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Tras décadas de desconfianza el Papa promueve vigorosamente un acercamiento a China

El Papa Francisco lidera un vigoroso impulso para alterar fundamentalmente la relación entre el Vaticano y China, relación que durante décadas ha estado permeada de sospecha mutua.

Entrevistas con docenas de funcionarios católicos y clero en Hong Kong, Italia y la China continental, así como fuentes con vínculos con el liderazgo en Pekín, revelan detalles de un acuerdo  para establecer relaciones diplomáticas completas sin  abordar los temas clave de la amarga disputa entre el Vaticano y Pekín.

Varias fuentes de Reuters han dicho que un grupo de trabajo con miembros de ambas partes  fue creado en abril y ha estado discutiendo cómo resolver el desacuerdo esencial: quién tiene la autoridad para seleccionar y ordenar obispos en China. El grupo intenta, así mismo, resolver una disputa acerca de ocho obispos nombrados por Pekín que no recibieron la aprobación papal —un acto de desafío hacia el Vaticano.

En lo que podría ser un avance espectacular, el Papa se prepara para indultar  a los ocho obispos, posiblemente este mismo verano, allanando así el camino para promover un détente, según fuentes católicas con conocimiento de las deliberaciones.

Una señal del profundo deseo de Francisco de un acercamiento con China es el gran esfuerzo entre bastidores del Vaticano el año pasado  para diseñar el primer encuentro entre el líder de la Iglesia Católica Romana y el líder comunista chino. Los asesores del Papa intentaron organizar una reunión entre Francisco y el presidente de China, Xi Jinping, mientras ambos se encontraban en Nueva York a finales de septiembre para dirigirse a la Asamblea General de las Naciones Unidas.

La reunión se frustró, mas la propuesta no pasó desapercibida en Pekín.

Ambas partes han dicho que están discutiendo la cuestión de los obispos, mas fuentes católicas han aportado a Reuters una relación detallada  hasta ahora hoy desconocida de las negociaciones y de los pasos secretos que el Vaticano ha tomado para allanar el camino a un acuerdo.

El Vaticano sigue siendo el único estado occidental que no tiene relaciones diplomáticas con Pekín —desde  que Antonio Riberi, el enviado del Vaticano fue expulsado de Pekín en 1951— y que mantiene relaciones en formales con la República China, con sede en Taiwán, la cual Pekín considera una provincia renegada.

Para el Vaticano, una normalización de las relaciones con China ofrece la posibilidad de aliviar la difícil situación de los cristianos en aquel continente que durante décadas han sido perseguidos por las autoridades. Podría así mismo allanar finalmente el camino a la Iglesia, dándole  acceso completo a la nación más poblada del mundo.

Una relación oficial con China “coronaría un sueño que la Iglesia Católica ha cultivado durante muchos siglos: establecer una presencia normal en China a través de relaciones diplomáticas estables”, dijo Elisa Giunipero, una investigadora en la Universidad Católica de Milán, que ha estudiado la historia de la Iglesia católica en china durante 20 años.

Para China, una mejora en las relaciones podría pulir su imagen internacional y atenuar las críticas a su historial en derechos humanos. También sería un logro importante para Pekín arrebatarle  el Vaticano a Taiwán,  anotando una importante victoria diplomática en sus esfuerzos por vallar a la isla semiautónoma.

Portavoces de ambas partes admiten que las conversaciones siguen adelante, pero se niegan a responder a preguntas detalladas acerca de estas.

“El objetivo de los contactos entre la Santa Sede y los representantes chinos no es principalmente el de establecer relaciones diplomáticas, sino de facilitar la vida de la Iglesia y contribuir a la normalidad y serenidad de las relaciones en la vida eclesial “, dijo el portavoz del Vaticano, el padre Federico Lombardi a Reuters.

“Por nuestra parte, estamos dispuestos, en base a principios pertinentes, a continuar dialogando con el Vaticano de manera constructiva, para encontrarnos a mitad del camino y promover conjuntamente el desarrollo continuo y avanzar el proceso de mejora de las relaciones bilaterales”, dijo el Ministerio de Asuntos Exteriores de China. “Esperamos que el Vaticano adopte igualmente una actitud flexible y pragmática y cree condiciones favorables para la mejora de las relaciones bilaterales”.

