ADELANTE LA FE

Monseñor Schneider analiza el documento final del Sínodo de la Juventud

Según monseñor Athanasius Schneider, el documento final del recientemente concluido Sínodo vaticano sobre los jóvenes abunda en expresiones sentimentalistas y demuestra en pasajes clave que altos miembros de la jerarquía se han servido de los jóvenes para promover sus propios objetivos.

«En esencia, el enfoque del documento revela una clara tendencia al naturalismo, el antropocentrismo, ambigüedad doctrinal, sentimentalismo vago y subjetivismo –declaró el obispo auxiliar de Astaná (Kazajistán) en una entrevista en exclusiva a LifeSite el pasado día 5–. Esa tendencia se puede identificar de forma inequivoca como neopelagianismo disfrazado de clericalismo» –añadió.

Añadió que mientras que los Padres de la Iglesia se reunían ante todo  para condenar las herejías, los sínodos permanentes de los obispos actuales están llevando a una «mayor burocratización» de la Iglesia que tiene un elevado costo para la «Iglesia de los pobres».

Asimismo, habló de otros preocupantes temas concretos en el documento final del Sínodo, como la sinodalidad, la sexualidad, la conciencia, los abusos de menores por parte del clero y el papel de la mujer en la Iglesia.

Según Schneider, algunos altos miembros de la jerarquía promueven objetivos propios; el papel de la mujer en la Iglesia se ha utilizado también para promover «la antifemenina ideología del feminismo»; y por último, el documento final evita el tema central de los abusos sexuales al no hablar del «demostrado papel fundamental» de la homosexualidad en dichos abusos de menores.

Observó varios elementos positivos en el texto, pero señaló también «omisiones» y «expresiones tendenciosas» que, para él, «reflejan una ideología concreta».

En vez de ofrecer a los jóvenes «un saludable pan casero» se les dio «una limonada excesivamente edulcorada».

Seguidamente, reproducimos nuestra entrevista con monseñor Schneider:

LifeSite:  Excelencia, una pregunta general: ¿en qué se diferencia el documento final del recientemente concluido Sínodo sobre los jóvenes, la Fe y el discernimiento vocacional de otros documentos finales en cuanto a lenguaje, contenido y estilo?

Monseñor Schneider: La principal diferencia entre el documento final del Sínodo para los Jóvenes y otros documentos sinodales anteriores está en que el Papa lo aprobó de forma inmediata. Por lo que a contenido se refiere, ha sido la primera vez que una asamblea mundial de obispos católicos ha tratado específicamente el tema de la juventud. El lenguaje y el estilo han sido también muy diferentes de otros documentos sinodales anteriores por la falta de claridad moral y porque abunda en expresiones sentimentalistas, rasgo que, en cierta medida, caracterizó igualmente al Informe final del Sínodo sobre la Familia de 2015.

Peso magisterial

Según la nueva constitución apostólica sobre la estructura de los sínodos, Espiscopalis communio, si el documento final «es aprobado expresamente por el Romano Pontífice» o, si éste «concede a la asamblea del Sínodo potestad deliberativa, según norma del canon 343 del Código de Derecho Canónico, el documento final participa del magisterio ordinario del Sucesor de San Pedro». ¿Qué opina? ¿Cómo debemos entenderlo los laicos?

Para empezar, es necesario aclarar lo que significa magisterio ordinario. Se trata de una expresión nueva que no existía antes de Pío IX. Ahora bien, ni Pío IX ni el Concilio Vaticano I utilizaron jamás la expresión magisterio ordinario, sino magisterio ordinario universal. Este ejercicio del Magisterio se entendía como infalible, lo cual quiere decir que todo el episcopado, juntamente con el Papa, enseñaba invariablemente en todo tiempo y lugar de modo infalible lo que es necesario para la salvación. Aparte las definiciones infalibles del Papa (llamadas ex cathedra), las definiciones doctrinales infalibles de los concilios ecuménicos y la enseñanza constante e infalible del Magisterio Ordinario Universal, no existen documentos del Magisterio que posean la calificación de infalible.

