ADELANTE LA FE

Fátima y «los últimos tiempos»

San Luis María Grignion de Montfort, (1673-1716) -dice el P. Andrea D’Ascanio ofm cap-, es el único santo que se fija en el futuro de la Iglesia. Ningún otro, ni antes ni después, ha hablado de los apóstoles de los últimos tiempos que prepararán el retorno glorioso de Jesús sosteniendo la última batalla apocalíptica que precederá la llegada del Reino que Jesús nos hace pedir en el Padrenuestro.

«El lenguaje cristiano da el nombre de últimos tiempos a un período de una duración sin duda indeterminada que puede comprender años o siglos, pero, en el que las catástrofes o los acontecimientos de cualquier género, particularmente los lutos de la Iglesia, sus caídas y sus triunfos, en fin, todo tendrá un carácter extremo y, por así decir, terminal, que preparará la segunda llegada de Cristo. (…) Esto es lo que nosotros llamamos parusía. Esta vuelta de Cristo es el objeto de nuestra fe y el Maestro mismo nos ha mandado velar y esperar (…). Su fecha se mantiene como secreto de Dios».1

Montfort habla de los últimos tiempos en tres de sus escritos: El Secreto de María (SM), Súplica Ardiente (SA) y Tratado de la Verdadera Devoción (VD). Las tres obras nos desvelan en cuatro fases «la época final de la Iglesia»2.

Primera fase: situación trágica de la Iglesia 

«¡Tu Evangelio, abandonado! ¡Torrentes de iniquidad inundan toda la tierra! ¡Arrastran a tus mismos servidores! ¡La tierra entera está desolada! ¡La impiedad se asienta en el trono! ¡Tu santuario está profanado! ¡La abominación se halla hasta en el lugar santo!» (SA 5; ver también SA 14: «los torrentes de iniquidad que van creciendo»). La misma Iglesia se ha convertido en «heredad agobiada», «¡tan debilitada y manchada por los crímenes de sus hijos!» (SA 20) Montfort desvela detrás de la dominación del pecado la actuación del diablo que irá aumentando «hasta que llegue el anticristo» (VD 51).

Segunda fase: intervención divina y compromiso histórico-salvífico

Dios intervendrá mediante «un diluvio de fuego, de amor y de justicia» (SA 15-16), por mediación del Espíritu y la acción múltiple de María (SA 13, 15, 24-25; VD 49-56), pero llamará también a los hombres, sobre todo a los «apóstoles de los últimos tiempos» (VD 58), para que colaboren con él neutralizando el contraprograma del diablo. Su tarea tendrá un doble aspecto: «destruir el pecado y establecer el reino de Jesucristo» (SM 59).

Tercera fase: segunda venida y reino de Jesucristo

«Dios vendrá una segunda vez, como lo espera toda la Iglesia, para reinar en todas partes y juzgar a vivos y muertos» (SM 58). En efecto, Jesús «viene otra vez al mundo […] para reinar en él» (VD 158); «el conocimiento y el reinado de Jesucristo han de dilatarse en el mundo» (VD 13); «pedirás tú mismo a Jesús, en unión con María la llegada de su reino a la tierra» (VD 272). Este reino de Jesús se realiza «en los corazones» (VD 113) o «en nuestra alma» (VD 68). Jesús reinará cuando, por mediación de María, sea conocido, amado y servido (VD 49). «¿Cuándo llegará ese tiempo dichoso en que la excelsa María sea establecida como Señora y Soberana en los corazones, para someterlos plenamente al imperio de su excelso y único Jesús?» (VD 217).

María Santísima prepara el reinado de Jesucristo,3 segunda venida del Señor al mundo. Venida «fulgurante… gloriosa… que representa una larga duración, los últimos tiempos, quizás un período de siglos», que desembocará posiblemente en ese milenio misterioso del que nos habla el Libro de la Revelación.

Cuarta fase: el diluvio de fuego de la justicia y el último juicio

Montfort describe el final de los tiempos y del mundo en una perspectiva neumatológica y luego cristológica. Según la primera versión, al diluvio de fuego seguirá el «diluvio de fuego, de amor, de justicia», expresión de la cólera divina, que «reducirá toda la tierra a cenizas» (SA 16-17). En la versión cristológica, al reino de Cristo en el mundo, como consecuencia de su segunda venida o parusía, sucede el juicio universal: Dios vendrá «para reinar en todas partes y juzgar a vivos y muertos» (SM 58). Entonces los mismos últimos tiempos se acabarán y empezará la escatología propiamente dicha, es decir la eternidad.

