Un proyecto inviable

El papa Benedicto XVI ha partido rumbo a la eternidad. Como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, más tarde como papa reinante y por último como papa emérito, ha dejado sin duda huella en la Iglesia y en la sociedad. La Fraternidad San Pío X ha tenido con él relaciones largas y complejas en las diversas etapas de sus obligaciones eclesiásticas. Aunque no estemos de acuerdo con todo lo que hizo, en particular con las justificaciones alegadas, podemos pasar por alto en silencio dos actos que señalaron sdu pontificado en ese sentido: el motu proprio Summorum Pontificorum de 2007 y el levantamiento de las excomuniones en 2009.

Por lo que se refiere a a la crisis que atraviesa hoy la Iglesia, el proyecto de Joseph Ratzinger, convertido en Benedicto XVI, queda claramente sintetizado en su discurso a la Curia del 22 de diciembre de 2005: a lo que él denomina hermenéutica de la ruptura, contrapone la hermenéutica del progreso y la continuidad, que pretende integrar armónicamente todos los aportes del Concilio con la Tradición milenaria de la Iglesia. Tal proyecto se concreta de forma lograda en el Catecismo de la Iglesia Católica aparecido en 1992, cuyo artífice tras las bambalinas fue sin duda Joseph Ratzinger.

Con todo, semejante proyecto presenta tres dificultades importantes.

La primera es que quienes han interpretado e implementado el Concilio Vaticano II son los mismos que desearon y realizaron el Concilio; para empezar, el papa Pablo VI. Sería sorprendente, y hasta inverosímil, que se hubieran desviado de su intención original.

La segunda es la fragilidad del proyecto, hoy contradicho sin problema y hasta demolido sistemáticamente por su sucesor.

Y la tercera afecta al fondo mismo de la cuestión y explica las dos primeras. En los propios textos conciliares (no sólo en el Concilio virtual creado por los medios del que hablaba el papa emérito) hay afirmaciones que no son compatibles en modo alguno con la Tradición milenaria y combinadas con ella forman una mezcla explosiva que está causando estragos en la Iglesia. Concretamente, en lo relativo al ecumenismo, el diálogo interreligioso, la colegialidad, la libertad religiosa y la liturgia, será imprescindible hacer un profundo examen crítico sin pasar por alto algunas propuestas del Concilio que son cuando menos arriesgadas.

La manida expresión de hermenéutica del progreso en la continuidad no podrá eliminar los elementos objetivos de la discontinuidad.

Padre Benoît de Jorna
Superior de distrito de Francia de la FSSPX

(Traducido por Bruno de la Inmaculada. Artículo original)

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