INVITACIÓN DEL PONTIFICE

Forjar un acuerdo no será fácil ya que existe cierta resistencia en ambas partes.

Al liderazgo chino le preocupa que un acuerdo le daría el Vaticano un poderoso punto de apoyo en tierra firme con el cual desafiar la autoridad absoluta del Partido Comunista.

En la iglesia “subterránea” en China, cuyos miembros han sido sistemáticamente perseguidos durante décadas por las autoridades, muchos devotos podrían sentirse traicionado por un acuerdo entre el Vaticano y Pekín. El clero católico que pertenece a la iglesia subterránea ha sufrido detenciones y reclusiones durante décadas, y varios obispos han muerto en la prisión, según fuentes católicas que monitorean la situación en el continente.

La Iglesia católica en China, donde se estima que hay entre ocho y 10 millones fieles, se divide en dos comunidades: la iglesia “oficial”, representada por la Asociación Patriótica Católica China sancionada por el Estado, y la iglesia “subterránea”, que jura lealtad únicamente al Papa en Roma. Expertos estiman que el número de cristianos en China que pertenecen a todas las denominaciones puede ascender 70 millones.

A pesar de la resistencia en algunos sectores de la Iglesia Católica, incluyendo en Hong Kong, Francisco ha hecho una prioridad de la mejora de las relaciones con China , y un círculo estrecho de representantes y asesores del pontífice se encuentran trabajando en un acuerdo, según han dado a saber a Reuters  múltiples fuentes.

Después de ser elegido Papa en marzo de 2013, Francisco envió un mensaje a Xi felicitándolo por haber sido electo presidente de China. En agosto de 2014, mientras volaba sobre China camino a Seúl  —la primera vez que Pekín ha permitido un Papa en su espacio aéreo— el Papa envió un cálido saludo a Xi y el pueblo chino. Al mes siguiente, Francisco envió una carta a través de Xi por medio del político argentino Ricardo Romano, que había conocido el futuro Papa cuando Francisco era el arzobispo de Buenos Aires, invitando al líder chino a una reunión, informó Romano a Reuters.

A principios de febrero de este año, el Papa envió a Xi un saludo con objeto del Año Nuevo chino, la fiesta más importante del país. En su vuelo de regreso a Roma de México dos semanas más tarde, el Papa afirmó en una la rueda de prensa que “le encantaría”  visitar China.

CITA EN NUEVA YORK

Una de los primeros indicios de la importancia que Francisco en la normalización de las relaciones con China fue el nombramiento, en agosto de 2013, del entonces arzobispo Pietro Parolin como su secretario de Estado. Bajo el Papa Benedicto XVI, Parolin había sido el principal negociador del Vaticano con Pekín y conocía de cerca el acuerdo con China sobre el nombramiento de obispos en 2009, dicen personas con conocimiento directo de esas negociaciones.

“En 2009, Parolin estuvo muy cerca de llegar a un acuerdo (con China)”, dice Agostino Giovagnoli, profesor de historia contemporánea en la Universidad Católica de Milán, que sigue de cerca la relación del Vaticano con China.

Fuentes de la Iglesia Católica han dicho que al último momento el acuerdo sobre los obispos se vino abajo debido a que el Vaticano consideró que era demasiado estrecho.

Parolin se trasladó a Venezuela en 2009, como representante del Vaticano allí. Su salida marcó el inicio de un período de enfriamiento en las relaciones con China.

En junio de 2014, las partes reanudaron los contactos con una reunión en Roma, según un funcionario Católico. Un año más tarde, el Vaticano intento concertar una reunión entre Francisco y Xi Jinping, en Nueva York.

El Papa tenía previsto viajar desde Nueva York a Filadelfia en la mañana del 26 de septiembre pasado, desde el aeropuerto John F. Kennedy, según consta en su itinerario. Mientras que Xi se dirigía a Nueva York desde Washington. El aeropuerto, según informan tres funcionarios católicos a Reuters, podría haber proporcionado un lugar discreto y alejado de los medios para una reunión entre los dos líderes.

