SÍ SÍ NO NO

Hoy la confesión frecuente es un peligro

La Iglesia ha reafirmado siempre con inequívoca incisividad el valor fundamental del sacramento de la Penitencia: instituido por el Señor y transmitido por El a la Iglesia católica como medio indispensable para la consecución de la remisión de los pecados mortales cometidos después del Bautismo; su divino poder regenerador socorre providencialmente a la naturaleza humana caída y, previendo su fácil disposición a encerrarse en una justificación de sus culpas, la fortalece, impulsándola a secundar la acción de la Gracia.

Con el afirmarse, en ambientes autorizados, de aperturas al clima desacralizado de la secularización moderna, desde mitad del siglo pasado, se ha asistido al diabólico intento de alterar el carácter divino y sobrenatural de la Iglesia, que por los promotores de un innatural “aggiornamento” suyo, ha sido insidiado con las deformadoras interpretaciones de un vacuo filantropismo, cómplice de un poder ateo y, consiguientemente, antihumano.

Las implicaciones que derivan de la funesta influencia del progresismo se pueden identificar en el predominio de un desorden que difunde la propia contagiosidad en medida inversamente proporcional a las reticencias de quien, por divina misión, estaría obligado a denunciar los males.

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Por lo que se refiere a los trágicos giros de la apostasía que afecta a una amplísima parte de los bautizados, será suficiente recordar la desaparición casi total del matrimonio religioso, escandalosamente equiparado al concubinato y a las uniones contra natura, la profanación del divino Sacrificio de la Misa; banalizada en una atmósfera festivamente convivial, representativa de una genérica solidaridad humana, la confesión queda privada de su connotación penitencial y disuelta en un diálogo que puede variar según la vivacidad de la disputa verbal hasta la apatía de la introspección psicoanalítica.

En relación con el último punto, no son pocos los sacerdotes desenvueltamente propensos a atenuar o a callar la necesidad de la confesión sacramental para quienes, habiéndose privado de la Gracia divina con el pecado mortal, quieran acceder dignamente a la Santa Comunión.

A quien escribe le ha sucedido oírse advertir por un padre franciscano acerca de las consecuencias espiritualmente dañinas que derivarían de un recurso frecuente al Sacramento de la Penitencia; esto parece verdaderamente sorprendente, si se piensa que dicho sacerdote, para sostener su afirmación, apelaba a su larga experiencia de confesor sin tener en cuenta el magisterio de la Iglesia y el ejemplo de los Santos.

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El tercer secreto de Fátima, en el centenario de las apariciones de la Virgen Santísima a los tres pastorcitos, disipa la oscuridad que envuelve nuestro tiempo marcado por el desolador olvido del fin redentor de la verdadera religión, animándonos a proseguir, con espíritu de oración y de milicia, el combate contra las potencias de las tinieblas.

Jesus Christus, heri, hodie et insaecula.

R.Pa.

SÍ SÍ NO NO

Mateo 5,37: “Que vuestro modo de hablar sea sí sí no no, porque todo lo demás viene del maligno”. Artículos del quincenal italiano sí sí no no, publicación pionera antimodernista italiana muy conocida en círculos vaticanos. Por política editorial no se permiten comentarios y los artículos van bajo pseudónimo: “No mires quién lo dice, sino atiende a lo que dice” (Kempis, imitación de Cristo)