Hace tan solo unas semanas estaba sentado al confesionario antes de celebrar la Santa Misa, como habitualmente hago, cuando se acercó una muchacha de poco más de veinte años a confesar. Esta chica llevaba en sus brazos un bebé de pocos meses. Yo me emocioné ante este espectáculo ya poco frecuente en España – una muchacha joven cargada con un bebé y que va a confesarse. Le hice las preguntas de rigor:

  • ¿Hace cuánto tiempo desde la última confesión? Y me respondió: Hace tantos meses…

Acabada la confesión le impuse penitencia y le di la absolución.

Seguí sentado en mi confesonario y extrañamente alguna otra persona vino a confesarse. Faltando cinco minutos para comenzar la Santa Misa, me dirigí a la familia que había encargado la Misa, y que por cierto eran los únicos asistentes a la celebración en una población que llega a los tres mil habitantes, cuando una de las abuelas del bebé antes mencionado se me adelanta y me dice:

  • ¡Padre! ¿Le gusta mi nieta! ¡Aquí le presento a mi nuera! – (que por cierto era la chica que acababa de confesarse). Pues verá, como sabe me gustaría confirmarme y también me gustaría que mi nuera se confirmara. No reside en este pueblo, pero como vive junto con mi hijo en …., y el año que viene planean casarse…

Cuando oí eso, tuve que hacer un esfuerzo para mantener la calma.

  • ¿Esta chica acaba de confesarse y está viviendo con un joven sin estar casada? –Pensé yo.

Disimulando como pude, llamé aparte a la joven madre y le dije que al estar viviendo con un hombre sin estar casada por la Iglesia no podía confesarse y por supuesto tampoco podía comulgar. La chica se marchó en silencio sin decir nada en ese momento.

Una vez acabada la Misa, y mientras me estaba quitando las vestiduras sagradas, se acerca la madre de la joven –que también había venido a la Misa- muy enfadada y me dice:

  • ¡Padre! ¿Por qué ha negado a mi hija la Comunión? ¿Le ha confesado pero luego le niega la Comunión? ¡No lo entiendo!

Yo me armé de valor y paciencia y le respondí:

  • Su hija vive con un hombre sin estar casada y como consecuencia está viviendo en pecado mortal. Hasta que no se arregle esa situación no puede confesarse ni comulgar. La confesé hace un rato porque no sabía nada su situación matrimonial y al decirme ella que hacía poco tiempo desde su última confesión supuse que estaba casada…

Y la mujer me respondió:

  • ¡Pues en mi parroquia el Padre Paco la confiesa y le da la Comunión!
  • Mi buena señora. Lo que está haciendo el Padre Francisco está mal. No se le puede confesar ni dar la Comunión a una persona mientras que viva en esa situación matrimonial irregular. El mismo día del matrimonio se podrá confesar y en la Misa de la boda podrá recibir la Eucaristía. – Le dije yo. La buena señora puso un grito en el cielo y se marchó malhumorada.

La semana siguiente el sacristán de la parroquia me pregunta:

  • Padre Lucas, ¿qué pasó con fulanica? Dicen que ya no van a venir a la Iglesia porque usted no le quiere dar la Comunión…

Desde entonces, ya no he vuelto a saber nada ni de la joven madre, ni de las abuelas, ni de nadie de esa familia. Y yo me pregunto: ¿Tanto ha cambiado nuestra fe para que no nos demos cuenta de lo que está bien o está mal? ¿Por qué hay sacerdotes, obispos… que hablan a la ligera de temas tan graves, confunden y probablemente condenen para siempre a personas al infierno? El pecado que cometen los fieles si se acercan a recibir la Eucaristía en pecado mortal es gravísimo; pero más grave todavía es la de aquellos que “fomentan” de un modo u otro que esas personas lo hagan. Sacerdotes, obispos… que así actúan están condenando a sus fieles. Cuando venga Dios a juzgar que se preparen esos clérigos porque el castigo de Dios será eterno.

A estos que dan esos consejos yo les recordaría las siguientes palabras de nuestro Señor Jesucristo:

Les dijo a sus discípulos: -Es imposible que no vengan los escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le valdría que le ajustaran al cuello una piedra de molino y que le arrojaran al mar” (Lc 17: 1-2).

Algunos dicen que los sacerdotes debemos tener misericordia ante esas situaciones. La auténtica misericordia para con ellos es enseñarles el camino del bien y ayudarles para que puedan seguirlo. No es tener misericordia del pecador cuando no se le dice la verdad ni se le advierte de su situación de pecado. No es misericordia cuando no se hace nada para evitar que una persona se condene eternamente. Es más, sería adoptar una actitud cobarde, irresponsable y anticristiana; y sólo una persona poseída por el demonio daría esos consejos.

Por si alguna persona tiene duda o no entiende la respuesta que le di a la joven, intentaré explicar brevemente cuál es la doctrina de la Iglesia al respecto:

1.- Si un hombre y una mujer católicos que son solteros, conviven como esposo y esposa sin estar casados por la Iglesia, viven en concubinato. El concubinato es un pecado mortal. Mientras que permanezca tal situación de pecado no pueden confesar ni comulgar. Una de las condiciones para que el sacerdote pueda absolver los pecados es que el penitente muestre que tiene propósito de enmienda (voluntad firme de no volver a cometer el mismo pecado; poniendo los medios necesarios para ello). Este propósito no existe en este caso, pues desean seguir viviendo juntos. Al faltar una de las condiciones esenciales para la validez de una confesión, la confesión es nula y sacrílega. Y por tener pecado mortal tampoco se pueden acercar a recibir la Comunión. La única solución factible para esta pareja es (simplificando) separarse o casarse por la Iglesia.

2.- Si un hombre y una mujer católicos conviven como esposo y esposa, pero uno de ellos ya estuviera casado por la Iglesia previamente, está cometiendo adulterio. El adulterio es un pecado mortal, por lo que no puede acercarse a la confesión ni a la Comunión por las razones antedichas. La única solución factible para esa pareja es separarse.

Padre Lucas Prados

Padre Lucas Prados
Nacido en 1956. Ordenado sacerdote en 1984. Misionero durante bastantes años en las américas. Y ahora de vuelta en mi madre patria donde resido hasta que Dios y mi obispo quieran. Pueden escribirme a lucasprados@adelantelafe.com