Funcionarios católicos y clérigos  así como fuentes en China, todos con conocimiento de esos contactos, aportan diferentes versiones de lo que impidió que la reunión se llevara a cabo, mas todos están de acuerdo en que el Papa quería conocer Xi y que ese mensaje fue transmitido con claridad a China.

Según una fuente en China con conocimiento directo del asunto, Pekín “no podía determinación si debería tomar lugar antes o después de la firma de un acuerdo.”

En octubre, sin embargo, una delegación del Vaticano, compuesta de seis personas, visito Pekín, y esta fue seguida de otra reunión en enero. En abril de este año se produjo un gran avance cuando las partes acordaron establecer un grupo de trabajo, según dos funcionarios de la Iglesia Católica. El grupo se inspira en el Grupo Mixto de Enlace que Gran Bretaña y China adoptaron para limar los problemas antes de la entrega de Hong Kong en 1997, según uno de esos funcionarios.

El Papa, dice un funcionario Católico, ha dado “instrucciones claras para continuar el diálogo (con China) y encontrar una solución.”

De acuerdo con funcionarios de la Iglesia Católica y de otras fuentes con conocimiento de las deliberaciones, el grupo de trabajo que se reunió en mayo está encargado de encontrar una solución técnica a la disputa sobre la ordenación de obispos en China. En la actualidad se discute cómo resolver la cuestión de ocho obispos que fueron ordenados en China sin el consentimiento papal. En el futuro, la Santa Sede quiere evitar una situación en la que los obispos son nombrados por una autoridad distinta A la del Papa.

OBISPOS EXCOMULGADOS

Funcionarios católicos dicen que hay 110 obispos en China, la mayoría de los cuales han sido sancionados por el Partido Comunista. Existen así mismo alrededor de 30 obispos que forman parte de la iglesia subterránea y que han prometido lealtad sólo al Papa.

La mayor parte de los obispos reconocidos por Pekín también han buscado y recibidora bendición del Papa. Sin embargo, hay ocho obispos que fueron ordenados por  China que no cuentan con la sanción del Papa y que el Vaticano considera ilegítimos.

Tres obispos en este grupo de ocho han sido excomulgados oficialmente por el Vaticano, según declaraciones públicas emitidas por la Santa Sede. Según fuentes católicas, los cinco restantes han sido informados a través de medios informales de que el Papa se opone a su ordenación como obispos.

De acuerdo con dos fuentes católicas, la cuestión se complica aún más por el hecho de que al menos dos de los ocho obispos supuestamente tienen hijos o parejas, lo cual constituye un desafío directo a la promesa de celibato sacerdotal. Reuters no pudo confirmar de forma independiente la situación personal de estos obispos.

Funcionarios de la iglesia católica y el clero católico con conocimiento de las discusiones han dicho a Reuters que el Papa está dispuesto a perdonar a estos ocho obispos. El perdón papal coincidiría con el Jubileo de la Misericordia. El Vaticano espera el perdón sea interpretado en China como un gesto de buena voluntad.

“Creo que Francisco desea aprovechar la ocasión del Año Santo de la Misericordia para forzar el progreso”, dice el padre Jeroom Heindrickx, misionero belga y miembro de la Comisión Vaticana para la Iglesia en China, establecida por el Papa Benedicto XVI para asesorar a la Santa Sede sobre las relaciones con China. El año jubilar concluye en noviembre.

Los ocho obispos que el Vaticano considera ilegítimos pueden ser readmitidos en la Iglesia Católica si reciben un perdón papal. A finales de junio dos de los ocho aún no habían solicitado el perdón de Francisco, dijeron funcionarios de la Iglesia Católica.

Ya que el Vaticano no considera que estos ocho obispos aptos para administrar una diócesis, las dos partes están discutiendo una posible solución que les permita conservar sus cargos y ser asignados a otras tareas, según las autoridades católicas.

Chen Jianming, director de la Oficina de Asuntos Exteriores de la Asociación Patriótica Católica China, dijo a Reuters que sería difícil organizar entrevistas con cualquiera de sus obispos. «Son personas muy ocupadas, a menudo se encuentran fuera. Las entrevistas son problemáticas », dijo Chen.

