Cuando nos adentramos a indagar en el Mundo de Dios, suelen ser los pequeños detalles los que nos brindan sorpresas. Consideren la reacción de la mayoría de las personas bíblicas cuando se encuentran con criaturas divinas tales como ángeles, sin mencionar al Mismísimo Creador. Al reconocer que se toparon con lo sobrenatural, casi invariable e inmediatamente caen al suelo en adoración [1]. Esto nos brinda algunas percepciones. Primero, en las culturas antiguas era costumbre inclinarse o postrarse ante alguien de mayor autoridad como signo de respeto y sumisión [2]. Y además revela el conocimiento innato de nuestras almas de haber sido creados para nuestro Creador así como el desear unirnos a Él, pero siendo infinitamente indignos de Él. Nuestras almas reconocen nuestra indignidad y la manifestación de este reconocimiento es inclinarnos hacia el suelo en adoración.

¿Cegarse?

¿Cuál es nuestra reacción al encontrarnos con Dios? ¿Acaso nos encontramos con el Dios trino como lo hacían las personas bíblicas?

Todo creyente católico admitiría que nos encontramos plenamente con Él en la eucaristía al menos semanalmente. Parecería en este caso que tenemos suficiente evidencia empírica como para determinar la disposición de los católicos de hoy al encontrarse con Jesús cara a cara. En la mayoría de las parroquias norteamericanas se ve a la mayor parte de los asistentes de pie delante del sacerdote o de los ministros extraordinarios de la comunión, extendiendo sus  manos para recibir a Jesús. Este es un fuerte contraste con lo que vemos en aquellos de la Biblia.

Ahora surge una pregunta. ¿Esas personas de la Biblia solo se inclinan ante sus viejas normas sociales o están expresando la dulia reservada a las creaturas que tienen la visión beatífica y, más importante aún, la latria debida a Dios? Pareciera que estaban expresando la debida reverencia, la debida adoración. ¿Por qué los católicos de hoy no ofrecen el mismo nivel de adoración a nuestro Salvador hecho carne en la eucaristía?

Cambio a la mano

¿Por qué instituyó la Iglesia la práctica de la comunión en la mano? ¿Por qué invadió a toda la Iglesia en tan poco tiempo?

Este cambio se produjo debido a la negligencia de los obispos holandeses poco después del Vaticano II. La comunión de pie y en la mano había sido hasta entonces una idea protestante implantada durante la Revolución. Después del Vaticano II, la práctica comenzó a ser utilizara en las parroquias de Holanda sin ser detenida por la Conferencia Episcopal. Este abuso se extendió a Alemania, Francia y Bélgica. Dado que se estaba generalizando, el papa Pablo VI encargó a los obispos del mundo responder preguntas acerca de esta práctica. Con la respuesta de los obispos, el Papa promulgó la Instrucción Memoriale Domini (29 de mayo, 1969). Esta instrucción incluía lo siguiente:

  • Los obispos del mundo estaban totalmente en contra de este cambio.
  • La forma tradicional de distribuir la comunión debía ser mantenida.
  • El cambio podía conducir a irreverencia, profanación y la adulteración de la correcta doctrina.

Incluso en la conclusión del documento instó a los obispos del mundo a que mantuvieran la antigua práctica por el bien de toda la Iglesia.

Por lo tanto es llamativo que el papa Pablo VI permitiera a continuación y por razones “pastorales” un indulto a esta práctica. Podían solicitar este indulto los países que ya tenían esa práctica y una mayoría de dos tercios. Fue otorgado inmediatamente a Holanda, Francia, Alemania, y Bélgica, y hacia fines de la década de 1970 ya se había desparramado por el globo como la norma para recibir la comunión en la Iglesia Católica.

El argumento principal utilizado para defender este cambio de práctica fue el “ressourcement” (renovación) — la noción de que la Iglesia estaba volviendo a la práctica de los primeros cristianos. Examinemos este argumento.

Recepción de la Comunión en la Historia de la Iglesia

La Iglesia Primitiva

¿Cómo recibían la comunión los primeros cristianos? Es una pregunta difícil. La Iglesia primitiva (antes del año 313) estaba prohibida y fue perseguida durante mucho tiempo. No fue hasta que Constantino publicó el Edicto de Milán que la Iglesia comenzó a tener cierta estabilidad. Incluso entonces, los cristianos eran ampliamente perseguidos. Por esta razón no hay en existencia o que hayan sobrevivido muchos documentos sobre las prácticas litúrgicas de los primeros cristianos. El Didache (96 A.D.) no menciona la forma de recibirla — solo que ciertamente la recibían el día del Señor. Sin embargo, hay pistas interesantes que podemos descubrir al observar el Antiguo Testamento. Estas pistas podrían brindar ideas útiles acerca de cómo los primeros cristianos podrían haberla recibido.

