Este artículo no es, hablando con precisión, acerca de la Iglesia o de la vida católica, sino que es sobre la vida de la gente en este 2019 y es importante para cada uno de los que lea esto en este momento. Cada uno, individualmente.

He mencionado, en el pasado, las percepciones de Simón Sinek. Hoy, después de numerosas discusiones en línea sobre cuánto tiempo desperdiciamos en el Internet discutiendo acerca de cosas sobre las cuales no tenemos el control directo (provocadas aparentemente por las innumerables conversaciones sobre el incidente de los católicos en Covington, durante la Marcha por la Vida), mi amiga Hilary White se topó con esta joyita y la pasó. Es breve y le ruego que la mire, antes de seguir leyendo:

Must watch!!

Gepostet von Sandra-Lee Hensberg am Mittwoch, 16. Januar 2019

 

Escribí algo sobre esto en Facebook y, en lugar de reescribirlo todo, me limitaré a pegarlo aquí. Este es un tema que pretendo revisar este año, porque no sé cuánto más podemos beneficiarnos de esto, cuando nos sazonamos en las malas noticias de lo que está sucediendo en la Iglesia y en el mundo, mientras nuestros ojos se quedan pegados al desastre y nadie sabe realmente qué hacer después.

Sinek tiene toda la razón. Pasamos todo el tiempo aquí, en las redes sociales, obsesionándonos con las historias de gente a la que no conocemos y discutiendo durante horas, mientras descuidamos a nuestros cónyuges e hijos y la realidad se convierte en algo secundario y también podríamos ser cerebros en una cuba, dentro de una matriz. Incluso la ironía de publicar esto, aquí, no se me ha escapado.

Esta primavera cumpliré 27 años en el Internet. En rigor, he tenido un teléfono celular por unos 17 de todos esos años. Tal vez tuve un teléfono inteligente durante 12 de esos años. Y cada día se pone peor, se hace más fácil desconectarse, sintonizar y desplazar la pantalla y me preguntó qué pensará mi hija de tres años cuando trata de hablarme y yo le contesto, pero estoy mirando este artilugio infernal.

Entre nuestra adicción a la indignación y nuestra necesidad de desperdiciar cada momento de nuestro tiempo libre y nuestra incapacidad de sostener relaciones verdaderas con gente real, porque nuestras desinfectadas relaciones en línea son más sencillas de manejar y mucho menos complejas y siempre puedes bloquear, en línea, a alguien que siempre es un fastidio… nos estamos perdiendo. Días atrás me obligué a ir a comer, dejando mi teléfono en casa. ¿Se imaginan lo difícil que fue? ¿Quizás especialmente porque la persona con la que fui a comer iba con su teléfono? Cada vez que tomaba su teléfono, sin importar lo válido de sus motivos, me sentía repentina y completamente solo e inseguro respecto de lo que debía hacer.

Voy a mi oficina, claramente con la intención de trabajar y SIEMPRE verifico primero las redes sociales. Siempre. Allí es donde está la noticia. Allí es donde mis amigos hablan de lo importante. Allí es donde están todas las notificaciones que no he verificado, desde la última vez que estuve cerca de un aparato conectado a internet.

Y no puedo decirles cuántos días levanté, frustrado, mis manos, porque no hice nada relevante y el tiempo se pasa y necesitamos cenar y hacer las tareas domésticas y rezar y solo quiero intentar una vez más terminar algo, pero las redes sociales me están alertando de que hay 49 nuevas respuestas y solo necesito verificar las primeras…

No sé cómo hacer la clase de trabajo que hago sin estar conectado. Esto nos está arruinando. Arruina nuestros cerebros. Arruina nuestras relaciones. Está arruinando nuestra capacidad para tener una conciencia social y evitar el peligro y ver la belleza de lo que nos rodea- ver la belleza de nuestro entorno, sin enviarlo por Instagram y asegurarnos de compartirlo en Facebook y, por supuesto, también en Twitter.

No tengo una respuesta y tengo la garantía de ser el mayor hipócrita del mundo, en este sentido, pero algo tiene que ceder. No es así como estamos destinados a vivir.

Las herramientas con que contamos son útiles. Sin el Internet, no podríamos luchar en contra de muchas cosas. Monseñor Schneider ha hecho específica mención del poder que se ha dado a los buenos católicos para luchar en contra de la corrupción dentro de la Iglesia. Nuestra capacidad para producir contenidos convincentes, que combatan la narrativa prevalente, es una gran bendición y no debería tenérsela como cosa segura. No debemos claudicar. Pero tampoco podemos ser completamente consumidos por ella.

Consideren ésta como la primera incursión de muchas posibles, dentro de una discusión que todos deberíamos tener. Sin tener a la vista un fin a la crisis, necesitamos una verificación instintiva de nuestros hábitos. Necesitamos actuar, vivir y trabajar de modo que sea espiritual, emocional y físicamente saludable o no saldremos adelante.

Steve Skojec

Traducción de Valinhos/Adelante la Fe