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El nombramiento del Cardenal Tagle: ¿fin de la Iglesia misionera?

«¡Qué papa rock!» fue la exclamación que circuló en las redes sociales cuando en Manila el Papa Francisco y el Cardenal Luis Antonio Gokim Tagle (entonces Arzobispo de Manila y Presidente de Caritas Internacional), durante el viaje del 2015 a Filipinas, abrieron sus manos derechas para hacer el gesto de los cuernos. Un gesto muy utilizado en la simbología del rock y nacido en el lenguaje de los signos para decir «Te amo» (quien lo codificó fue el American Sign language combinando los signos de las letras I, L y Y: «I love you»). Pobre Papa y pobre Cardenal. Los signos hechos con las manos por los ministros de Dios, siguiendo el ejemplo del Sumo Sacerdote Jesús, son muy diferentes … y son sagrados. Pues bien, el mismo Cardenal Tagle, fue nombrado nuevo prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, ex Propaganda Fide, como se llamaba el dicasterio que supervisaba las misiones hasta la bula Immortalis Dei de Pablo VI (15 de agosto de 1967). Un dicasterio tan importante que su jefe desde siempre fue llamado el Papa Rojo, a diferencia del Papa Blanco, el Pontífice, y del Papa Negro, el superior de los Jesuitas.

El Prefecto de esta Congregación goza de muchos poderes: supervisa la evangelización de los pueblos y tiene jurisdicción sobre todos los territorios misioneros de rito latino, velando también por los respectivos nombramientos episcopales. También administra un enorme patrimonio de dinero, de títulos, de valores del IOR (Instituto para las Obras de Religión) y de bienes raíces, particularmente en el centro histórico de Roma, que fue el centro del escándalo Anemone-Balducci.

El perfil del nuevo prefecto, de 62 años, al que se lo conoce como «Chito» y definido como «Golden Boy«, es perfecto para los deseos del Papa Francisco. Una decisión sorpresiva, como muchas otras del pontificado bergogliano, que repentinamente depuso al Cardenal Fernando Filoni, dándole la misión simplemente honoraria de dirigir la Orden de caballería del Santo Sepulcro. Algunos afirman que Tagle puede incluso ser el posible sucesor del Papa Francisco.

Hechos análogos ya han sucedido con el Cardenal Leo Raymond Burke, designado a los 66 años como protector de la Soberana Orden Militar de Malta, o con Gerhard Ludwig Müller, que aún no tiene setenta años, a quien no se le otorgó ningún cargo después de la fallida confirmación en la conducción de la Congregación de Doctrina de la Fe. Recordamos pues que el nombre de Filoni figura en el dossier de Monseñor Carlo Maria Viganò, como persona informada de los abusos cometidos por el ex cardenal McCarrick y de los ilícitos relacionados con el IOR.

El nuevo nombramiento tuvo lugar el último domingo, día de la Inmaculada Concepción, cuando el Papa fue a rendir el homenaje habitual a la imagen de la Inmaculada Concepción en la Plaza España, donde se encuentra el Palacio de Propaganda Fide, una obra de Bernini y Borromini. Pero hoy en día, ¿esta Congregación aún está animada por el espíritu misionero de la Iglesia?

Instituída por el Papa Gregorio XV con la bula Inscrutabili Divinae del 22 de junio de 1622, Propaganda fide ejercía también las funciones hoy atribuidas a la Congregación para las Iglesias Orientales (la separación tuvo lugar el 1° de mayo de 1917). Un Cardenal Prefecto dirige, con amplios poderes muy amplios, el dicasterio actualmente compuesto por 25 Cardenales; preside las congregaciones generales, los congresos semanales y el congreso económico. El archivo, con un laboratorio de restauración anexo1, conserva documentos desde 1622 en adelante. La biblioteca, de unos 100.000 volúmenes, recibe más de 300 revistas de las misiones. La competencia de la Congregación se extiende (Codexiur. Can., Can. 252) a la erección de misiones, al nombramiento de los respectivos ordinarios, a la elección y cambio de personal, a la aprobación de concilios y sínodos, al tratamiento de todos los asuntos eclesiásticos, excepto aquellos relativos a la fe, a los ritos y a las causas matrimoniales.

