Ha llegado el momento de rescatar a nuestros hermanos, y por hermanos me refiero a aquellos católicos norteamericanos que han permanecido en la Iglesia y que adoran a Dios con devoción y en la única manera que la mayoría de ellos ha conocido. Quizás asistan a misa cada semana y cada día de precepto, o quizás asistan a misa ocasionalmente. Quizás crean que Jesucristo está realmente presente en la eucaristía o quizás piensen que la eucaristía es una cena comunitaria. Probablemente no tengan ni idea de que necesitan ser rescatados, y puede que se resistan a nuestros esfuerzos, pero debemos intentar rescatarlos de todos modos.

A menos que pertenezcan a una parroquia donde se predica la verdad del evangelio (no que se lea solamente), sus almas están en peligro. Nosotros — y por nosotros me refiero a los que creemos en la Encarnación, la Pasión y Muerte de Jesucristo, la Resurrección y la Vida Eterna —alguna vez estuvimos así como están nuestros hermanos ahora. Podemos ver lo que ellos aún no ven.

El rebaño, todo el rebaño, que en los Estados Unidos asciende a unos 51 millones y mundialmente a unos 1200 millones, ha sido traicionado por sus pastores. Los que tenemos ojos para ver y oídos para oír debemos salvarnos y hacer lo posible para salvar a nuestros hermanos.

Nuestros hermanos han crecido en la Iglesia Católica. Para ellos, el “Novus Ordo,” o “Nuevo Orden,” lanzado hace 50 años por el Concilio Vaticano Segundo, manifestado particularmente en la liturgia, es solo una forma moderna de ser católico.

Pero en el pontificado del papa Francisco, el Novus Ordo se ha convertido en algo más que una “preferencia litúrgica.” El papa Francisco ha dicho y hecho muchas cosas alarmantes que hemos registrado aquí en OnePeterFive. El resultado es que la aclimatación de cincuenta años ha terminado. Es tiempo de completar la obra del Concilio Vaticano Segundo. El papa Francisco está usando el inmenso poder de su cargo, tanto espiritual como temporal, para rehacer la fe católica, mientras intenta continuar obligando a sus seguidores haciendo que se inclinen hacia su voluntad.

La piel de cordero se le salió en 2019. En febrero, el Papa voló a Abu Dhabi, donde se reunió con un imán musulmán para firmar un “Documento sobre la Fraternidad Humana por Paz Mundial y la Convivencia Común”. El documento llamó mucho la atención porque proclamaba que Dios desea el pluralismo y la diversidad de religiones. En el vuelo de regreso, el Papa defendió los contenidos del documento: “Esto lo reafirmo claramente: desde el punto de vista católico, el documento no se ha separado ni un milímetro del Vaticano II, incluso se cita en varias ocasiones. El Documento fue hecho en el espíritu del Vaticano II.”

El documento también decía otras cosas, pero su significado fue eclipsado por el indignante repudio del gran envío de Cristo a sus apóstoles a que bauticen a todas las naciones. El documento llamaba a los líderes del mundo y arquitectos de la política internacional a intervenir para detener las guerras, los conflictos, y el deterioro medioambiental.

El 10 de septiembre, cuando regresaba de su viaje a Sudáfrica, el Papa aseveró que el deber de la humanidad es obedecer a las Naciones Unidas, ciertamente una genuflexión a “los arquitectos de la política internacional.”

Inmediatamente tras la conclusión del Sínodo del Amazonas en Roma, la Pontificia Academia de las Ciencias firmó el 28 de octubre en la sede Vaticana de la academia, una declaración para apoyar el “desarrollo sostenible” en el Amazonas y encontrar maneras de alcanzar los 17 “objetivos de desarrollo sostenible” oficiales de las Naciones Unidas. La declaración afirmaba que “la crisis climática y humanitaria que atraviesa el mundo exige una acción rápida, integrada, y urgente.”

Toda organización necesita una misión, una razón para su existencia. Sin la misión de bautizar a todas las naciones, ¿cuál es la nueva misión de la Iglesia Católica? El Papa ya nos lo ha dicho: combatir el deterioro medioambiental, practicar el desarrollo sostenible, y promover la obediencia a las Naciones Unidas.  