A fin de evitar confusiones con el Magisterio Ordinario Universal infalible, sería mejor utilizar expresiones como magisterio diario universal del Romano Pontífice y los obispos, o magisterio de cada día del Romano Pontífice y los obispos. Desde el punto de vista teológico, es posible –y en ocasiones, desde el punto de vista pastoral, es útil– establecer tales distinciones; por ejemplo, cuando el Santo Padre, junto con el colegio cardenalicio, o con representantes de todo el episcopado, o con un grupo regional de obispos, promulga un documento no infalible como parte del Magisterio Diario Ordinario.

Función de los sínodos

El nº 3 de Episcopalis Communio dice: «El Sínodo de los Obispos, que en el nombre se remitía simbólicamente a la antigua y riquísima tradición sinodal de la Iglesia, tenida en gran estima sobre todo en las Iglesias de Oriente, tendría normalmente función consultiva, ofreciendo al Romano Pontífice, bajo el impulso del Espíritu Santo, informaciones y consejos sobre las distintas cuestiones eclesiales. Al mismo tiempo, el Sínodo podría gozar también de potestad deliberativa cuando el Romano Pontífice se lo concediese». ¿Qué luz nos pueden arrojar los Padres de la Iglesia sobre la función de los sínodos? ¿Puede un sínodo tener, en su modalidad actual, carácter de asamblea deliberativa?

En tiempos de los Padres de la Iglesia eran frecuentes las reuniones regionales de obispos o sínodos, y tenían tres finalidades: rechazar las herejías, definir la doctrina católica y corregir abusos y faltas de disciplina en la vida de la Iglesia. En aquella época los obispos no se reunían porque sí, ni para hablar de programas pastorales, como acostumbran los sínodos actuales, inaugurados por Pablo VI en 1965. En tiempos de los Padres de la Iglesia no había reuniones para hablar de programas pastorales. Únicamente se reunían en situaciones graves y urgentes, ya que preferían dedicar su valioso tiempo a la oración a la labor de evangelización directa y activa.

Por lo que respecta a la actual situación, desde el Concilio Vaticano II el Sumo Pontífice ha incrementado la participación de los prelados de diversas regiones en la toma de decisiones y en los procesos consultivos de los dicasterios de la Curia. Primero, hay obispos que son miembros de los dicasterios; y luego, hay obispos que son consultores de los dicasterios.

No debemos olvidar que el colegio cardenalicio es el cuerpo consultivo primordial del Romano Pontífice. La inmensa mayoría de los cardenales actuales son obispos diocesanos que proceden de las diversas regiones del mundo. Así pues, hoy en día tenemos tres grupos estables integrados por miembros del colegio episcopal que tienen la el cometido de asesorar y ayudar al Papa en el gobierno de la Iglesia universal. La institución del Sínodo Permanente de los Obispos, en mi opinión, multiplica sin necesidad las instituciones. Lamentablemente, conduce a una mayor burocratización de la vida de la Iglesia, que a su vez supone un enorme desembolso de dinero en una época en que la Iglesia declara constantemente ser la Iglesia de los pobres.

No sólo eso; las frecuentes y esencialmente innecesarias reuniones del Sínodo de los Obispos hacen perder un tiempo muy valioso a los prelados, tiempo que deberían dedicar ante todo a la oración y a la proclamación de la verdad del Evangelio (cf. Hch.6,4).

En cuanto a si un sínodo puede tener en su modalidad actual carácter deliberativo, yo diría que, de forma excepcional y con una normativa claramente definida, es posible. Ahora bien, si esa asamblea deliberativa sinodal se reúne cada tanto tiempo, se confundiría su función con la autoridad deliberativa de un concilio ecuménico, que es estrictamente colegial y universal, y como tal, una forma extraordinaria del ejercicio del ministerio episcopal. Una asamblea episcopal deliberativa permanente a nivel universal es problemática desde el punto de vista dogmático, ya que el Señor instituyó a San Pedro y a sus sucesores como jefes supremos universales ordinarios de la Iglesia, y no a todo el episcopado. Las asambleas deliberativas sinodales cuasipermanentes entrañarían los efectos negativos del conciliarismo, que ya conoció la Iglesia en el siglo XV.

