendio de la doctrina católica y de los errores modernistas en él condenados.

Thomas

[Traducido por Marianus el Eremita. Equipo de tradución de Adelante la Fe]

 

[1] U. Bellocchi (a cargo de), Tutte le Encicliche e i principali Documenti pontifici emanati dal 1740, Città del Vaticano, LEV, vol VII, Pio X, 1999, p. 425.

[2] Ibid.

[3] Ibid.

[4] Ibid.

[5] Ibid.

[6] R. Garrigou-Lagrange, La sintesi tomistica, Brescia, Queriniana, 1953, p. 411.

[7] Acta Apostolicae Sedis, 1914, p. 338.

[8] Tito Sante Centi, Introduzione generale alla Somma Teologica, Firenze, Salani, 1949, vol I, Le XXIV Tesi, p. 269.

[9] Cfr. C. Nitoglia, Le XXIV Tesi del Tomismo, Proceno (VT), FDF, 2015.

[10] AAS, 1916, p. 157.

[11] R. Garrigou-Lagrange, La sintesi tomistica, Brescia, Queriniana, 1953, p. 400.

[12] U. Bellocchi (a cargo de), Tutte le Encicliche e i principali Documenti pontifici emanati dal 1740, Città del Vaticano, LEV, vol VII, Pio X, 1999, p. 425.

[13] Ibid.

[14] Ibid., p. 428.

[15] Ibid., p. 429.

[16] Ibid., p. 430.

[17] Ibid., p. 433.

SÍ SÍ NO NO
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