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El Ángel de Portugal y la reparación eucarística

Hoy vemos algo que nunca se ha visto en la historia del mundo: la bandera de Satanás ondeando en la lucha contra Dios y la religión, contra todos los pueblos y en todas partes del mundo; este fenómeno sobrepasa a todo lo que ha tenido lugar hasta ahora».[1]

En el arco del próximo jubileo centenario de una de las mayores intervenciones de Dios por medio de María en la historia del mundo:[1] las apariciones de Nuestra Señora en Fátima, se ha cumplido también una centuria de las apariciones del Ángel de Portugal.

Como suele suceder, las grandes misiones van prece­didas de grandes preparaciones. En 1916, una época de persecución a la Iglesia en Portugal, antes de las apariciones de Nuestra Señora a los tres pastorcitos –Lucía de Jesús dos Santos, y sus primos Francisco y Jacinta Marto- residentes todos en la aldea de Aljustrel, el Ángel Guardián de Portugal verificó una misión providencial preparando el camino para las apariciones de la Virgen en 1917.

1. Primera aparición del Ángel

Tres veces se apareció el Ángel de Portugal, o de la Paz a los pastores, la fecha exacta se desconoce, así lo narró la Hermana Lucía:

«No recuerdo exactamente los datos, puesto que en aquel tiempo no sabía nada de años, no de meses ni tampoco de los días de la semana. Me parece que debe haber sido en la primavera de 1916 que nos apareció el Ángel por primera vez en nuestro “Loca de Cebeco”».

Hacía poco tiempo que jugábamos, cuando un viento fuerte sacudió los árboles y nos hizo levantar la vista para ver lo que pasaba, pues el día estaba sereno. Vemos, entonces, que, desde el olivar se dirige hacia nosotros la figura de la que ya hablé.

Jacinta y Francisco aún no la habían visto, ni yo les había hablado de ella. A medida que se aproximaba, íbamos divisando sus facciones: un joven de unos 14 ó 15 años, más blanco que la nieve, el sol lo hacía transparente, como si fuera de cristal, y de una gran belleza.

Al llegar junto a nosotros, dijo:

– ¡No temáis! Soy el Ángel de la Paz. Rezad conmigo.

Y arrodillándose en tierra, dobló la frente hasta el suelo y nos hizo repetir por tres veces estas palabras:

¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.

Después, levantándose, dijo:

– Rezad así. Los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de vuestras súplicas.

Sus palabras se grabaron de tal forma en nuestras mentes, que jamás se nos olvidaron. Y, desde entonces, pasábamos largos ratos así, postrados, repitiéndolas muchas veces, hasta caer cansados».[3]

El Ángel Guardián de Portugal enseñó a los pastores con sus gestos y sus palabras a orar, adorar y reparar a Dios.

La plegaria reparadora del Ángel se conecta con el Santo Sacrificio de la Misa.

La santa Misa es el sacrificio de Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, ofrecido en nuestros altares en memoria del Sacrificio de la Cruz.

La Misa es el mismo Sacrificio que el de la Cruz, porque en él se ofrece y sacrifica el mismo Jesucristo, aunque de un modo incruento, es decir, sin padecer o morir como en la Cruz. [4]

La Eucaristía debe ser adorada de todos, porque contiene verdadera, real y sustancialmente al mismo Jesucristo Señor nuestro.[5]

«¿No deberíamos pensar también en lo que debe sufrir Cristo en su propia Iglesia? En cuántas veces se abusa del sacramento de su presencia, y en el vacío y maldad de corazón donde entra a menudo. ¡Cuántas veces celebramos sólo nosotros sin darnos cuenta de él! ¡Cuántas veces se deforma y se abusa de su Palabra! ¡Qué poca fe hay en muchas teorías, cuántas palabras vacías! ¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!»[6]

¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo. El Ángel enseñó a los pastores, y nos enseña a nosotros a fijar nuestra adoración únicamente en Dios. Es lamentable cómo a partir del Vaticano II el Santo Sacrificio de la Misa, ha dejado de ser teocéntrico para convertirse en antropocéntrico, y hasta en una expresión impía de maridaje con las falsas religiones.

Así se cumplió lo que advirtió San Pablo:

Llegará el tiempo en que los hombres no soportarán más la sana doctrina; por el contrario, llevados por sus inclinaciones, se procurarán una multitud de maestros que les halaguen los oídos, y se apartarán de la verdad para escuchar cosas fantasiosas.[7]

La Sagrada Escritura nos muestra dos formas de idolatría: la de la perversión y la de la sustitución. La primera tiene lugar cuando el hombre mismo y/o la imagen del Señor son manipulados o pervertidos; la segunda, cuando el Señor mismo es reemplazado por otros dioses, por falsos dioses.