La Asociación Patriótica y la Administración Estatal de Asuntos Religiosos en Pekín no respondieron a las preguntas de Reuters sobre las negociaciones con el Vaticano.

CAMBIO DE CORAZÓN DE UN OBISPO

El grupo de trabajo conjunto también está discutiendo otro tema espinoso: el mecanismo mediante el cual se seleccionarán nuevos obispos. Las partes no han podido resolver este asunto en casi 30 años de contactos. Los esfuerzos de Benedicto y el Papa Juan Pablo II para encontrar una solución fracasaron.

De acuerdo con la tradición católica milenaria, los obispos son nombrados por el Papa. Sin embargo, China adopta un modelo en el que los obispos son elegidos por los clérigos locales chinos, que son miembros de la Asociación Patriótica controlada por el Partido Comunista.

Bajo una solución que se debate actualmente, los obispos serían seleccionados por el clero en China. El Papa tendría el poder de veto sobre los candidatos que considera aptos, pero el Vaticano tendría que demostrar con pruebas que la persona en cuestión no está calificada para tal puesto, de acuerdo con funcionarios de la Iglesia Católica y el clero. Roma teme que los sacerdotes en China podrían ceder a la presión o a incentivos ofrecidos para favorecer a los candidatos.

Una fuente en Pekín con vínculos con al directivo dijo que las partes han llegado en principio a un acuerdo sobre el nombramiento futuro de obispos mas no proporcionó más detalles.

De forjar un acuerdo acerca de la selección de nuevos obispos el Vaticano espera enfocarse en un acuerdo que normalice a obispos que son miembros de la iglesia subterránea.

Un cambio repentino por parte de un obispo chino de alto perfil ha puesto en evidencia  la importancia de este tema. Thaddeus Ma Daqin, el obispo auxiliar de Shangai, causo la enfureció a Pekín al anunciar durante su ceremonia de ordenación  en 2012 que no podía permanecer en la Asociación Patriótica Católica China. Sin embargo, Ma, que desde entonces ha estado bajo arresto domiciliar en el seminario  de Sheshan en las afueras de Shanghai, escribió en un blog este  12 de junio que, retrospectivamente, aquel paso  había sido “imprudente”.

No está claro por qué Ma se retractó, algunos funcionarios católicos creen que el obispo fue presionado por las autoridades chinas, lo cual podría ser interpretado como una afrenta a la Papa, dijo un funcionario católico a Reuters. Otras fuentes católicas especularon que Ma puede haber actuado de manera voluntaria con el propósito de calmar su enfrentamiento con Pekín y ayudar a allanar el camino para un acuerdo.

Las autoridades chinas no respondieron a preguntas de Reuters sobre la decisión de Ma.

TEMOR A LA INFLUENCIA EXTRANJERA

En su labor por forjar un acuerdo con China, Francisco tendrá que superar temores profundamente arraigados. Para China la Iglesia es un manantial de sospechas,  dice una fuente en Pekín con vínculos al liderazgo chino. Para el Partido Comunista, que es oficialmente ateo, pero reconoce cinco religiones   —el budismo, el taoísmo, el islamismo, el protestantismo y el catolicismo— la existencia de una religión que reconoce a un líder extranjero como su autoridad moral es visto como una amenaza potencial.

Los líderes del Partido Comunista, que quedaron traumatizados por la desintegración de la Unión Soviética, son muy conscientes del papel desempeñado por la Iglesia Católica en la caída de regímenes comunistas, como la revolución de 1989 en Polonia, la patria del Papa Juan Pablo II.

Existen en China también fuerzas internas en competencia que podrían entorpecer un acuerdo, según las autoridades chinas y católica. La Cancillería  ve el détente con la Santa Sede como una manera de aislar a Taiwán, ya que el Vaticano probablemente tendría que cortar lazos con Taipei en para establecer relaciones diplomáticas con Pekín. Mas el Departamento de Trabajo del Frente Unido, un cuerpo del Partido cuya misión es extender la influencia de China, es menos entusiasta ya que teme la infiltración religiosa extranjera.

“Internamente, hay división sobre si el Papa es fiable o no”, dice una fuente con vínculos al liderazgo.

