Entrevista a Viganò: «El próximo cónclave será una provocación. Bergoglio quiere sentar las bases de un cisma».

Tras el anuncio por parte de Bergoglio de un consistorio previsto para el próximo 30 de septiembre al objeto de nombrar a treinta y dos nuevos cardenales de la Santa Iglesia Católica, Aldo Maria Valli ha entrevistado a monseñor Carlo Maria Viganó sobre el tema.

Valli: Excelencia, algunos dicen que entre estos últimos cardenales que se están nombrando podría estar el sucesor de Bergoglio. ¿Está de acuerdo?

Viganó: Dudo que el Colegio Cardenalicio –antes llamado Sacro Colegio– quiera elegir un papa conservador o incluso moderadamente progresista. La verdad es que salta a la vista que el próximo cónclave será una provocación. Casi todos los cardenales se han creado a imagen y semejanza de Bergoglio, y serán quienes elijan a su sucesor; quizá mientras él aún vive, dada esta nueva moda de renunciar. Si los cardenales que votan tuvieran el más mínimo amor a la Iglesia, se someterían dócilmente a la acción del Espíritu Santo. Pero sabemos que esta pandilla de herejes, salvo raras excepciones, no tiene la menor intención dejar actuar al Señor, pues de lo contrario firmarían su sentencia de muerte. De todos modos, a veces cuando menos se lo espera uno, nuestro buen Señor tiene reservada alguna sorpresa.

AMV: ¿Qué criterio sigue Bergoglio a la hora de nombrar a alguien?

Viganò: El plan de Bergoglio es muy evidente: quiere sentar las bases para un cisma, cosa que de palabra niega y condena, pero que lleva ya un tiempo preparando. Bergoglio aspira a separar de una manera o de otra de la Iglesia Católica el sector de fieles y sacerdotes buenos; y para ello, para que se distancien sin falta del sanhedrín modernista, ha situado en puestos clave de la Curia a unos personajes con los que está garantizada la peor administración posible de los dicasterios que les han sido confiados, con los peores resultados imaginables y la mayor posibilidad de perjuicio para el cuerpo de la Iglesia.

Las restricciones de los progresistas a la celebración de la liturgia de siempre acorralan a los conservadores en una especie de reservas indias, con miras a canalizarlos hacia a la Hermandad San Pío X en cuanto se produzcan las catastróficas consecuencias de las transformaciones doctrinales, morales y disciplinarias introducidas por el Sínodo, actualmente en fase preparatoria. Esto tendrá como resultado un éxodo de católicos hacia los que, una vez suprimidos o regularizados los institutos Ecclesia Dei, se convertirán en los monopolizadores de la Tradición. Pero en ese momento, cuando los católicos tradicionales se hayan pasado a la FSSPX  y los superiores de ésta crean haber triunfado sobre los competidores tradicionalistas eliminados, una nueva e intolerable provocación obligará al menos a un sector de la FSSPX a distanciarse de la Roma bergogliana, lo cual traerá consigo la excomunión de los tradicionalistas, que ya no estarán representados por la Iglesia de Roma, si es que lo estaban. Por esa razón, me parece que es importante mantener cierta fragmentación a fin de dificultar la maquiavélica maniobra de expulsar de la Iglesia a los tradicionalistas.

Diaconisas, abolición del celibato, bendición de parejas homosexuales, tolerancia de la poligamia, ideología de género, ideología LGTB, panteísmo ecologista al estilo de Teilhard de Chardin… estos son los puntos controvertidos que Bergoglio plantea adrede a los conservadores (no a los tradicionalistas, que ya se han retirado) y los ultraprogresistas. Lo que se propone es suscitar un enfrentamiento y dejar que se agrave, estimular con nombramientos y ascensos a los que apoyan a los que quieren las reformas más extremistas. Así se verá la previsible reacción de condena de los pocos obispos, sacerdotes y religiosos buenos que quedan, a los que sólo les quedarán dos opciones al verse ante la trampa bergogliana: callarse la boca y seguir sufriendo en silencio, o alzar la voz denunciando la traición de la verdad católica y verse obligados a abandonar su puesto y ejercer su ministerio clandestinamente, o al menos en una aparente irregularidad canónica.

Una vez condenados al exilio los pastores incómodos y alejados los fieles conservadores, la jerarquía bergogliana podrá ejercer sin riendas su dominio sobre el clero y el pueblo, con la garantizada obediencia de los que queden. Y esa secta, que de católica sólo tendrá el nombre (y puede que ni eso) eclipsará totalmente a la Esposa del Cordero con la paradoja de una jerarquía traidora y corrupta que abusa de su autoridad para destruir la Iglesia.