Instrumentum laboris

Excelencia, lo que decía el Instrumentum laboris ha conseguido llegar al documento final (nº3). Durante el Sínodo, el Instrumentum fue objeto de numerosas críticas por varias razones, siendo la principal su carácter excesivamente sociológico. Contenía también el acrónimo LGBT, usado por el lobby homosexual y tan cargado de connotaciones. Uno de los padres del Sínodo, que según se dice hablaba en nombre de muchos obispos, dijo que esperaba que el documento final muriera para que germinase y creciese uno nuevo. ¿Qué piensa de que se haya incluido el instrumentum laboris en el documento final?

El acrónimo LGBT es un ardid empleado en la campaña mundial de propaganda para promover la ideología homosexual y la legitimación de las actividades homosexuales. Utilizar de forma neutra y acrítica tal acrónimo en un documento de la Santa Sede es inaceptable, y demuestra de por sí una especie de colaboración entre la Santa Sede y la dictadura de la ideología totalitaria homosexual de nuestro tiempo. Incluir el instrumentum laboris en el documento final es una forma fraudulenta de aprobar disimuladamente el inaceptable acrónimo político LGBT.

Sexualidad

El párrafo que encontró más oposición en los padres sinodales fue el nº 150; votaron en contra 65 de un total de 248. ¿Cómo evalúa el nº 150, en particular su uso de la expresión orientación sexual, y su apelación a «una elaboración antropológica, teológica y pastoral más profunda» de la sexualidad?

La referencia a la Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales permite interpretar correctamente la expresión orientación sexual. De todos modos, es sabido y bastante demostrable que hoy en día la expresión orientación sexual es sumamente ambigua, y que es utilizada más que nada por el brazo ideológico propagandístico del lobby homosexual y las Naciones Unidas. El Catecismo de la Iglesia Católica emplea la expresión tendencias homosexuales, que expresa de forma más apropiada las diversas inclinaciones morales y psicológicas desordenadas, o la concupiscencia debida al pecado original. La palabra orientación supone una realidad positiva, una aspiración positiva, y no debe por tanto emplearse para referirse a una tendencia homosexual.

Para el verdadero católico, y cuanto más para el Magisterio, una elaboración antropológica, teológica y pastoral más profunda de la sexualidad sólo puede significar lo siguiente: manifestar con más claridad la verdad revelada sobre la sexualidad humana, tal como Dios la ha concebido y creado, y tal como las Sagradas Escrituras y la Tradición de la Iglesia la han enseñado invariablemente, siempre con el mismo valor y sentido. Tal elaboración más compleja incluiría necesariamente la valoración de la virtud de la castidad.

Lamentablemente, al documento final del Sínodo para los Jóvenes le falta una clara afirmación católica de la castidad. Espiritualmente habría sido muy beneficioso para la juventud que el documento final hubiera citado declaraciones sobre la castidad, como la siguiente de Juan Pablo II: «La verdadera felicidad exige entereza y espíritu de sacrificio, rechazo de cualquier componenda con el mal y disposición a pagar personalmente, incluso con la muerte, la fidelidad a Dios y a sus mandamientos. ¡Qué actual es este mensaje! Hoy se exaltan a menudo el placer, el egoísmo o incluso la inmoralidad, en nombre de falsos ideales de libertad y de felicidad. Es necesario reafirmar con claridad que se debe defender la pureza del corazón y del cuerpo, porque la castidad “custodia” el amor auténtico» (Juan Pablo II, Ángelus, domingo 6 de julio de 2003).

