¿Es una broma?

Parece imposible salir del ritmo Francisquista en que los escritores de Remnant y otros comentadores católicos tradicionalistas del mundo entero se encontraron durante los últimos tres años. No pasa una semana sin que surja algo del Vaticano, orquestado por Francisco y su equipo de relaciones públicas, diseñado especialmente para llamar la atención sobre el último desarrollo sensacional de lo que se promociona desvergonzadamente como La Revolución de la Ternura y el Amor del Papa Francisco.® Muchos reporteros dedicaron carreras enteras para cubrir el ritmo del Vaticano, pero la interminable hilera de tretas publicitarias de este Papa hizo que todos los demás nos convirtamos en observadores del Vaticano.

Tomen, por ejemplo, a los Misioneros de la Misericordia®, los súper-confesores cuyos súper-poderes aún misteriosos serán activados por Francisco en Roma el miércoles de ceniza, cuando personalmente presente con su “mandato” a 700 de los 1000 Misioneros de la Misericordia.

¿Por qué el tono sarcástico, preguntarán? Porque todo este asunto es evidentemente ridículo, como se mostró la semana pasada cuando Monseñor Rino Fisichella, Presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización®, explicó la iniciativa:

Los Misioneros de la Misericordia son un selecto número de sacerdotes que han recibido del Papa la tarea de ser, en sus respectivas parroquias, testigos privilegiados de lo extraordinario de este evento Jubilar. Sólo el Papa puede nombrar a estos Misioneros, no los Obispos, y es él quien les confía el mandato de anunciar la belleza de la misericordia de Dios siendo humildes y sabios confesores con una gran capacidad para perdonar a quienes se acerquen al confesionario

¿Entonces, qué se supone que son los otros 400.000 sacerdotes confesores de la Santa Iglesia Católica durante el Jubileo de la Misericordia®? ¿Hígado picado? ¿No tienen todos los sacerdotes facultados para escuchar confesiones la misma “gran capacidad para perdonar a quienes se acerquen al confesionario? Por ejemplo, todos sabemos que los sacerdotes parroquiales regulares ya fueron autorizados para perdonar el pecado de aborto y que lo hacen con frecuencia. ¿Es que ahora Francisco retiró la autorización o la puso en duda? El Vaticano se mantuvo en silencio respecto de esto, permitiendo a los medios crear la falsa impresión—inmensamente preocupante para muchas mujeres que confesaron este pecado—que anteriormente el aborto no era perdonable a nivel parroquial.

De hecho, nadie sabe en verdad qué es exactamente lo que los Misioneros de la Misericordia podrán hacer que Dios mismo no hace ya cuando el Sacramento de la Confesión es administrado por un sacerdote regular actuando, in persona Christi, al penitente sincero con un firme propósito de enmienda. Los Misioneros de la Misericordia saldrán de Roma envueltos en una nube carnavalesca de vapor de colores—un despliegue impresionante, ¿pero qué significa realmente?

Al fin y al cabo, ¿por qué debieran tan sólo 1000 sacerdotes, o 0,25 por ciento del total de sacerdotes católicos, recibir un mandato especial del Papa para “anunciar la belleza de la misericordia de Dios”? ¿Acaso no tienen todos los sacerdotes del mundo el mismo mandato dado por Dios mismo en virtud de su ordenación? Y dado que este es el Año de la Misericordia ® y que la misericordia de Dios hacia el arrepentido no tiene límite, ¿por qué tan restringido el número de dispensadores de misericordia nombrados especialmente? ¿Por qué Francisco, aclamado por el mundo como el Primer Papa Misericordioso, no declara simplemente que durante el Año de la Misericordia todos los sacerdotes podrán hacer lo que sea que él piensa que sus Misioneros de la Misericordia pueden hacer?

En resumen: ¿Por qué tan avaro con la misericordia? Aquí la explicación reveladora de Mons. Fisichella:

Hemos recibido una excelente respuesta para participar [en los Misioneros de la Misericordia] pero debemos poner un límite al gran número de solicitudes para asegurar que el valor específico del signo, el que expresa qué tan especial es la iniciativa, se mantenga.