Eso es lo que les gustaría a los agitadores de Bergoglio y a sus subalternos, pero el sensus fidei del santo pueblo de Dios podría llevar a muchos a rechazar el fraude y emprender una resistencia firme con denuncias categóricas. El Señor permitirá que la Iglesia parezca haber muerto, que las potencias infernales la han derrotado, porque quiere que el Cuerpo Místico, al igual que su divina Cabeza, pase por su pasión y entierro, para alcanzar junto con Él la gloria de la resurrección.

AMV: Se dice que el colegio cardenalicio, tal como lo quiere Bergoglio, representa a la Iglesia. ¿Es cierto?

Viganó: Si facilitáramos un cuestionario anónimo a los más destacados miembros del colegio de cardenales, en el que tuviesen que reponder cierto o falto a una serie de afirmaciones sobre temas en cuanto a los que ya se ha pronunciado de modo infalible el Magisterio, descubriríamos horrorizados que la mayoría absoluta, por no decir la práctica totalidad de los cardenales no son católicos, así como suena. Y yo diría que entre ellos encontraríamos también algunos conservadores. El carácter herético de muchos prelados lo confirman sus propias declaraciones, ante las cuales Bergoglio ha tenido la prudencia de no decir ni pío, al contrario de lo que suele hacer sin escrúpulo con los pocos purpurados que han seguido siendo fieles. El actual colegio cardenalicio es la quintaesencia de la Iglesia bergogliana: sus miembros representan la difusión capilar por el mundo del modernismo y el progresismo conciliar. Pero desde luego no expresan lo que es la Iglesia Universal. En primer lugar, porque no son parte de ella sino en apariencia, precisamente por ser herejes. Y en segundo lugar porque por la gracia de Dios fieles y sacerdotes están aprendiendo, al cabo de sesenta años de horrores -que son más evidentes desde hace diez- a no creer que todo lo que sale de la boca de su papa, su obispo o su párroco es la verdad del Evangelio. Y así estos últimos, después de haber predicado la desobediencia al verdadero Magisterio, están pagando ahora las consecuencias con una desobediencia que en este caso es buena y obligada porque es obediencia a Cristo.

Estamos presenciando cómo se anula por sistema a una parte de la Iglesia –la cual se puede identificar por unas coordenadas geográficas, pero también ideológicas– que sigue siendo católica: algunos obispos de EE.UU., junto con sus diócesis; muchos de África, fieles sobre todo en cuestiones de moral; y un número cada vez mayor de párrocos y otros sacerdotes así como de religiosos de ambos sexos que se están dando cuenta de que serán las próximas víctimas de las purgas de la casa Santa Marta -casos como los del monasterio de Pienza y el de Marradi no han pasado desapercibidos- y están preparando formas alternativas de ejercer sus ministerios, unirse, comunicarse y organizarse. Tal es la finalidad de la asociación Exsurge Domine (www.exsurgedomine.org), fundada bajo mi patronazgo para ayudarles y organizar la resistencia de sacerdotes y religiosos perseguidos por la junta de Argentina.

AMV: ¿Por qué sigue Francisco sin tener en cuenta diócesis como Milán, Turín, Venecia, Génova y Nápoles?

Vigano: Porque quiere acabar con el prestigio moral de ciertas sedes episcopales, tradicionalmente cardenalicias, para beneficiar a otros cardenales creados por motivos nepotistas y claramente ideológicos. A todos los amigos de Bergoglio, y a los amigos de sus amigos,les han allanado el camino, incluso al precio de negar tercamente sus escándalos, errores doctrinales y manifiesta indignidad o incompetencia. A él le gustan los pastores que huelen a oveja, aunque sean asalariados y las ovejas no los quieran por pastores. Todo lo cual denota una carencia mayor de virtudes humanas que la total ausencia de virtudes teológicas. No puedo menos que decir que no haber nombrado a un cardenal para el arzobispado de Milán termina por no ser ninguna desgracia; pero es una pena que el Patriarca de Venecia, precisamente por su moderadísimo conservadurismo, no se le conceda la púrpura que se otorgó a todos sus antecesores. El mensaje para quienes aspiren al cursus honorum vaticano es que hay que  tener una servil actitud aduladora si no quieres que te hagan unavisita apostólica de inspección, te trasladen de diócesis o incluso te destituyan sin darte un nuevo cargo (véase lo que les ha pasado, entre otros, a Burke y a Gaenswein).

AMV: Tucho Fernández va a ser cardenal. Hasta ahora parecía un chiste. La realidad supera a la ficción.