Durante siglos hacer incursiones en China ha resultado problemático para la Iglesia Católica debido a que la influencia extranjera, incluyendo el cristianismo, ha sido recibida con recelo. Esa desconfianza estalló a finales del siglo XX con el levantamiento de los bóxer, dirigida a los extranjeros, incluidos a los misioneros cristianos, así como a los cristianos chinos.

Mas las relaciones no siempre se han adversas. Matteo Ricci, un jesuita como Francisco, que llegó al país a finales del siglo XVI, adopto la cultura china y alcanzando gran fluidez en mandarín  lo cual le aportó  acceso a la corte de la dinastía Ming  y al emperador Wanli. Ricci, que murió en 1610, fue sepultado en Pekín con el beneplácito del emperador.

En ciertos sectores de la Iglesia existen varios niveles de oposición a un acuerdo con China. Mientras Parolin lidera la lucha por un acuerdo, el departamento del Vaticano a cargo del trabajo misionero en el extranjero precisa más cautela acerca de cualquier acuerdo, según fuentes católicas.

«NECESITAMOS SEGUIR AL PAPA»

La crítica es especialmente fuerte en Hong Kong, que, junto con Macao, ha servido durante mucho tiempo como una cabeza de puente para el catolicismo en ese continente. La ex colonia británica es el hogar de las misiones y los clérigos que mantienen amplias redes  de contacto con los sacerdotes extranjeros y chinos que trabajan en China, muchos de ellos en la clandestinidad.

El crítico de mayor perfil es el cardenal Joseph Zen, un ex obispo de Hong Kong, que es miembro de la Comisión para la Iglesia católica en China, el cuerpo consultivo creado por Benedicto. Algunos miembros de la comisión se opusieron al proyecto que el Vaticano forjó con China en 2009, según varias personas con conocimiento de las deliberaciones.

“El gobierno chino no tiene intención de ceder en nada”, dijo Zen, una figura respetada en el movimiento pro-democrático de Hong Kong, a Reuters.

La comisión ha estado fuera de acción en virtud de Francisco; si bien no se ha desmantelado, el cuerpo no se ha reunido desde que se accedió al papado. Y las conversaciones con China están siendo dirigidas por funcionarios del Vaticano desde Roma.

“Los católicos chinos quieren volver a reunirse en una sola iglesia”, dijo un obispo chino que fue designado por Pekín y también es reconocido por el Papa. “Pero es difícil concebir un acuerdo que pueda satisfacer a todos.”

Algunos miembros de la iglesia clandestina, que hablaron con Reuters bajo condición de anonimato, tienen sus dudas  acerca de un acuerdo con China. Muchos han enfrentado duras persecuciones, el clero católico es vigilado de cerca por las fuerzas de seguridad, y fuentes católicas aseveran que los sacerdotes están siendo presionados para registrarse en la Asociación Patriótica Católica China.

China Aid, un grupo con sede en Texas que supervisa el trato del gobierno de todas las denominaciones cristianas en China, dijo en su informe anual de 2015 que la represión por parte del estado chino había aumentado. En las áreas donde la represión estatal fue particularmente fuerte se han encontrado y clausurado iglesias secretasen casas particulares, ha habido detenciones de “un gran número de pastores, líderes de la Iglesia y cristianos”, y confiscación de bienes eclesiásticos.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de China no respondió a las preguntas sobre la persecución religiosa.

Obispos en la iglesia clandestina han sido encarcelados y sometidos a trabajos forzados, de acuerdo con informes de los medios de comunicación católica. Shi Enxiang, el obispo clandestino de Yixian en el noreste de China, murió el año pasado después de haber sido detenido en 2001, según UCANews, un servicio católico de noticias centrado en Asia. El obispo de 94 años había sido confinado a prisiones o campos de trabajo durante casi la mitad de su vida, dijo UCANews.

«Una reconciliación completa requiere tiempo. Si se avanza demasiado rápido, algunos sectores de la Iglesia clandestina podrían sentirse traicionados », afirma Antonio Sergianni, un ex funcionario del Vaticano que trabajó en el buró de China en Roma durante 10 años hasta el 2013. «Pero si el Papa muestra un nuevo camino, hay que seguir el Papa».

Lisa Jucca

[Traducido por Enrique Treviño. Artículo original]




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