2. Segunda aparición del Ángel

Tuvo lugar en el verano de 1916:

«Pasado bastante tiempo, en un día de verano, en que habíamos ido a pasar el tiempo de siesta a casa, jugábamos al lado de un pozo que tenía mi padre en la huerta, a la que llamábamos “Arneiro’, (en el escrito sobre Jacinta, también hablé ya a V. Excia. de este pozo). De repente vimos junto a nosotros la misma figura o Ángel, como me parece que era, y dijo:

– ¿Qué hacéis? Rezad, rezad mucho. Los Santísimos Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios.

– ¿Cómo nos hemos de sacrificar? – le pregunté.

– En todo lo que podáis, ofreced a Dios un sacrificio como acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido y como súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra Patria la paz. Yo soy el Ángel de su guarda, el Ángel de Portugal.

Sobre todo, aceptad y soportad, con sumisión, el sufrimiento que el Señor os envíe».[8]

Rezad, rezad mucho. «Los ángeles oran también, oran todas las criaturas, oran los ganados y las fieras que se arrodillan al salir de sus establos y cuevas y miran al cielo: pues no hacen vibrar en vano el aire con sus voces. Incluso las aves cuando levantan el vuelo y se elevan hasta el cielo, extienden en forma de cruz sus alas, como si fueran manos, y hacen algo que parece también oración. ¿Qué más decir en honor de la oración? Incluso oró el mismo Señor a quien corresponde el honor y la fortaleza por los siglos de los siglos».[9]

Para hacer la voluntad de Dios en todo momento, necesitamos elevar continuamente a Dios nuestras plegarias por María. El cumplimiento de la voluntad divina depende también de nosotros.

El Ángel de Portugal nos recordará la oración de adoración, como constitutiva de la misma naturaleza del hombre que ha sido creado para adorar. Y así el corazón del hombre está inclinado a ofrecerse, amar y dar culto a Dios.

Para ser fiel a la gracia hay que padecer muchas veces. No olvidemos que el sufrimiento es una gracia, es una gracia de conversión, es gracia de predilección, y gracia de predestinación. Por los méritos de Cristo, nos dice San Pablo, se os ha hecho la gracia no sólo de creer en Él, sino también de padecer por su amor. El cristiano puede gloriarse en la Cruz de Cristo. Así en este mundo no se puede hacer nada importante sin lucha y contradicciones. Los grandes cometidos de la Divina Providencia nunca de Cumplen sin grandes dificultades.

Ofreced a Dios un sacrificio como acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido y como súplica por la conversión de los pecadores.

La salvación de las almas individuales nos viene solamente por la Gracia de Dios, ganada para nosotros por la muerte de Cristo en la Cruz. Es solamente por la Gracia que cada hombre, mujer y niño pueden cumplir con su deber diario. Es solamente por medio de la realización de muchos miembros de la sociedad cumplidores del deber asignado por Dios que la humanidad pueda vivir en paz como Dios se propuso. Por eso, es solamente por la Gracia que la sociedad se liberará del hambre, de la guerra, de la opresión y de la injusticia.

El Siervo de Dios Fulton Sheen escribió: El mundo cambiará cuando cambiemos nosotros. Pero nosotros no podemos cambiar sin oración, y, a este efecto el poder del Rosario es incomparable.[10]

3. Tercera aparición del Ángel

Después que llegamos, de rodillas, con los rostros en tierra, comenzamos a repetir la oración del Ángel: ¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo, etc. No sé cuántas veces habíamos repetido esta oración, cuando vimos que sobre nosotros brillaba una luz desconocida. Nos levantamos para ver lo que pasaba y vimos al Ángel, que tenía en la mano izquierda un Cáliz, sobre el cual había suspendida una Hostia, de la que caían unas gotas de Sangre dentro del Cáliz. En Ángel dejó suspendido en el aire el Cáliz, se arrodilló junto a nosotros, y nos hizo repetir tres veces:

Santísima Trinidad, Padre, Hijo, Espíritu Santo, os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores.

Después se levanta, toma en sus manos el Cáliz y la Hostia. Me da la Sagrada Hostia a mí y la Sangre del Cáliz la divide entre Jacinta y Francisco, diciendo al mismo tiempo:

Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios.

Y, postrándose de nuevo en tierra, repitió con nosotros otras tres veces la misma oración: «Santísima Trinidad… etc.», y desapareció. Nosotros permanecimos en la misma actitud, repitiendo siempre las mismas palabras; y cuando nos levantamos, vimos que era de noche y, por tanto, hora de irnos a casa.[11]

Es el mismo Ángel quien, se postra en tierra para adorar la Presencia Verdadera, el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Luego les da sacramentalmente en la boca el Cuerpo y la Preciosísima Sangre del Señor.