Sinodalidad

El nº 121 del documento finalsobre la forma sinodal de la Iglesia, suscitó igualmente una considerable oposición: 51 padres sinodales votaron en contra. Aunque apenas si se habló de la sinodalidad durante el Sínodo, ocupa un especio predominante en la tercera parte del documento final, lo cual sorprendió a muchos de los padres. Algunos han pensado en la posibilidad de que se sirvan de la sinodalidad para introducir doctrinas heterodoxas. ¿Qué opiniones e inquietudes le suscita la importancia concedida por el documento final a la sinodalidad?

Que a un tema estrictamente eclesiológico y algo clerical como la sinodalidad se le conceda tanta importancia en un documento sinodal sobre la atención pastoral a los jóvenes deja estupefacto, y es sospechoso. La verdad es que algunos altos miembros de la jerarquía se sirvieron del Sínodo de los Jóvenes –y por tanto de los jóvenes buenos,   de los pobres chicos– para promover sus fines personales de aumentar su autoridad para tomar decisiones en la Iglesia e introducir sus ideologías personales en la vida de ésta, justificando sus objetivos con vagas referencias a los Padres de la Iglesia.

Resulta irónico que el nº 121 del documento final mencione a San Juan Crisóstomo en apoyo de la sinodalidad, cuando precisamente a San Juan Cristóstomo lo condenó la sinodalidad, es decir, un sínodo de obispos. La verdad es que la condenación sinodal de San Juan Crisóstomo citó los cánones del sínodo arriano de Antioquía, el cual a su vez había condenado a San Atanasio.

Dos de los más grandes Padres y Doctores de la Iglesia, San Atanasio y San Juan Crisóstomo, fuero víctimas de la sinodalidad. Fueron condenados por sínodos. Hoy en día San Juan Crisóstomo y San Atanasio, junto con San Ambrosio y San Agustín, están representados en las monumentales estatuas que sostienen la cátedra de San Pedro en el ábside de la basílica homónima en Roma.

Es más, sabemos de sobra lo que pensaba de la sinodalidad San Gregorio Nacianceno, uno de los mayores teólogos entre los Padres de la Iglesia; afirmó: «Estoy resuelto a evitar toda reunión de obispos, porque nunca he visto un sínodo que termine bien o que solucione dificultades en vez de agravarlas» (Epístola a Procopio). Promover el tema de la sinodalidad en el documento final, despreciando los auténticos métodos sinodales –ya que el tema no se debatió a fondo en al aula sinodal ni hubo tiempo para leer el texto final, que los obispos sólo pudieron leer en italiano– es una demostración de clericalismo rabioso. Semejante clericalismo sinodal aspira a transformar la vida de la Iglesia en una especia de parlamento mundial de estilo protestante en el que constantemente se debaten y votan cuestiones que no pueden someterse a voto.

El papel de la mujer en la Iglesia

Se ha citado también el nº 148, sobre la función de la mujer en la Iglesia, como uno de los pasajes más controvertidos del documento final. Una fuente cercana al Sínodo afirmó que cuando ese párrafo habla de la presencia de la mujer «en los cuerpos eclesiales en todos los niveles» altera la naturaleza apostólica de la Iglesia y supone un hondo rechazo a las intenciones de Cristo en lo que se refiere a la dirección episcopal, además de socavar la paternidad espiritual de los sacerdotes. ¿Está de acuerdo? ¿Le parece que existen medios legítimos por los que la Iglesia puede aumentar la presencia de la mujer en el proceso de toma de decisiones? ¿Dónde estarían los límites?