En primer lugar, los tres mayores profetas del Antiguo Testamento recibieron la Palabra de Dios en sus bocas al comenzar su ministerio [3]. Además, los judíos no sabían acercarse a lo sagrado. La historia de Oza viene a la mente [4]. Solo los Levitas, que eran consagrados por Dios, podían tocar el Arca de la Alianza [5]. Sabiendo esto, pareciera legítimo preguntarse si los apóstoles, los (obispos) consagrados por Jesús, habrán permitido a los miembros no consagrados de la Iglesia tocar el cuerpo, sangre, alma, y divinidad de nuestros Señor en la eucaristía. Si bien este argumento no es contundente, demuestra que es razonable sostener que los primeros cristianos pudieron haber recibido la comunión en la boca [6].

Era Patrística y Medieval

Avanzando hacia la Era Patrística y la Era Medieval, de las que tenemos documentación más extensa,  podemos establecer de manera más definitiva el modo de recepción de la comunión que se practicaba en la Iglesia. Las siguientes citas muestran que en la Iglesia la norma era la comunión en la boca:

  • El concilio de Zaragoza (380): Excomúlguese a cualquiera que ose recibir la Sagrada Comunión en sus manos. El Sínodo de Toledo (400) confirma esta sentencia.
  • Papa San León Magno (440–461): “Hoc enim ore sumitur quod fide creditur” traducido como “Esta es ciertamente recibida por la boca, cosa que creemos por medio de la fe” [7].
  • El 6to Concilio Ecuménico, en Constantinopla (680-681): Prohíbase a los creyentes tomar la Sagrada Hostia en sus manos, excomulgando a los transgresores.
  • El Sínodo de Córdoba (839): condenó la secta de los llamados «casianos» por rehusarse a recibir la Sagrada Comunión directamente en la boca [8].
  • El Sínodo de Rouen (878) decía: “En manos de ningún laico, hombre o mujer, debe ser puesta la Eucaristía, sino solamente en la boca.”

En forma más indirecta, las siguientes citas también demuestran la práctica de la comunión en la boca en la Iglesia. Se deduce de esta premisa que, si los recipientes y las manos del sacerdote que toca la eucaristía deben estar consagrados, no debieran ser colocadas en las manos de los laicos.

El papa San Sixto I (circa 115): “Las Sagradas Especies no son para ser manipuladas por otros que no estén consagrados al Señor” [9].

Santo Tomás de Aquino (1225–1274): “por reverencia a este Sacramento, nada lo toca sino lo que está consagrado, ya que el corporal y el cáliz están consagrados, e igualmente las manos del sacerdote para tocar este Sacramento” [10].

La Posición Contraria

Todo individuo que plantee un argumento en favor de un asunto de fe, moral, o tradición, debiera plantear un fuerte argumento en la posición contraria para no caer en un sesgo por confirmación o un argumentum ad logicam (subterfugio). Por eso me gustaría considerar algunos de los textos utilizados para respaldar la comunión en la mano, relacionados con el ressourcement, dado que es usualmente el principal argumento en favor de la comunión en la mano.

San Cirilo de Jerusalén (350)

“Cuando te acerques a comulgar, haz con tu mano derecha un trono a tu mano izquierda que recibirá al Rey.  En el hueco de la mano recibe el cuerpo de Cristo, y responde Amén.” [11].

A primera vista, esta cita parece un argumento fuerte en favor de la práctica de la comunión en la mano durante la Era Patrística. Este fragmento proviene de una de las cinco catequesis de Pascua (mistagógicas) atribuidas a San Cirilo. Sus 18 catequesis para los catecúmenos que se preparaban para el bautismo son indiscutibles, pero hay un debate sobre si estas cinco catequesis subsiguientes han sido correctamente atribuidas al gran santo. El Dr. Taylor Marshall es un erudito que lo duda. Él plantea que algunos manuscritos no atribuyen estas catequesis a San Cirilo [12]. Más aún, él escribe que esta misma cita prosigue y menciona que el cuerpo de Cristo debiera ser acercado a los ojos y la frente y que el que lo recibe debiera tocar sus labios con la preciosísima Sangre de nuestro Señor [13].

Más aún, la misma Catequesis Mistagogica ofrece algunos textos bastante confusos para los promotores de la comunión en la mano:

“…no con las manos extendidas, sino doblándolas abajo, y con adoración y reverencia…”

“…cuidando de que nada se te pierda de él. Pues todo lo que se te caiga considéralo como quitado a tus propios miembros. Pues, dime, si alguien te hubiese dado limaduras de oro, ¿no las cogerías con sumo cuidado y diligencia, con cuidado de que nada se te perdiese y resultases perjudicado? ¿No procurarás con mucho más cuidado y vigilancia que no se te caiga ni siquiera una miga, que es mucho más valiosa que el oro y que las piedras preciosas?” [14].