Ese signo de adoración, es relevante hoy más que en ese entonces, ya que hoy en día debido a que se ha generalizado la administración de la Santa Comunión en la mano, hay más profanaciones y sacrilegios.

Santo Tomás, el príncipe de los teólogos en la Iglesia Católica, quien se destaca por sobre todo el resto, cuya Summa Teológica fue puesta en el altar al lado de las Escrituras durante el Concilio de Trento, y de cuya enseñanza San Pío X dijo que era el remedio contra el Modernismo, enseña claramente que corresponde al sacerdote y solo al sacerdote tocar y administrar la Sagrada Hostia, porque “solo lo que está consagrado” (las manos del sacerdote) “podría tocar lo Consagrado (la Sagrada Hostia)”.

Cuan a menudo hemos escuchado incluso a la Jerarquía Eclesiástica lamentarse que «hemos perdido el sentido de lo sagrado». Esa es una de las más asombrosas afirmaciones que puede pronunciar un hombre de Iglesia… como si esto fuera una suerte de misterio. Porque el sentido de lo sacro no está perdido; nosotros sabemos exactamente donde está, y podría recobrarse mañana en toda parroquia o en toda la tierra. El sentido de lo sacro se encuentra dondequiera la salvaguarda de la reverencia por el Santísimo Sacramento sea una práctica de suprema importancia. Pero «el sentido de lo sacro» no se ha perdido, ha sido deliberadamente arrojado de la ciudad, tirado por la baranda, por los arrogantes agentes de neo-paganismo del modernismo, enmascarados como reformadores católicos, quienes han introducido nóveles prácticas en la Iglesia que rebajan la Eucaristía, muestran desprecio por la Tradición y por lo que nos enseñaron nuestros padres, y han llevado a una crisis mundial de la Fe de proporciones sin precedentes.[12]

El mismo principal innovador de la Liturgia, A. Bugnini, escribía: «¿No es para temer, además,

un acentuarse las profanaciones e irreverencias por parte de personas mal intencionadas o de poca fe? El pueblo mal preparado o poco instruido, recibiendo el Pan eucarístico en la mano, ¿no acabará por equipararlo al pan ordinario o al pan simplemente bendecido?»[13]

Profundas enseñanzas del Ángel de Portugal: reverencia, adoración, oración y reparación a Jesús presente en la Hostia consagrada. Nos enseña a adorar y reparar por encima de todo, ahí donde el amor no es amado: donde no es apreciado, donde es humillado, pisoteado y ofendido. Donde el Amor Eucarístico es profanado en lo oculto, en misas negras y en sectas satánicas, donde es vejado y despreciado. Nos enseña el Ángel Guardián de Portugal a respetar, adorar y amar profundamente a Jesús Eucarístico en cada Hostia profanada, en cada corazón que está en pecado y sin amor por Él, a reparar por quienes comulgan con un corazón frío, en quienes lo reciben sin siquiera pensar en Él.

Germán Mazuelo-Leytón

[1] PAPA PÍO XI, Fatima Family Messenger, julio-septiembre de 1992.

[2] Cf.: PAPA PIO XII, El trueno de la Justicia, cap. 9.

[3] HERMANA LUCIA, Memorias. Segunda memoria.

[4] Catecismo Ripalda.

[5] SAN PIO X, Catecismo Mayor, nº 623.

[6] RATZINGER, Card. JOSEPH, Reflexiones Vía Crucis año 2005.

[7] 2 TIMOTEO 4, 3-4.

[8] HERMANA LUCIA, Memorias. Segunda memoria.

[9] TERTULIANO, Del Tratado sobre «La Oración», Cap. 28-29: CCL 1, 273-274.

[10] SHEEN, Mons. FULTON J., La Señora, pág. 68.

[11] HERMANA LUCIA, Memorias. Segunda memoria.

[12] Cf.: VENNARI, JOHN, La verdad sobre la Comunión en la mano.

[13] VILLA, Pbro. Dr. LUIGI, ¿Comunión en la mano? ¡No! Es sacrilegio.




Germán Mazuelo-Leytón
Germán Mazuelo-Leytón
Es conocido por su defensa enérgica de los valores católicos e incansable actividad de servicio. Ha sido desde los 9 años miembro de la Legión de María, movimiento que en 1981 lo nombró «Extensionista» en Bolivia, y posteriormente «Enviado» a Chile. Ha sido también catequista de Comunión y Confirmación y profesor de Religión y Moral. Desde 1994 es Pionero de Abstinencia Total, Director Nacional en Bolivia de esa asociación eclesial, actualmente delegado de Central y Sud América ante el Consejo Central Pionero. Difunde la consagración a Jesús por las manos de María de Montfort, y otros apostolados afines

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