La inclusión del tema de la función de la mujer en la Iglesia en el debate sinodal y el documento final es prueba una vez más de cómo se ha abusado de los pobrecitos jóvenes, por parte de altos miembros de la jerarquía que quieren crear otra Iglesia, que quieren facilitar a la ideología antifemenina del feminismo una plataforma para actuar dentro de la Iglesia. A una verdadera católica no le gusta tener capacidad de decisión en las normas de la Iglesia, ni en temas que por su propia naturaleza corresponden a la jerarquía divinamente establecida. Una verdadera católica detesta la lucha por el poder en la vida de la Iglesia. La capacidad decisiva con mayor alcance que ejerce la mujer católica en la vida de la Iglesia es el ejercicio de la maternidad en la familia. ¿Puede haber mayor capacidad de decisión que la de la madre que forma a un futuro santo sacerdote, a un futuro santo obispo, a un futuro santo pontífice? ¿Puede haber una capacidad más tremenda que la de la joven que se consagra a la vida religiosa como Esposa de Cristo, y que con su vida consagrada en el claustro representa el corazón de la Iglesia? También hay, por supuesto, santas Doctoras de la Iglesia. Las conocemos: Santa Hildegarda de Bingen, Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Ávila y Santa Teresita del Niño Jesús, eso sin hablar de otras dos patronas de Europa: Santa Brígida de Suecia y Santa Teresa Benedicta de la Cruz. Enseñaron a la Iglesia con lo que habían recibido de ella, no con sus propias ideas. Y pudieron hacerlo mediante su vida contemplativa, su vida de santidad y amor a la integridad de la doctrina de la Iglesia.

En épocas de gran tribulación en la vida de la Iglesia, y por amor a la Iglesia, hubo santas mujeres que no vacilaron en alzar la voz para corregir filialmente a prelados y pontífices. Mientras que en muchos casos los sacerdotes fueron cobardes y optaron por no corregir como debían a las altas jerarquías, temiendo por su futuro profesional. Las santas arriba mencionadas no formaban parte de cuerpos deliberativos de la Iglesia de sus épocas respectivas. No metamos a las católicas en cuerpos deliberativos clericales, porque perderán la libertad para corregir públicamente los abusos de los clérigos y filialmente a los altos mandos de la jerarquía. Lo que necesitamos no son mujeres clericalizadas que se integren a la burocracia eclesial. La Iglesia de nuestro tiempo necesita con urgencia hildegardas y catalinas de Siena, santas nuevas que con sabiduría y oración contribuyan a que se entienda más a fondo la Fe y tengan valor para amonestar a los sacerdotes negligentes y abusivos sea cual sea su nivel.

Conciencia

¿Qué le parece lo que dice el documento final sobre la conciencia? (V. nº 107-109)

La afirmación sobre la conciencia que hace el documento final en los números 107 a 109 refleja la doctrina de la Iglesia y es bastante aceptable. Eso sí, para entender mejor lo que es la conciencia habría sido preferible que el documento mencionase también los peligros de los errores de conciencia y los obstáculos para una conducta rectamente formada. Habría resultado muy beneficioso para los jóvenes que el documento final hubiera incluido explicaciones como por ejemplo la del beato John Henry Newman: «El sentido del bien y del mal, que es el primer elemento de la religión, es tan frágil, tan irregular, tan fácil de confundir, enturbiar y pervertir, tan sutil en su argumentación, tan moldeable por la educación, tan sesgado por el orgullo y las pasiones y tan imprevisible en su rumbo que, en la lucha por la existencia en los combates y triunfos del intelecto, que se puede decir que ese sentido es a la vez el más sabio de los maestros y el menos perspicaz. La conciencia no es una previsión egoísta ni el deseo de ser coherente consigo mismo» (Carta al Duque de Norfolk).

Abusos sexuales

¿Qué opina de la manera en que enfoca el documento final la crisis de los abusos sexuales que ha afectado en particular a ciertas zonas del mundo (V. párrafos 29-31)? El arzobispo Charles Chaput ha declarado que trata el tema de forma insuficiente y decepcionante y que las autoridades eclesiásticas de países no afectados por esta crisis «evidentemente no entienden su alcance y gravedad». «El texto tiene muy poco de sincera petición de perdón», y el clericalismo «es parte del problema de los abusos, pero no es ni mucho menos el tema principal para muchos laicos, sobre todo los padres».

Estoy de acuerdo con las observaciones de monseñor Chaput. El documento desde luego se queda corto en cuanto a la cuestión de los abusos sexuales en la vida de la Iglesia. La herida más dolorosa, y una de las más profundas en el cuerpo de la Iglesia –el abuso de menores y adolescentes por parte de sacerdotes– no se menciona específicamente; quedó ocultado tras una enumeración de abusos, como abuso de los jóvenes, abuso de poder, abuso de conciencia, abusos económicos, etc.

