En tiempos como los que vivimos, y más aún con el Sínodo de los Jóvenes celebrándose en circunstancias que dejan muchísimo que desear y, por lo que se ve, empeñado en regurgitar trasnochados mantras, nos vendría bien rezar mucho más por nuestros sacerdotes, por muy enojados o desesperados que nos sintamos, y de hecho con más razón cuando hay tantos motivos para enojarse o desanimarse. Porque, dígase todo lo que se quiera decir, el peor o al menos el más extendido de los errores de la época postconciliar ha sido el activismo mundano que ha agotado los manantiales de la contemplación, la adoración y la reparación en la vida diaria de la Iglesia. Como sabemos por el diálogo de Abrahán con Yavé, si apenas quedan unos pocos justos en una ciudad que imploren al Señor, es suficiente para que se salve; en caso contrario, será inevitable que corra la suerte de Sodoma y Gomorra.

Teniendo esto presente, me gustaría reproducir para los lectores una  letanía por los sacerdotes que se publicó hace poco en el siempre edificante blog Vultus Christi,  asociado al  priorato de Silverstream. He rezado en varias ocasiones esta letanía durante el Canon de la Misa, y he comprobado que satisface muy bien la apremiante necesidad que siento en los tiempos que corren de rogar con fervor por la jerarquía, nuestros sacerdotes y los seminaristas (de un modo que ciertamente está en armonía con el inicio del Canon, el memento por los vivos y el de los difuntos.

Letanía por los sacerdotes

(para uso privado)

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.

Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.

Cristo, dígnate escucharnos. Cristo, dígnate escucharnos.

Dios Padre, de quien recibe su nombre toda paternidad en el Cielo y en la Tierra, ten piedad de nosotros.

Dios Hijo, eterno Sumo Sacerdote y soberano Rey, ten piedad de nosotros.

Dios Espíritu Santo, fuente de toda santidad y Guía de los pastores, ten piedad de nosotros.

Santísima Trinidad en un Dios único, ten piedad de nosotros.

Por el Papa, vicario de Cristo, óyenos, Señor, y ten misericordia.

Por todos los cardenales de la Santa Iglesia de Dios, óyenos, Señor, y ten misericordia.

Por todos los obispos de la Santa Iglesia de Dios, óyenos, Señor, y ten misericordia.

Por todos los sacerdotes de la Santa Iglesia de Dios, óyenos, Señor, y ten misericordia.

Por todos los diáconos de la Santa Iglesia de Dios, óyenos, Señor, y ten misericordia.

Por todos los seminaristas de la Santa Iglesia de Dios, óyenos, Señor, y ten misericordia.

Por todos los ministros de la Santa Iglesia de Dios, óyenos, Señor, y ten misericordia.

Por los sacerdotes fieles a sus votos, Sangre preciosa de Jesús, fortalécelos.

Por los sacerdotes que se esfuerzan en pos de la santidad, Sangre preciosa de Jesús, fortalécelos.

Por los sacerdotes reverentes con la liturgia, Sangre preciosa de Jesús, fortalécelos.

Por los sacerdotes ortodoxos en la doctrina, Sangre preciosa de Jesús, fortalécelos.

Por los sacerdotes valerosos en la predicación, Sangre preciosa de Jesús, fortalécelos.

Por los sacerdotes magnánimos en la Confesión, Sangre preciosa de Jesús, fortalécelos.

Por los sacerdotes entregados a las obras de misericordia, Sangre preciosa de Jesús, fortalécelos.

Por los sacerdotes desorientados, Sangre preciosa de Jesús, consuélalos.

Por los sacerdotes desmoralizados, Sangre preciosa de Jesús, consuélalos.

Por los sacerdotes agotados, Sangre preciosa de Jesús, consuélalos.

Por los sacerdotes a los que nadie aprecia, Sangre preciosa de Jesús, consuélalos.

Por los sacerdotes calumniados, Sangre preciosa de Jesús, consuélalos.

Por los sacerdotes perseguidos, Sangre preciosa de Jesús, consuélalos.

Por los sacerdotes silenciados, Sangre preciosa de Jesús, consuélalos.

Por los sacerdotes abusadores, Sangre preciosa de Jesús, lávalos y conviértelos.

Por los sacerdotes ambiciosos, Sangre preciosa de Jesús, lávalos y conviértelos.

Por los sacerdotes irreverentes, Sangre preciosa de Jesús, lávalos y conviértelos.

Por los sacerdotes herejes, Sangre preciosa de Jesús, lávalos y conviértelos.

Por los sacerdotes cobardes, Sangre preciosa de Jesús, lávalos y conviértelos.

Por los sacerdotes resentidos, Sangre preciosa de Jesús, lávalos y conviértelos.

Por los sacerdotes tibios, Sangre preciosa de Jesús, lávalos y conviértelos.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, libra y salva a tus sacerdotes.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, sana y haz puros a tus sacerdotes.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, multiplica el número de tus sacerdotes santos.

V. Levántate, Señor,  y ven a tu morada, Tú y el arca de tu majestad.

R. Vístanse tus sacerdotes de justicia y exulten tus piadosos.

Oremos. Señor Jesucristo, ten piedad de tu Iglesia y haz resplandecer sobre nosotros la luz de tu rostro , para que los que habitamos en un valle tinieblas nos libremos de los males que nos afligen, y nos des numerosos pastores que sean de tu agrado y guíen santamente a tu rebaño a pastos de gracia y gloria donde habitas y reinas con el Padre en unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos, amén.

Santa María, Reina de los sacerdotes, ruega por nosotros.

San José, casto esposo de María, ruega por nosotros.

San Miguel Arcángel, ruega por nosotros.

San Juan Bautista, ruega por nosotros.

San Juan, discípulo amado, ruega por nosotros.

San Juan Crisóstomo, ruega por nosotros.

San Juan Mª Vianney, ruega por nosotros.

 

(Traducido por Bruno de la Inmaculada. Artículo original)

Peter Kwasniewski
El Dr. Peter Kwasniewski es teólogo tomista, especialista en liturgia y compositor de música coral, titulado por el Thomas Aquinas College de California y por la Catholic University of America de Washington, D.C. Ha impartrido clases en el International Theological Institute de Austria, los cursos de la Universidad Franciscana de Steubenville en Austria y el Wyoming Catholic College, en cuya fundación participó en 2006. Escribe habitualmente para New Liturgical Movement, OnePeterFive, Rorate Caeli y LifeSite News, y ha publicado seis libros, el último de ellos, Noble Beauty, Transcendent Holiness: Why the Modern Age Needs the Mass of Ages (Angelico, 2017).