Los peligros que debemos evitar son básicamente dos: por un lado, modernismo y debilitamiento espiritual, por el otro, rigor, rigidez, amargura y excesiva severidad. Éste es el por qué el Padre Felice Cappello (1879-1962) podría llegar a ser un modelo a imitar para los militantes tradicionales (tanto los consagrados como los feligreses). Éste ardiente seguidor de San Ignacio de Loyola fue uno de los más solicitados confesores en Roma. Él no era un sacerdote “laxo” sino que atrajo multitudes de penitentes con su dulzura, afabilidad, gentileza y bondad (como San Francisco de Sales y San Leopoldo Mandic). El Padre Felice Maria Cappello era también muy sabio, en cuanto a que él sabía cómo resolver eficazmente las situaciones morales más enredadas, impartiendo serenidad en las consciencias de sus penitentes. Él siempre hizo el esfuerzo por ser un confesor “justo”, más nunca severo. Los siguientes son algunos pensamientos extraídos de sus escritos:

$_57En sus consejos y decisiones nunca empleen la severidad: Nuestro Señor no lo quiere. Sean siempre justos, nunca severos. Siempre den la solución que permita a las almas respirar. Nunca se cansen en insistir acerca de la confianza. Convénzanse sobre todo que, las almas necesitan ser alentadas y crean cada vez más en el amor de Dios, el cual es inmenso”.

Los principios son principios. Éstos deben permanecer firmes y deben ser siempre defendidos. En la aplicación de principios a las conciencias de los penitentes, se requiere abundante prudencia, sentido común y bondad.”

Cuando estemos tratando con el bien inmediato y directo para un alma, es mejor seguir lo que los Santos han dicho y hecho, no los escritos de los eruditos.”

Rezaré cada día por aquellos que me han ofendido y herido, perdonando generosamente cada mal por el amor de Jesús”.

Percibo que el Señor está pidiendo mucho de ti, Él espera mucho de tu corazón. Percibo que el Buen Jesús quiere alejarte de todo y de todos; que quiere acercarte más hacia Él en una unión inefable; que Él quiere conducirte hacia la más alta perfección, hacia una íntima unión con Él, por medio de las dificultades y humillaciones. Éstos son los seguros e infalibles caminos que llevan a la santidad; éste es el camino que Jesús empleó con los Santos, el signo de predilección por el Divino Esposo hacia sus amadas almas. Humillaciones y dificultades, como sufrimientos físicos y morales en general, son piedras preciosas. Así que te exhorto a permanecer en calma, y aceptar todo de buena gana de las manos de Jesús, ofreciendo todo ello generosamente a Él, para tu santificación y la mía, así como por la conversión de los pecadores. Busca, desea y lleva a cabo sólo la voluntad del Señor. En esto, consiste la verdadera y genuina santidad.” (14 de Agosto de 1903)

Amar al Señor en palabras es fácil, pero el amor verdadero se encuentra en el sufrimiento aceptado con resignación; incluso nosotros mismos, si queremos hacer reparación de la mejor manera, debemos ofrecer nuestras tribulaciones físicas y morales, externas e internas, ofreciendo al Señor nuestras cruces aceptadas con paciencia. Debemos vivir con este espíritu Cristiano: todo es permitido y querido por Dios, nada sucede en este mundo sin Su Divina voluntad: es Dios mismo quien nos ofrece ese sufrimiento. En cada circunstancia de nuestras vidas, debemos ser capaces de decir: “Tú sufriste por mí, yo también quiero sufrir por Ti.”

En cuanto a la caridad, me esforzaré en hacerme distinguido en la práctica de ella, siendo siempre afable, dulce, educado, delicado, lleno de cortesía y delicadeza con cada uno y en cada circunstancia.” (Intención hecha durante los ejercicios de retiro espiritual en 1939).”

Debo ser una víctima de amor. Amar a Jesús: éste es el propósito de mi vida. Cada palabra, cada paso, cada pensamiento, cada sentimiento, cada aliento, debe ser un acto del más puro amor. Vivir y morir de amor por Jesús: éste es mi ideal.”

Nota Biográfica: El Padre Cappello nació el 9 de Octubre de 1879 en Caviolo, Belluno, Italia. Fue un Jesuita y Abogado Canónico. Fue conocido por su propia piedad y fue un muy solicitado confesor y director espiritual. Existen reportes de que levitaba y se deslizaba de un lugar a otro mientras celebraba la Misa. Su causa de canonización ha sido abierta. Murió en Roma en 1962 y está enterrado en una tumba de mármol en la Iglesia de San Ignacio. Aún se conserva su confesionario. (Fuente)

Ver también aquí para detalles sobre su causa de canonización.

[Publicacion original en blog Cordialiter. Traduccion por Mauricio Cruz. Artículo original]