El texto evita el tema central y no pone el dedo en la llaga. No hablar del hecho probado de que la homosexualidad ha sido decisiva en los casos de abusos de menores, o bien es engañoso u obedece a motivaciones ideológicas, como puede ser proteger la homosexualidad, o a motivaciones políticas, como ser políticamente correcto, querer respetar la opinión generalizada que niega la relación entre la homosexualidad y los abusos sexuales a menores.

Según un estudio reciente, el Instituto Ruth de Luisiana aportó pruebas fehacientes de la relación entre los abusos sexuales contra menores y la homosexualización del clero. De acuerdo con dicho estudio, el 78% de los menores que fueron objeto de abuso no eran niños, sino adolescentes varones que ya no eran  púberes . El documento del Sínodo de los Jóvenes de 2018 pasará sin duda a la historia como una grave omisión por parte de la jerarquía, que no reconoció una de las causas principales de los abusos contra menores y adolescentes, la homosexualidad en el clero. ¿Acaso esa negación de la evidencia en el documento sinodal no es una forma de clericalismo?

Elementos

¿Que elementos positivos encuentra en el documento final?

Por supuesto que el documento final tiene sus elementos positivos. Se podrían mencionar entre otros los siguientes:

La llamada a la santidad, sobre todo en el nª165.

Una hermosa y teológicamente correcta descripción de la Sagrada Liturgia en el nº134; la importancia del silencio, el asombro respetuos ante el misterio, etc.

La importancia de la oración, la contemplación, la adoración eucarística, la vida interior, las peregrinaciones y las devociones populares.

La necesidad de dar respuestas sobre nuestra Fe, citando 1ª de Pedro 3,15.

Que en el nº60 hable de que no hay que crear una nueva Iglesia.

Que en siete ocasiones mencione la gracia; lo malo es que la palabra acción aparece el doble de veces que gracia.

La importancia de la dirección espiritual.

Que mencione la ascesis y el combate espiritual, así como la formación de la conciencia.

La oración por las vocaciones.

La hermosa conclusión en el nº167.

Omisiones y expresiones tendenciosas

¿Le gustaría añadir algo más, Excelencia?

Para evaluar un documento es preciso tener en cuenta las omisiones y las expresiones tendenciosas. Esas omisiones y palabras tendenciosas reflejan una ideología concreta. La verdad es que el planteamiento básico del documento manifiesta cierta tendencia al naturalismo, antropocentrismo, ambigüedad doctrinal, un sentimentalismo vago y subjetivismo. Esa tendencia se puede calificar inequívocamente de neopelagianismo disfrazado de clericalismo.

Por ejemplo, hay que tener en cuenta las siguientes omisiones, que son muy elocuentes: no aparecen palabras como sagrado, santo, sólido, eterno, eternidad, sobrenatural, cielo (en el sentido de vida eterna), triunfar, resistir, defender, soldado, victoria, meta, virtud (en el sentido teológico), alma (pero cuerpo aparece 19 veces), verdad (no en el sentido teológico ni el metafísico, sino en cuanto a las relaciones psicológicas y humanas), objetivo, objetividad, claro, convicción, ley de Dios, observancia, mandamientos, penitencia, obediente, obediencia, martirio (en el sentido de dar la vida por la Fe católica y por Jesucristo), reverencia y respeto a Dios.

Y aparecen los siguientes términos tendenciosamente empleados: humano (20 veces, mientras que divino sólo aparece 2), cuerpo (19 veces; alma ni una), historia (15 veces), experiencia (52 veces), libertad (38 veces), acción y actividad (25 veces, pero gracia sólo 7), Tierra (6 veces), ecología (3 veces), sinodal y sinodalidad (105).

Parece mentira que las siguientes citas bíblicas, las más indicadas para la formación de los jóvenes, brillen por su ausencia en el documento final:

Acercósele un joven y le dijo: Maestro, ¿qué obra buena he de realizar para alcanzar la vida eterna? (,..) Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos (Mt.19, 16-17).

