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Quousque tandem…

Es humano, es humanísimo que tengamos una cara para los de casa y otra para los de fuera. ¿La buena cara para los de casa, y la mala cara para los de fuera? Exactamente al revés: los de fuera disfrutan de la simpatía de la que escaseamos en casa. A los de fuera no les echamos broncas ni les exigimos nada; a los de casa, sí. Los de fuera no nos deben nada; los de casa nos lo deben todo.

El Papa, tan humano, no iba a dejar de serlo en esto. Se distingue justamente por ser como uno cualquiera de nosotros. Así ocurre que mientras tiene encandilados a los de la calle, a los de casa que le caen mal (los que se atreven a criticarle) los tiene bastante descontentos. Componiendo su peor semblante, los acusa de hipócritas, chismosos, murmuradores, y unas cuantas cosas más; mientras que para los de la calle apenas hay más reproches que los de oficio, que no le salen del alma. En cambio, los reproches para sus hermanos en la fe y en la iglesia suelen ser muy ácidos; y los enfrentamientos con ellos, de una virulencia extrema. Y obviamente han estallado.

Han juntado todos los agravios en un pasquín y ahí los han puesto todos juntos. Pero no en vano cultiva Francisco el buen entendimiento con el poder político: en cumplimiento del Tratado de Letrán (que el pasado día 11 cumplía 88 años) el César salió en ayuda de Dios. Hay que suponer que no fue necesario que el Vaticano invocase ante la autoridad civil el artículo 8 del Tratado: “Italia, considerando sagrada e inviolable la persona del Sumo Pontífice, declara punible cualquier atentado que se cometa contra ella y la provocación a cometerlo, con las mismas penas establecidas para el atentado y la provocación a cometerlo contra la persona del Rey. Las ofensas e injurias públicas cometidas en territorio italiano contra la persona del Sumo Pontífice mediante discursos, hechos o escritos, serán castigadas como ofensas e injurias contra la persona del Rey. El fondo y el estilo son los propios de la época. Piénsese que por el Estado Italiano firma Benito Mussolini. ¡Como si no hubiese llovido desde entonces!

Pero resulta que esta reacción de las autoridades italianas, completada con la apertura de una investigación para descubrir a los autores de ese “delito”, está precisamente en la línea de lo que denuncian los carteles. Si no se invoca el Tratado de Letrán, esos carteles caen en el ámbito de la más elemental libertad de prensa de cualquier país democrático. Es dudoso que si el aludido en esos carteles hubiese sido el primer ministro italiano o incluso el presidente de la República, se hubiesen retirado con la misma celeridad que los carteles que critican al Papa: con la particularidad de que el nivel de respeto de esos carteles no suele verse en política. Son carteles que ni insultan ni ofenden. Por eso suena tan trasnochado que las autoridades civiles se empeñen en responder a ellos como a un delito, y perseguir a sus autores como si fuesen delincuentes. ¡La policía italiana detrás de un delito de opinión contra el Papa! ¿Llevará a los autores del delito ante el Santo Oficio? ¡Menudo espectáculo!

Creo en efecto que la gravedad del problema no está en que unos católicos “ultras” (es lo más probable) hayan criticado al Papa mediante unos pasquines. Nada hubiera pasado si se hubiesen quedado ahí colgados hasta que la lluvia o más probablemente partidarios del papa, los arrancasen. Es que tanto la existencia de esos carteles como su contenido, sumamente respetuoso, no dejan de ser un asunto interno de la Iglesia, en la que al ser los “dogmas” materia prima de la propia Iglesia, los delitos de opinión contra éstos, se castigan con la pena eclesiástica más severa: la excomunión. Pero no, los pasquines no han rozado ningún dogma.

¿Y qué hace el poder civil? ¿Qué hace el César cuando se empeña en ayudar a Dios? ¿Acaso no es capaz Dios de ayudarse a sí mismo? ¿Y ayudarle con una reacción tan visceral por lo que en política (¿de cuándo?, ¿de dónde?) se consideraría un delito de opinión? ¿El poder civil ayudando al poder eclesiástico a reprimir y a perseguir un delito de opinión? ¿Poner a la policía italiana a perseguir un presunto delito de opinión dentro de la Iglesia católica? ¿Pero esto qué es? Suena realmente extravagante. Todo esto haría un bonito argumento para una película de Fellini.

El problema grave gravísimo, es que esta reacción se ajusta al estilo del Papa Francisco como anillo al dedo. Esta reacción no hace más que darles la razón con superabundancia a los autores de los pasquines. Pero es que resulta aún más agravada por el hecho de que no se haya llevado como un asunto interno de la Iglesia, con los recursos y los modos propios de ésta (incluida la misericordia que invocan tanto el Papa como sus críticos), sino que en virtud del Tratado de Letrán (¿de verdad ha sido un acierto invocarlo para esto?) haya intervenido el poder civil.

En fin, que mal ha estado la acción, pero mucho peor la reacción. Si se ha abierto una investigación para averiguar quién ha sido el responsable de la acción, más urgente sería abrir otra para averiguar quién ha sido el instigador de la reacción. Porque ésta será mucho más perjudicial para la Iglesia. La imagen que da de ésta semejante reacción, es nefasta.

Porque a partir de esta reacción (de la Iglesia, en nombre de la Iglesia, para proteger a la Iglesia) es mucho más razonable la inquietud de los autores del pasquín. Se protegen en el anonimato porque saben que a ellos no les alcanza la misericordia. La policía quizá les alcance; pero no la misericordia que invocan en vano. ¿Es el pasquín un asunto tan importante para la Iglesia, que tenga que movilizarse la policía para perseguir a sus autores?

Quousque tándem?, que le decía Cicerón a Catilina. ¿Hasta cuándo habrá persecuciones en la Iglesia como la de los Franciscanos de la Inmaculada? ¿Hasta cuándo la denuncia agria de los murmuradores día sí y día también en boca del mismo Papa, sin advertir que son infinitamente más peligrosos los aduladores? No, no hace falta poner a la policía a investigar sus pasos para desenmascararlos, que ellos mismos se proclaman.

¿Hasta cuándo una misericordia tan selectiva? ¿Hasta cuándo? ¿Misericordia para que no cueste tanto torcer la recta doctrina? ¿Y negación de todo auxilio y misericordia para los que acertados o errados, luchan por defender el depósito de fe de la Iglesia? ¿Hasta cuándo?

Virtelius Temerariu




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