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Existe una tendencia cada día más arraigada en la sociedad y, lo que es más preocupante, dentro de los católicos a creer que la Fe es un sentimiento.

¿Quién no ha oído a alguien decir que no practica porque no “siente” ya la Fe?

Es cierto que Dios regala a veces a las almas la consolación espiritual, que provoca un gran sentimiento de unión con Dios, pero dicha consolación ni es la Fe, ni debe fundamentarse la vida de piedad cristiana en buscarla. ¿Qué sería de nuestros grandes santas, Santa Teresa, Santa Teresita y tantos  otros sin sus noches oscuras?Jesús a modo de prueba les quitó por meses y años toda consolación espiritual, todo sentimiento, para medir su verdadera fidelidad.

Toda la mística católica siempre ha advertido de la enorme desviación espiritual que supone confundir que Dios está con nosotros con un “sentimiento” al que hay que ir a buscar.

No, la Fe no es ningún sentimiento merengoso, es ante todo un acto supremo de humildad, en el que la criatura se somete con la voluntad y la inteligencia a la Verdad revelada. No tiene nada que ver con un “sentimiento” interior.

El actual catecismo de la Iglesia católica explica perfectamente qué es la Fe:

“176 La fe es una adhesión personal del hombre entero a Dios que se revela. Comprende una adhesión de la inteligencia y de la voluntad a la Revelación que Dios ha hecho de sí mismo mediante sus obras y sus palabras.

Esta desvirtuación de la Fe, identificándola con un sentimiento íntimo, fue perfectamente perfilada por S. Pío X en su encíclica Pascendi donde denunciaba como parte del veneno modernista el principio de la inmanencia vital, para el cual “la fe es un sentimiento íntimo, reside en la subsconciencia y surge por indigencia de lo divino”.

Desgraciadamente el inmanentismo vital infecta como un virus la Iglesia hoy en día y es la raíz de fondo de tantas incoherencias que el pueblo sufre de sus pastores, quienes buscan alocadamente estimular la “experiencia” del sentimiento en los creyentes vaciándolo de contenido doctrinal y de la reverencia debida.

Ya no es importante la doctrina, a quienes insisten en la catequesis se les denigra como personas “cerradas”, “amuralladas en definiciones”, “obsesivas con las formas”, lo importante es llevar el “sentimiento” cristiano a todas partes, cada uno que lo viva a su forma, pero que lo sienta… y así nos va.

Juan Gómez Sauceda