Si sólo mirando a esta vida tenemos la esperanza puesta en Cristo, somos los más miserables de todos los hombres (1 Cor.15,19)..

Yo corro no como a la ventura; así lucho no como quien azota al aire (1 Cor.9,26).

Arraigados y fundados en Él, corroborados por la fe (Col. 2,7).

Huye las pasiones juveniles y sigue la justicia (2Tim, 2,22).

La fe es la garantía de lo que se espera, la prueba de las cosas que no se ven (Heb. 11,1).

(Que) estéis afianzados en la verdad que al presente poseéis (2 Pe. 1,12).

Esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe (1 Jn.4,4).

La voz intemporal de la Iglesia

Las siguientes palabras de Juan Pablo II y de Pío XII reflejan la voz intemporal de la Iglesia para instruir a los jóvenes. Son intemporales en cuanto a contenido y en cuanto a lenguaje:

«¿Qué he de hacer para alcanzar la vida eterna? (…) ¿No somos nosotros la generación a la que el mundo y el progreso temporal llenan completamente el horizonte de la existencia? (…) Cuando nos ponemos ante Cristo, cuando Él se convierte en el confidente de los interrogantes de nuestra juventud, no podemos poner una pregunta diversa de la del joven del Evangelio: “¿Qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?”. Cualquier otra pregunta sobre el sentido y valor de nuestra vida sería, ante Cristo, insuficiente y no esencial. (…) Hemos de suponer que en este diálogo que Cristo sostiene con cada uno de vosotros, jóvenes, se repita la misma pregunta: ¿Sabes los mandamientos? Ésta se repetirá infaliblemente, porque los mandamientos forman parte de la Alianza entre Dios y la humanidad. Los mandamientos determinan las bases esenciales del comportamiento, deciden el valor moral de los actos humanos, permanecen en relación orgánica con la vocación del hombre a la vida eterna, con la instauración del Reino de Dios en los hombres y entre los hombres. (…) Si es necesario, sed decididos en ir contra la corriente de las opiniones que circulan y de los slogans propagandísticos. No tengáis miedo del amor, que presenta exigencias precisas al hombre. Estas exigencias –tal como las encontráis en la enseñanza constante de la Iglesia– son capaces de convertir vuestro amor en un amor verdadero» (Juan Pablo II, Carta apostólica Dilecti Amici a los jóvenes del mundo, 31 de marzo de 1985).

«Jóvenes católicos: Esto es lo que queréis ser, y serlo plenamente. Con vuestra fe firme, viva y activa os oponéis a la irreligiosidad y descreimiento que os rodea. Vuestra fe sólo podrá ser firme y luminosa si la conocéis, no de una manera superficial y confusa, sino clara e íntima. Vuestra fe será viva si vivís conforme a sus  máximas  y observáis los mandamientos de Dios. El joven que santifica las fiestas contra viento y marea, que frecuenta la Eucaristía, que es fiel y sincero, siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesite, que respeta a las muchachas y a las mujeres y tiene fuerzas para cerrar los ojos y el corazón a cuanto sea impuro en libros, fotografías y películas, demuestra claramente que tiene verdadera fe. Fijaos bien en que si la fe no es viva ni siquiera es activa. Si hay muchos que con frecuencia hacen grandes esfuerzos en pro de las empresas del Maligno, ¡cuánto más empeño no deberéis poner vosotros por la causa de Dios, de Cristo, de la Iglesia! Jóvenes católicos: Sed hombres de espíritu sobrenatural para quienes la unión con Cristo, la gloriosa resurrección y la vida eterna tienen más valor que todo lo humano. El mundo católico tiene en sí una fuente inagotable de prosperidad y bien aun en el campo de la vida terrena, precisamente porque sitúa lo eterno por encima de los temporal. Si no fuera así, se extinguirían sus fuerzas (…) En nuestro tiempo, la humanidad ha oído el mensaje de la inversión de los valores (…) Precisamente en estos años de trastornos económicos y sociales los valores religiosos y eternos han demostrado eficazmente su absoluta indestructibilidad; Dios y su ley eterna; Cristo y su Reino de verdad y gracia; la familia cristiana, han sido siempre los mismos y siempre han constituido la columna vertebral y la medida de todo orden económico y público; la cierta y grata esperanza del otro mundo, de la resurrección y la vida eterna» (Discurso de Pío XII a los jóvenes de la Acción Católica italiana, 12 de septiembre de 1948).

