El cardenal Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino, ha concedido una extensa entrevista a Edward Pentin, del National Catholic Register.

Destacamos en particular duras palabras sobre el movimiento que promueve la prohibición de la Misa Tradicional y la hace objeto de suspicacia.

¿Por qué cree que son cada vez más los jóvenes que se sienten a la liturgia tradicional, al Rito Extraordinario?

No es que lo crea; es que lo veo. Soy testigo de ello. Y los jóvenes me han confiado su total preferencia por el Rito Extraordinario, que es más instructivo e insiste más en la primacía y la centralidad de Dios, el silencio y el sentido de lo sagrado y de la divina trascendencia. Pero, ante todo, ¿cómo podemos entender, cómo no nos vamos a sorprender y cómo no nos va a causar hondo estupor que lo que ayer era la norma hoy esté prohibido? ¿No es cierto que prohibir el Rito Extraordinario o hacerlo objeto de suspicacias es algo inspirado por el Demonio, que desea sofocarnos y matarnos espiritualmente?

Cuando se celebra el Rito Extraordinario con el espíritu del Concilio Vaticano II manifiesta plenamente sus frutos. ¿Nos vamos a extrañar de que una liturgia que ha   producido tantos santos siga siendo atractiva para las almas jóvenes sedientas de Dios?

Al igual que Benedicto XVI, espero que ambas formas del Rito Romano se enriquezcan mutuamente. Eso significa apartarse de una hermenéutica rupturista. Ambos ritos comparten una misma fe y una misma teología. Enfrentarlos es un tremendo error teológico. Significa destruir la Iglesia despojándola de su Tradición y haciéndonos creer que lo que Iglesia consideraba antes santo ahora está mal y es inaceptable. ¡Qué engaño, y qué insulto a los santos que nos precedieron! Qué mal concepto de la Iglesia.

Debemos huir de las oposiciones dialécticas. El Concilio no se proponía eliminar los ritos heredados de la Tradición, sino al contrario, participar más plenamente en ellos.

La constitución del Concilio establece «que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las ya existentes».

Por tanto, sería erróneo enfrentar el Concilio a la Tradición de la Iglesia. En ese sentido, es necesario que quienes celebren el Rito Extraordinario lo hagan sin espíritu de oposición y con el de Sacrosanctum Concilium.

Necesitamos el Rito Extraordinario para saber con qué actitud debemos celebrar el Ordinario. Y a la inversa, si se celebra el Rito Extraordinario sin tener en cuenta las indicaciones de Sacrosanctum Concilium se corre el riesgo de reducir este rito a un vestigio arqueológico sin vida y sin futuro.

Igualmente, sería aconsejable incluir un apéndice en una futura edición del Misal el Rito Penitencial del Ofertorio del Rito Extraordinario para resaltar que ambos ritos se iluminan mutuamente, en continuidad y sin oposición.

Si vivimos con esa actitud, la liturgia dejará de ser objeto de rivalidades y críticas y nos conducirá finalmente a la gran liturgia del Cielo.

El texto completo de la entrevista puede leerse aquí (en inglés)

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

RORATE CÆLI
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