Sor Lucía le transmitió al Padre Agustín Fuentes lo siguiente:

Padre, la Santísima Virgen no me dijo que estamos en los últimos tiempos del mundo, pero Ella me lo hizo com­prender por tres razones.”

(La batalla final). «La primera razón es porque Ella me dijo que el Diablo está empeñado en una batalla decisiva contra la Virgen. Y una batalla decisiva es la batalla fi­nal, donde un bando será victorioso y el otro sufrirá la derrota. Por lo tanto, de ahora en adelante debemos elegir los bandos. O estamos con Dios o estamos con el diablo. No hay otra posibilidad».

(Los últimos remedios). «La segunda razón es porque Ella dijo a mis primos y a mí misma, que Dios está dando los dos últimos remedios al Mundo. Estos son: el Santo Rosario y la Devoción al Inmaculado Corazón de María. Estos son los dos últimos remedios, lo cual significa que no habrá otros».

(El pecado contra el Espíritu Santo). «La tercera razón es porque en los planes de la Divina Providencia, Dios siempre antes de castigar al Mundo, agota todos los otros remedios. Entonces, cuando ve que el Mundo no presta aten­ción a pesar de todo, como decimos en nuestra imperfecta manera de hablar, Él nos ofrece con una cierta inquietud el último medio de salvación, Su Santísima Madre. Y es con una cierta inquietud, porque si nosotros despreciamos y recha­zamos estos últimos medios, no tendremos ningún otro perdón del Cielo, porque habremos cometido un pecado que el Evan­gelio llama “el pecado contra el Espíritu Santo”. Este pe­cado consiste en rechazar abiertamente, con todo conoci­miento y consentimiento, la salvación que El ofrece. Recor­demos que Jesucristo es un muy buen Hijo, y que El no per­mite que ofendamos y despreciemos a Su Santísima Madre. Debemos tener en cuenta, que a través de muchos siglos de la historia de la Iglesia, los obvios testimonios demues­tran, por los castigos terribles que han acontecido a aquellos que han atacado el honor de Su Santísima Madre, cómo Nuestro Señor Jesucristo siempre ha defendido el honor de Su Madre».

San Luis María de Monfort previó que los últimos tiempos serán como un nuevo Pentecostés, con una abundante efusión del Espíritu Santo que producirá dos efectos: una santidad más elevada y un celo apostólico que producirá la conversión del mundo, estos santos, los apóstoles de los últimos tiempos: “superarán en santidad a la mayor parte de los otros santos… pondrán por todas partes el fuego del divino amor… extenderán el dominio del Altísimo sobre el de los impíos, idólatras y mahometanos…con la humildad de su talón, unidos a María, aplastarán la cabeza del diablo y harán triunfar a Jesucristo…”: «Yo reinaré a pesar de mis enemigos»4 y el cumplimiento de la profecía de Fátima: «Al final mi Corazón Inmaculado triunfará».

Germán Mazuelo-Leytón

[mks_separator style=”solid” height=”5″ ]

1 LHOMEAU, A, La Vierge Marie et les Apôtres des derniers temps d´apres le B. Louis-Marie de Montfort.

2 DE FIORES, STEFANO , “Últimos tiempos”, en Diccionario de Espiritualidad Montfortiana.

3 MONTFORT, SAN LUIS Mª, Tratado de la Verdadera Devoción, ns. 13 y 217.

4 El Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque.

Germán Mazuelo-Leytón

Germán Mazuelo-Leytón es conocido por su defensa enérgica de los valores católicos e incansable actividad de servicio. Ha sido desde los 9 años miembro de la Legión de María, movimiento que en 1981 lo nombró «Extensionista» en Bolivia, y posteriormente «Enviado» a Chile. Ha sido también catequista de Comunión y Confirmación y profesor de Religión y Moral. Desde 1994 es Pionero de Abstinencia Total, Director Nacional en Bolivia de esa asociación eclesial, actualmente delegado de Central y Sud América ante el Consejo Central Pionero. Miembro de la Fundación «Vida y Familia» de su diócesis. Difunde la consagración a Jesús por las manos de María de Montfort, y otros apostolados afines
Recibe nuestras noticias por email