Gregorio XV, al crear Propaganda fide, se inspiró en la Congregación super negotiis sanctae Fidei et Religionis catholicae, instituida el 6 de mayo de 1599 por Clemente VIII en la audiencia concedida al Cardenal Giulio Antonio Santori, pero que tuvo una vida muy breve. El nuevo dicasterio, al día siguiente de la Revolución Protestante, reafirmó el carácter universal de la misión apostólica de la Iglesia, con el objetivo esencial de propagar y defender la fe, y llamar a los orientales disidentes a la unión con Roma, tendiendo a liberar las misiones de la excesiva injerencia política y de los intereses económicos de las potencias coloniales. Así se constituyó una sólida organización eclesiástica, dirigida por una jerarquía autóctona, de acuerdo con el método tradicional de la Iglesia: de ahí, entonces, el impulso a los seminarios indígenas y la relativa vigilancia de la Madre Iglesia ejercida sobre los llamados colegios nacionales en Roma, y sobre muchos otros, especialmente en los países sometidos al proselitismo protestante. Increíble y formidable fue el trabajo de Propaganda Fide a lo largo del tiempo: el anuncio de la Buena Nueva en todas partes -según lo ordenado por Jesucristo- estuvo constantemente acompañado de exploración geográfica con el propósito de la penetración misionera y del estudio científico, etnológico y lingüístico. Se erigieron institutos de lenguas orientales en órdenes religiosas e instituciones educativas de todos los grados, particularmente en los pueblos y regiones más inhóspitos; se tomaron medidas para la asistencia sanitaria de los indigenas y para la profilaxis de enfermedades endémicas, para las construcciones sagradas y profanas con una adaptación particular al arte local. No debe olvidarse la diligente actividad de Propaganda fide a favor de la liberación de los esclavos cristianos y la formación de misioneros para la protección y el cuidado de los niños y los ancianos, además de la lucha contra la trata de mujeres y contra el cultivo y el uso del opio. Desde la imprenta políglota de Propaganda Fide, iniciada en el año 1626, se difundieron, principalmente en forma gratuita, obras filológicas, litúrgicas, apologéticas, sorprendentes relatos de viajes… y en el Colegio Urbano de Propaganda Fide (fundado alrededor de 1605 por el prelado español Vives, luego erigido por Urbano VIII en 1627 e incorporado a la Sagrada Congregación en 1641) jóvenes de todo el mundo realizaron estudios de doctorado. Gran parte de las iniciativas misioneras, especialmente en los siglos XVII y XVIII, fueron subsidiadas directamente por Propaganda fide.

Al 30 de junio de 1933 se contaban: 16.057 sacerdotes (de los cuales 5931 indígenas), 7305 hermanos, 38.504 hermanas; 135.883 auxiliares laicos de ambos sexos (catequistas, maestros, médicos, etc.). Total: 197.749 miembros (datos estadísticos obtenidos en el archivo de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, Informe del Ordinario, 30 de junio de 1933; Archivo estadístico, 1934). Si hubiera que redactar una sistemática y completa Historia de Propaganda Fide, aún inexistente, esa sería monumental. Hoy los números se han reducido descendido bastante, en particular a partir del Concilio Vaticano II: la libertad religiosa ha reducido, año tras año, en un goteo progresivo, las filas de la gloriosa máquina misionera de la Iglesia de Cristo. Con el ingreso del Cardenal Tagle, el espíritu originario del carácter misionero de la Iglesia, tan magistralmente estructurado por Propaganda Fide, irá desapareciendo porque el neo-prefecto tiene una clara y pública fisonomía conciliar y, al mismo tiempo, de «conversión ecológica e integral«, en la cual el espíritu de Asís y el espíritu de Abú-Dahbi convergen en el nuevo humanismo, en el nuevo modo de sentir la fraternidad universal, no la católica en Cristo sino la interreligiosa, donde todos podrán pensar la religión como quieran, colocando en práctica aquello que el Doctor de la Iglesia Newman aborrecía: «Durante treinta, cuarenta, cincuenta años intenté luchar con todas mis fuerzas el espíritu del liberalismo en la religión. Pero la Santa Iglesia tuvo mayor necesidad que nadie de oponerse más hoy, cuando, desgraciadamente, se trata ahora de un error que se extiende como trampa mortal sobre toda la tierra» (Biglietto Speech, 1879).

El Cardenal Tagle está en perfecta sintonía con la Escuela de Bolonia, al punto de haber sido miembro de la comisión editorial de la obra Historia del Vaticano II en cinco volúmenes, editada por Alberto Melloni y Giuseppe Alberigo, de la cual redactó el capítulo La tempestad de noviembre: la «semana negra» Considerado una de las voces más representativas del pensamiento teológico asiático, Tagle comparte con el Papa la atención profunda por la «Madre Tierra» y la acogida irreal y desorganizada de las multitudes migratorias. Ya no más, por lo tanto, una Iglesia misionera, portadora de conversiones a Cristo, sino una entidad internacional neohumanista que se esfuerza por sustentar las ideologías del momento. «En estos cincuenta años, pensé que se se estaban acercando tiempos de generalizada infidelidad, y durante estos años, las aguas, de hecho, subieron como las de una inundación. Preveo una época, después de mi muerte, en la que solo se podrán ver las cumbres de las montañas, como islas en un vasto mar. […] los líderes católicos deberán emprender grandes iniciativas y lograr objetivos importantes, y tendrán necesidad de mucha sabiduría y mucho coraje, si la Santa Iglesia debe liberarse de esta terrible calamidad y, aunque cualquier prueba que caiga sobre ella sea solo temporal, puede ser extraordinariamente dura su evolución» (J. M. Marín, John Henry Newman. Su vida (1801-1890), Jaca Book, Milán, 1998, p. 417). El pequeño rebaño tendrá que resistir (¿poco o mucho? Nuestro Señor lo sabe) en las cimas de las montañas.

1 El laboratorio de restauración del Archivo Histórico de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos nació en 1931 por obra del archivero y con la colaboración de un experto restaurador de la Biblioteca Vaticana, con la siguiente motivación: “un laboratorio de restauración de los antiguos volúmenes del Archivo en los que aparece más evidente y deletérea la acción corrosiva de la tinta”.

En la actualidad, el laboratorio se ocupa de la conservación del material del Archivo, de la valoración de los daños y de las actuaciones apropiadas para cada uno de los fondos, la limpieza mecánica, la restauración de los documentos y la preparación de exposiciones y eventos ocasionales.

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