Parece razonable dudar de la legitimidad de esta cita dado que tiene algunas afirmaciones confusas y extrañas sobre la recepción de la comunión y que algunos eruditos dudan que haya sido atribuida correctamente a San Cirilo de Jerusalén. No obstante, estoy dispuesto a conceder su autenticidad.

San Basilio (330–379)

Con frecuencia se utiliza a San Basilio como fuente para demostrar la existencia de la comunión en la mano durante la Era Patrística. Sin embargo, él sostiene claramente que recibir la comunión en la propia mano solo está permitido en tiempos de persecución o, como en el caso de los monjes en el desierto, cuando no hay diácono o sacerdote disponible para su entrega [15].

Otras obras

San Atanasio (298–373), San Cipriano (210–258), San Juan Chrisóstomo (349–407), y Teodoro de Mopsuestia (350–428) pueden atestiguar sobre la práctica de la comunión en la mano. San Atanasio se refiere al lavado de manos antes de la recepción. San Cipriano, San Juan Crisóstomo y Teodoro de Mopsuestia mencionan cosas similares, como la recepción en la mano derecha para pasar luego a adorarlo y besarlo[16].

No queda claro cuál era la práctica extendida desde los tiempos apostólicos hasta la publicación del Edicto de Milán (313). De estas obras uno puede ver claramente que la recepción de la comunión en la mano era practicada en la primera parte de la Era Patrística en la Iglesia (circa 313–400). Sin embargo, pareciera que hacia fines de los años 300 en adelante la comunión en la boca se volvía popular e iba a pasar a ser la norma para su recepción. La comunión en la mano había por tanto disminuido hacia el final de la Era Patrística y eventualmente traería consecuencias graves tales como la excomunión.

¿Por qué este cambio en la práctica hacia fines de la Era Patrística? Textos como los de San Cirilo de Jerusalén y Teodoro de Mopsuestia pueden darnos una clara idea. Mencionan el acercar el Cuerpo Eucarístico y la Sangre de Nuestro Señor a nuestros ojos, labios, y frente [17]. La Iglesia, con la inspiración del Espíritu Santo, creyó más adecuado cambiar la práctica por una adoración más apropiada de Nuestro Señor. La brasa ardiente del Serafín [18] era ahora la base para una correcta recepción litúrgica de la eucaristía. Otros factores que claramente han sido tenidos en cuenta fueron las posibles pérdidas de partículas de la eucaristía y el posible robo de hostias. Dado que la eucaristía es la “fuente y culmen de la vida cristiana” [19], se deduce que protegerla habría sido la primera y mayor preocupación de la Iglesia. Finalmente, la Iglesia vio en la práctica de la comunión de rodillas y en la boca una manera de incrementar la fe en la Presencia Real del Señor en la eucaristía. Una linda manera de confirmar esta afirmación es observar la Revolución Protestante. Zwingli y Calvino negaron la Presencia Real, y su solución para reducir la creencia en este dogma de fe fue introducir la comunión de pie y en la mano [20].

¿Qué debe hacerse?

No es extraño que la creencia en la Presencia Real haya caído en picada desde el Vaticano II. El Index of Leading Catholic Indicators (Índice de Principales Indicadores Católicos) de Kenneth C. Jones muestra la caída de todas las principales categorías estadísticas de la Iglesia Católica desde fines de la década de 1950 hasta mediados de la década de 1960 y hasta el año 2000. Podría decirse que estos números deben ser peores 20 años más tarde. También el nuevo estudio del Pew Research Center sobre la creencia de los católicos en la Presencia Real es abrumador. Sé que esta crisis no puede ser atribuida solamente al cambio en el modo de recibir la comunión, pero no puedo evitar pensar que tiene mucho que ver. Lex orandi, lex credendi no puede ser más evidente que en este punto particular.

La pregunta parece traer consigo una respuesta obvia: abolir la comunión de pie y en la mano en favor de la más reverente y apropiada, de rodillas y en la boca. ¡Devuelvan la barandilla al altar! El cardenal Sarah cree que una de las principales prioridades de Satanás sin dudas sería atacar la creencia en la Presencia Real. Es difícil discutir con su apreciación.

Dado que los indultos otorgados por la Santa Sede comenzaron en 1969 y no son infalibles por naturaleza, podrían ser fácilmente revocados. Haría falta cierta humildad para admitir que retornar a la comunión en la mano fue un error imprudente. La tradición de la Iglesia podría respaldar tal revocación. Hasta la documentación del Vaticano actual avalan la comunión en la boca por encima de la comunión en la mano.