En este papado, la doctrina es usada como distracción, como cortina de humo. Nunca se trató de la existencia del infierno, la divinidad de Cristo, o la resurrección del cuerpo físico de Cristo. En este papado, la nouvelle théologie se encuentra floreciente — es decir, este papado nos enseña que, dado que al ser concebidos todos nos encontramos orientados hacia Dios, no hay necesidad de un Redentor, no hay necesidad de su madre concebida sin pecado, y no hay necesidad de pertenecer a, o convertirse a, la Iglesia Católica. Toda adoración de parte de los humanos da Gloria a Dios, sin importar el objeto de su adoración. Ningún acto humano, sin importar qué tan vil o inmoral, puede derrotar su orientación hacia Dios.

Y así el Nuevo Orden se convirtió en el Nuevo Orden Mundial. La Iglesia Católica institucional se convirtió en el partido católico. Ilógicamente, el propósito del partido católico es salvar al planeta de la desorientada creación de Dios  — es decir, de la humanidad.

Los fieles han sido vendidos como esclavos. Los católicos de China fueron los primeros. Ahora el resto de nosotros ha sido entregado. Las doctrinas y restricciones de la Iglesia serán usadas para mantenernos en línea, pero no con el propósito de salvar nuestras almas — sino con el propósito de obedecer a nuestros amos humanos. Algunos de nosotros vemos y comprendemos lo que ha pasado, pero muchos, tal vez la mayoría de nuestros hermanos, no lo ve.

Un porcentaje de ellos asiste a misa. Nada les parece diferente a cualquier otra misa de domingo. Sin embargo, pronto escucharán frases como “todo está conectado” y “nuestra casa común.” Incluso pueden llegar a escuchar sobre la Pachamama. La nueva misión de la Iglesia Católica no les parecerá disonante. Sin embargo, eventualmente, su liturgia dejará de ser válida. Sus sacerdotes no tendrán ordenación válida. El Novus Ordo será estéril y ya no será eficaz para su salvación.

Rescatar a alguien es salvarlo de una situación peligrosa y llevarlo a un lugar seguro. ¿Dónde sería eso exactamente? ¿Dónde nos sentimos seguros, lo suficientemente seguros como para traer a nuestros hermanos? La respuesta es la liturgia de los tiempos, el usus antiquior, la misa tradicional en latín, que ha regresado de la oscuridad durante este papado.

¿Y además, cómo permanecemos en la única y verdadera Iglesia fundada por Jesucristo y protegida por el Espíritu Santo que la habita, pero no en la Iglesia institucional que ha sido usurpada por apóstatas? Nos han dado lo que necesitamos en forma de una Declaración de Verdades, el 31 de mayo de 2019, firmada por dos cardenales, dos arzobispos, y un obispo. La Declaración de Verdades contiene 40 párrafos numerados a modo de  reafirmación de la verdadera fe católica y repudio de los errores del papa Francisco. Es el antídoto para la Nouvelle théologie.

El obispo Athanasius Schneider, uno de los firmantes de la Declaración de Verdades, ha publicado un nuevo libro, Christus Vincit, que es tanto inspirador en su mensaje como escalofriante en su visión del curso predecible de sucesos mundiales. Concluye el libro con un apéndice, una copia de la Declaración de Verdades en forma impresa. Aquí hay una copia en forma digital.

La misa tradicional en latín y las verdades inmutables de la fe católica son las herramientas que debemos usar para salvar nuestras almas y las de nuestros hermanos. La verdadera fe no está perdida. La verdadera Iglesia no se encuentra sin remedio. Cuando los israelitas huían del faraón, se enfrentaron al Mar Rojo y todo parecía perdido. Sin embargo, se abrió un camino ante ellos. Debemos tener confianza de que un camino también se abrirá para los fieles católicos, y debemos llevar a la mayor cantidad posible de hermanos a un lugar seguro.

Raymond Kowalski

(Traducido por Marilina Manteiga. Artículo original )