Es increíble que estemos viviendo tiempos en los que un cardenal de la Iglesia romana y Prefecto de la Congregación para el Culto Divino es objetado y humillado públicamente. No conozco al cardenal Sarah personalmente, pero por sus escritos, sospecho que está utilizando su humillación de manera espiritualmente provechosa. Uno se asombra ante la falta de un sentido de preocupación paternal y de misericordia en el Año de la misericordia.

Parece que no hay límite a las sandeces que el padre Lombardi se permite escupir en defensa de lo indefendible. Esperamos que una vez que deje este fardo de lado, cosa que hará muy pronto, pueda regresar a proyectos más beneficiosos espiritualmente. En la clarificación se oyó muy clara la ideología detrás del repudio de la exhortación del cardenal Sarah a regresar a la postura tradicional del sacerdote en la misa. Es una ideología que durante muchos años impidió a la Iglesia restaurar la vida litúrgica de la Iglesia necesaria para la misión de la Iglesia en el mundo. Es una ideología que no tiene fundamento en la tradición y de hecho rompe con ella. Cualquiera que crea que la misa de Pablo VI es una continuación del rito romano de tradición católica debe salir más a tomar aire fresco.

El corazón de la ideología que dirige la reforma post-conciliar de los libros litúrgicos es la destrucción de la visión tradicional de la misa como sacrificio, más precisamente, la re-presentación del sacrificio en el Calvario, la ofrenda del Hijo al Padre. Sin el canon romano, que los reformadores intentaron descartar por completo, en las tres nuevas oraciones eucarísticas no se evidencia que la misa sea un sacrificio. Lo que se juega en la insistencia sobre el versus populum es la propia naturaleza de la misa. La mayoría de los católicos de hoy cree que la misa es una cena comunitaria y que el trabajo del sacerdote es decir las palabras que convierten el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo para la sagrada comunión. La misa es para ellos. El sacerdote mirando al pueblo suscita rápidamente esta visión y ejecuta una experiencia fuertemente horizontal de la misa. La casi universal práctica de ponerse en fila para recibir la comunión en la mano como si se estuviera esperando turno para coger jamón en una recepción es el resultado de una represión deliberada de la comunión en la boca y de rodillas y de decirle a la gente que de pie y en la mano es la única manera de recibir la sagrada comunión después del Vaticano II. Puras tonterías. Pura ideología.

La defensa de la celebración versus populum del p. Lombardi no contenía sustancia excepto ideología. Es vergonzoso que utilice la Instrucción General 299 del misal romano (IGMR) como sustento del versus populum como norma necesaria. Se ha escrito mucho sobre el significado del latín en esta sección del IGMR, bastante alejado de la traducción al inglés. Hablo como profesor de latín durante muchos años, e insistiría en que no hay manera de deducir del 299 que todas las celebraciones de la misa deben hacerse de cara al pueblo. Esa famosa “prisión” que introduce la cláusula relativa no puede de ninguna manera referirse a la celebración de la misa versus populum.  La traducción al inglés ha sido incorrecta desde el principio, o antes bien, desde que esa cláusula fue añadida. Además, la Congregación para el Culto Divino rechazó en septiembre de 2000 la interpretación de 299 que tornó obligatorio el altar independiente y por lo tanto tornó obligatorio el versum populum.

Más aún, las propias rúbricas del misal de Pablo VI suponen que el sacerdote celebra ad orientem. Es angustiante tener que repetir esto todo el tiempo, pero el hecho es que la mayoría de nuestros obispos quizás nunca hayan leído las rúbricas en inglés, mucho menos en latín. En la “Orate fratres”, la rúbrica dice: Stans postea in medio altaris, versus ad populum….La traducción fácil y obvia es: Después, de pie en el centro del altar y tornando hacia el pueblo… ¿Por qué debiera tornarse hacia el pueblo si ya se encuentra frente a él?  Hay otros ejemplos donde la rúbrica pide al sacerdote que se vuelva hacia el pueblo. Y nuevamente, es agotador tener que dar estas explicaciones otra vez. Pero después de lo que pasó con el repudio del cardenal Sarah por parte de los que ostentan el poder, debemos ensayar ciertos hechos y mostrar que es pura ideología la que provocó y continúa provocando la intensa hostilidad hacia la visión tradicional de la misa como santo sacrificio (a pesar de un discurso piadoso sobre el santo sacrificio).

Mucho de lo que está sucediendo y del por qué se está permitiendo que suceda tiene que ver con una papolatría fuera de control. Lo irónico es que el concilio Vaticano II introdujo y habló brillantemente sobre la colegialidad vis a vis los obispos y el Papa, pero la realidad después del concilio es la de un papado altamente centralizado cuyo poder pareciera no tener límites. Parece haber una interminable especulación sobre la renuncia de Benedicto XVI. Quizás comprendió que el poder del papado y la autoridad del papado son dos cosas completamente diferentes, y que es enteramente posible renunciar al poder y mantener la autoridad porque, como alguien dijo, el poder viene del cargo, la autoridad se gana. Algo para reflexionar. Pero en el contexto actual, afirmar tal como hizo el p. Lombardi, que la ‘forma extraordinaria’ no debe o no puede jamás reemplazar la ‘forma ordinaria’, no tiene fundamento en el Summorum Pontificum, ni en el pensamiento racional, ni en ningún documento magisterial.

¿Qué se puede hacer sobre este episodio vergonzoso?  No mucho, excepto orar. Orar, sí. Y mucho. Pero en cuanto a mí y mi rebaño, seguiremos adorando a Dios en el santo sacrificio de la misa, no mirándonos los unos a los otros del otro lado de una mesa sino, en cambio, mirando todos juntos hacia el Señor.

padre Richard G. Cipola

[Traducción de Marilina Manteiga. Artículo Original]

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