Antes de concluir, consideremos una de las revelaciones privadas más populares de la Iglesia Católica. Fátima es muy conocida por su secreto de tres partes revelado por Nuestra Señora. Lo que no es tan sabido es el trato que le da a la eucaristía.

Cuando el ángel se apareció en Loca do Cabeço, “tenía en su mano izquierda un cáliz y sobre él, en el aire, estaba una hostia de donde caían gotas de sangre en el cáliz.” El ángel dejó el cáliz y la hostia suspendidos en el aire y se arrodilló en el suelo junto a los niños y repitió con ellos tres veces la siguiente oración:

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente, y te ofrezco el precioso cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación de los sufragios, sacrilegios e indiferencia por medio de las cuales Él es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y por el Inmaculado Corazón de María, pido humildemente por la conversión de los pobres pecadores.

Después se levantó, tomó en sus manos el cáliz y la hostia y se la dio a Lucía, y dio el contenido del cáliz a Jacinta y a Francisco diciendo al mismo tiempo: “Tomen y beban el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo terriblemente agraviado por la ingratitud de los hombres. Ofrezcan reparación por ellos y consuelen a Dios.” Luego una vez más se inclinó al suelo con los niños y repitió tres veces la oración a la Santísima Trinidad y desapareció.

El ángel y los niños se postraron ante el cuerpo, la sangre, el alma, y la divinidad de Nuestro Señor para hacer un acto de adoración orando por la reparación de los pecados del mundo. El testimonio de Lucía y las obras de arte sobre esta escena muestran al ángel dando la comunión a los niños en sus bocas mientras continúan de rodillas. Luego hacen una acción de gracias. Qué hermoso testimonio sobre el modo apropiado para recibir la eucaristía.

Como la Iglesia nos invita a imitar a los ángeles y a los santos, ¿no debiéramos atender esta invitación y recibir la eucaristía como nos mostró el ángel?

Para un análisis más completo del tema, recomiendo la excelente obra del obispo Athanasius Schneider titulada “Dominus Est.”

André Levesque


[1] Un rápido estudio del Nuevo y el Antiguo Testamento revelan varias instancias en las que esto fue verdad.

  • Nb. 22:31 (Balaam cae con el rostro en tierra cuando Dios le revela el ángel que está en su camino)
  • Is. 6:2 (hasta los Serafines se cubren el rostro ante la presencia de Dios)
  • Mt. 2:11 (Los reyes magos al encontrarse con el niñito Jesús)
  • Mt. 28:9 (María Magdalena al ver a Jesús resucitado)
  • Rev. 5:14 (los ancianos en el cielo se postraron y adoraron)
  • Rev. 11:16 (veinticuatro ancianos que se sientan en tronos calleron rostro en tierra y adoraron)
  • Rev. 1:17 (Juan, al ver a Jesús, cayó a sus pies como si estuviera muerto)
  • Mt. 28:4 (el ángel se aparece en la tumba y los guardias caen como hombre muertos)

[2] El término correcto para esta noción es Proskynesis.

[3] Is. 6:7, Jer. 1:9, Ez. 2:8–9; 3:1–3

[4] 2 Sam. 6:7

[5] 1 Chro. 15:2

[6] Por una cuestión de integridad, debo notar que en Rev. 10:10, el ángel le da de comer el libro a Juan y Juan lo toma con sus manos.

[7] “Ore” aquí está en ablativo; en el contexto denota instrumentación. Entonces la boca es el medio por el cual la Sagrade Eucaristía es recibida.

[8] Obispo Athanasius Schneider, “Dominus Est,” p.47

[9] Liber Pontificatis, ed. DUCHESNE, I (Paris, 1886), 128

[10] Summa Theologica, Part III, Q.82, Art. 3, Rep. Obj.8.

[11] Catechesis Mystagogica V, xxi-xxii, Migne Patrologia Graeca 33

[12] Otro erudito similar es Michael Davies. Pueden leer su tratado sobre esta cuestión en su obra: Communion in the hand and other similar frauds, P.8 (comunión en la mano y otros fraudes similares)

[13] https://taylormarshall.com/2011/01/did-church-fathers-practice-communion.html

[14] Obispo Athanasius Schneider, “Dominus Est,” p.23, 26 (citando la Catechesis MystagogicaV, ii, xxii)

[15] San Basilio, Carta 93

[16] Obispo Athanasius Schneider, “Dominus Est,” p.29

[17] Esta práctica también se encuentra mencionada en obras de Teodoreto, obispo de Ciro y San Juan de Damasco.

[18] Is. 6 :7

[19] CCC 1324

[20] Obispo Athanasius Schneider, “Dominus Est,” pp. 37–38

Traducido por Marilina Manteiga. Fuente: https://onepeterfive.com/hand-tongue-eucharist/