Viganò: Sigue siendo un chiste, porque desde hace diez años para acá todo lo que sucede pertenece más al género de la farsa que al de la tragedia. Todo lo que pare la secta de Santa Marta es  un fraude: la presunta sinodalización del Sínodo de la Sinodalidad, en el que las preguntas se somenten a las iglesias locales están formuladas a propósito para que den las respuestas deseadas, siempre según un programa subversivo preciso que parte del propio Bergoglio. Es mentira la participación de la mujer en el gobierno de la Iglesia: eso es contrario a la voluntad de Nuestro Señor, y ninguna autoridad, por tiránica y autoritaria que sea, puede alterar la materia del Sacramento del Orden. Como hay falsedad también en prelados y sacerdotes hagan escandolosamente la vista gorda ante los vicios y la forma de vida del movimiento LGTB: se aprovechan de las debilidades de los laicos descarriados para legitimar sus pecados personales, que tarde o temprano afloran en su vergonzosa crudeza. También Fernández es un personaje artificial que desde hace años lisonjea a Bergoglio con declaración públicas de estima, de confianza en su capacidad reformadora, de certeza en la eficacia de su inexorable acción profética (sinónimo de herética en la neolengua conciliar) como Pastor supremo de la Iglesia.

Fernández es para Bergoglio lo que Zelensky para Diden: un títere en manos de otro títere. Los hilos los maneja siempre la misma élite subversiva en la que se encuentran la Casa Blanca y el Vaticano, los coreeos de Podestà cuando abdicó Ratzinger, el estado en las sombras a la iglesia en las sombras y Nancy Pelosi al padre James Martin SJ.

Sin duda alguna se ha colocado a Fernández a la cabeza del Santo Oficio para que no nada de lo que es el cometido que corresponde al prefecto de tan importantísimo pero actualmente degradado dicasterio. Hara todo lo contrario: fomentará las herejías y desviaciones morales de los teólogos hoy de moda, de los obispos impacientes por mudarse al hotel Santa Marta, de los propagadores de la ideología de género, mientras aplicará una firmeza despiadada al sacerdote que ose criticar una afirmación herética de Bergoglio o de uno de sus protegidos, o al obispo que denuncie las desviaciones del Sínodo, o al profesor de seminario que siga enseñando los actos de Magisterio anteriores al Concilio. Ya veremos hasta qué extremo llegará el entusiasmo de Fernández para complacer a su promotor, y hasta cuándo soportará esos ataques sin replicar o haciendo caso omiso de ellos el que tenía que ser blanco de los talibanes de la Pachamama.

AMV: ¿Los cardenales escogidos por Francisco son todos unos aduladores, o hay alguno que tenga autonomía de juicio?

Viganò: Hoy en día para ser cardenal hay que ser un hombre de pelo en pecho; desde hace sesenta años se suceden inexorablemente las depuraciones, y hasta algunos eminentísimos creados por Benedicto XVI han demostrado estar muy por debajo de las expectativas de los fieles conservadores, y en no pocos casos hasta ser unos oportunistas o unos cobardes. De los valientes -reconozcámoslo- de los dubia no quedan muchos, que en el último cónclave vieron cosas que a pesar de todo no denuncian públicamente. Pues sí; en efecto, están todos servilmente sumisos, porque desde luego es una gran falta de coherencia para quienes están llamados a defender a la Santa Iglesia usque ad effusionem sanguinis.

La crisis que atravesamos es el castigo con el que está disciplinando el Señor a la Iglesia y al mundo por la infidelidad de sus ministros sagrados y de los gobernantes de las naciones. Considerémoslo el gesto severo de un Padre desde hace mucho ofendido y que aun así todavía quiere salvarnos. La única salida posible es la conversión; volvamos a Dios antes de que la Misericordia ceda el paso a la Justicia.

14 de julio de 2023

S. Bonaventuræ Episcopi Confessoris et Ecclesiæ Doctoris

(Traducido por Bruno de la Inmaculada. Artículo original)

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Mons. Carlo Maria Viganò
Mons. Carlo Maria Viganò
Monseñor Carlo Maria Viganò nació en Varese (Italia) el 16 de enero de 1941. Se ordenó sacerdote el 24 de marzo de 1968 en la diócesis de Pavía. Es doctor utroque iure. Desempeñó servicios en el Cuerpo Diplomático de la Santa Sede como agregado en Irak y Kwait en 1973. Después fue destinado a la Nunciatura Apostólica en el Reino Unido. Entre 1978 y 1989 trabajó en la Secretaría de Estado, y fue nombrado enviado especial con funciones de observador permanente ante el Consejo de Europa en Estrasburgo. Consagrado obispo titular de Ulpiana por Juan Pablo II el de abril de 1992, fue nombrado pro nuncio apostólico en Nigeria, y en 1998 delegado para la representación pontificia en la Secretaría de Estado. De 2009 a 2011 ejerció como secretario general del Gobernador del  Estado de la Ciudad del Vaticano, hasta que en 2011 Benedicto XVI lo nombró nuncio apostólico para los Estados Unidos de América. Se jubiló en mayo de 2016 al haber alcanzado el límite de edad.

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