Es de lamentar que el primer sínodo de la Iglesia para los jóvenes no cite una importante obra de aquel gran santo y doctor de la Iglesia que fue San Basilio, y que habla de los jóvenes en concreto. Vale la pena citar esta obra patrística, al menos las siguientes afirmaciones, que son intemporales y de rabiosa actualidad para los jóvenes de hoy. Dice San Basilio:

«Nosotros, hijos míos, sostenemos que esta vida humana no vale absolutamente nada y de ningún modo consideramos ni calificamos de «bueno» nada que nos reporte la plena satisfacción pero sólo restringida a aquella. (…) En nuestras esperanzas vamos más lejos y todo lo hacemos en preparación de la otra vida (…) Si uno con el pensamiento reúne a la vez y agrupa en conjunto toda la felicidad desde que existen seres humanos, no la encontrará equivalente ni siquiera a la parte más pequeña de aquellos bienes, sino que la totalidad de las lindezas de aquí por su valor se queda más lejos del más minúsculo de aquellos de lo que la sombra y el sueño lo están de la realidad. Es más, para servirme de un ejemplo más apropiado, tanto cuanto el alma es en todo más preciada que el cuerpo, tan grande es la diferencia entre una y otra vida. (…) [Hay que] hacer de la recta razón guía de la vida: en consecuencia, aunque haya que contradecir a toda la humanidad, tener mala fama y correr peligros en favor del bien, no se elegirá apartarse en nada de lo que se juzga correcto» (San Basilio de Cesarea, A los jóvenes, cap. 2 y 9).

El documento final del Sínodo para los Jóvenes no les da, en sentido figurado, pan casero sano y nutritivo, mediante una auténtica formación doctrinal, espiritual y pastoral en cuanto a contenido y lenguaje; metafóricamente, podríamos llamarlo limonada excesivamente edulcorada. La limonada dulce no es del gusto de todos ni para todo momento, mientras que el pan saludable y nutritivo es un alimento de sabor imperecedero que fortalece de verdad. Como lo fueron los documentos magisteriales auténticos de la Iglesia durante más de dos mil años, porque reflejaban fielmente y sin ambigüedad en su contenido y su lenguaje la inmutable Tradición de la Fe católica, de la cual dan testimonio privilegiado los Padres y Doctores de la Iglesia, así como innumerables jóvenes mártires y confesores.

(Traducido por Bruno de la Inmaculada. Artículo original: LifeSiteNews)

Mons. Athanasius Schneider

Anton Schneider nació en Tokmok, (Kirghiz, Antigua Unión Soviética). En 1973, poco después de recibir su primera comunión de la mano del Beato Oleksa Zaryckyj, presbítero y mártir, marchó con su familia a Alemania. Cuando se unió a los Canónigos Regulares de la Santa Cruz de Coimbra, una orden religiosa católica, adoptó el nombre de Athanasius (Atanasio). Fue ordenado sacerdote el 25 de marzo de 1990. A partir de 1999, enseñó Patrología en el seminario María, Madre de la Iglesia en Karaganda. El 2 de junio de 2006 fue consagrado obispo en el Altar de la Cátedra de San Pedro en el Vaticano por el Cardenal Angelo Sodano. En 2011 fue destinado como obispo auxiliar de la Archidiócesis de María Santísima en Astana (Kazajistán), que cuenta con cerca de cien mil católicos de una población total de cuatro millones de habitantes. Mons. Athanasius Schneider es el actual Secretario General de la Conferencia Episcopal de Kazajistán.
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