Así es, el número de Misioneros de la Misericordia se mantiene bajo para que cada uno de ellos sea más valioso como “signo” de “lo especial que es la iniciativa”—entendido como lo especial que es Francisco por inventarla. No bastaría con declarar que durante el Año de la Misericordia cada sacerdote-confesor ejercitará al máximo la capacidad de absolución que ya tiene, dada la correcta disposición del penitente. No, debe haber un grupo selecto de sacerdotes, monopolizados por Francisco, que reciben la apariencia de estar por encima de los demás en el departamento de absoluciones porque sólo Francisco les ha conferido ese estatus especial. Tenemos aquí una especie de monopolio espiritual en el que un único proveedor controla la oferta.

Entonces, Fisichella se complace en informar a la prensa que debido a la escasez impuesta por el Papa de Misioneros de la Misericordia, “el padre Richard de Australia visitará 27 comunidades en su diócesis rural de Maitland-Newcastle donde sólo hay una iglesia y no viven otros sacerdotes. Viajando en una casa rodante, irá de comunidad en comunidad como ‘¡Misionero de la Misericordia rodante!’ Esto es sólo un ejemplo de cómo el Jubileo está diseñado para alcanzar a todos, permitiendo que todos toquen la cercanía y ternura de Dios.”

¿Es una broma? La Diócesis de Maitland-Newcastle tiene 30 sacerdotes sirviendo a 150.000 católicos en 39 paroquias, mientras que el “padre Richard” parece ser el padre Richard Lennan, el único padre Richard en la diócesis, que aparece en la lista como de licencia mientras vive en el Boston College. Si el Jubileo está “diseñado para alcanzar a todos” para que todos puedan “tocar la cercanía y misericordia de Dios”—como si Dios y Su misericordia hubiesen sido inaccesibles antes de Francisco—entonces ¿por qué no declarar que los 30 sacerdotes son Misioneros de la Misericordia, disponibles en las 39 parroquias? ¿Por qué llamar a un sólo sacerdote del otro lado del mundo, ponerlo en una casa rodante y hacerlo viajar de parroquia en parroquia? ¿Por qué no poner a los 30 sacerdotes en el camino y dividir la diócesis de Maitland-Newcastle entre ellos para aumentar la posibilidad de que todos puedan “tocar la cercanía y misericordia de Dios?”

Nuevamente, ¿por qué tan avaro con la misericordia? La respuesta, evidentemente, es que un sacerdote en casa rodante enviado especialmente por Francisco al interior y dotado con un “mandato” especial de misericordia que sólo Francisco, “no los obispos”, puede dar, concentra naturalmente toda la atención en Francisco, al asegurar la visibilidad y exclusividad de su innovación. Aparentemente, la absolución de pecados y el bien de la mayor cantidad de almas posible son irrelevantes.

Ahora, sólo hay dos maneras de ver esta cosa: o Francisco ciertamente dedicó este Monopolio de la Misericordia con poderes especiales de absolución alcanzables sólo a través de este monopolio, en cuyo caso está literalmente reteniendo misericordia, o no hay una verdadera diferencia entre los Misioneros de la Misericordia y un sacerdote parroquial regular en términos de capacidad para absolver pecados, en cuyo caso la cosa es una elaborada farsa cuyo único propósito es promover el culto a la personalidad papal.

Finalmente, ¿qué pecador se expondría a la humillación pública de acercarse a confesarse con un Misionero de la Misericordia itinerante en lugar de su sacerdote parroquial, mostrando que sus pecados son tan graves que sólo el Monopolio de la Misericordia puede absolverlo?

Sí, esto es una broma.

Christopher A. Ferrara

[Traducción de Marilina Manteiga.  Artículo original]

Christopher A. Ferrara
Presidente y consejero principal de American Catholic Lawyers Inc. El señor Ferrara ha estado al frente de la defensa legal de personas pro-vida durante casi un cuarto de siglo. Colaboró con el equipo legal en defensa de víctimas famosas de la cultura de la muerte tales como Terri Schiavo, y se ha distinguido como abogado de derechos civiles católicos. El señor Ferrara ha sido un columnista principal en The Remnant desde el año 2000 y ha escrito varios libros publicados por The Remnant Press, que incluyen el bestseller The Great Façade. Junto con su mujer Wendy, vive en Richmond, Virginia.