ADELANTE LA FE

Es una guerra de religión

Las matanzas de Tanta y Alejandría son una brusca llamada de atención a la realidad para el papa Francisco en vísperas de su viaje a Egipto. Los atentados ocurridos en el Cercano Oriente, como los de Europa, no son catástrofes naturales que se puedan evitar mediante encuentros ecuménicos, como el que celebrará el papa Bergoglio el próximo 28 de abril con el gran imán de Al-Azhar. Son más bien episodios que recuerdan que en la Tierra existen profundas divisiones ideológicas y religiosas que sólo se pueden remediar con el regreso a la verdad.

Y la primera verdad que tenemos que recordar si no queremos engañarnos a nosotros mismos ni engañar al mundo es que quienes perpetraron los atentados de Tanta y Alejandría, al igual que los de Estocolmo y Londres, no son desequilibrados y trastornados mentales, sino portadores de un concepto religioso que desde el siglo VII combate el Cristianismo. No sólo Europa, sino todo el Occidente y el Oriente cristianos, han definido a lo largo de los siglos su identidad particular defendiéndose de los ataques del islam, que jamás ha renunciado a su aspirada hegemonía universal.

Muy diferente ha sido el análisis del papa Francisco, que en la homilía del Domingo de Ramos ha recalcado su proximidad a los que «sufren a causa de un trabajo esclavo, sufren por los dramas familiares, por las enfermedades… Sufren a causa de la guerra y el terrorismo, por culpa de los intereses que mueven las armas y dañan con ellas.»

Y a continuación, levantando los ojos del texto, el Sumo Pontífice añadió: «Recemos también por la conversación sincera de los que fabrican armas y trafican con ellas». El papa Bergoglio subraya lo que frecuentemente ha declarado: que lo que pone en peligro la paz del mundo no es el islam, ni siquiera una desviación de éste, sino el interés económico de los traficantes de armas.

En la entrevista concedida al periodista Henrique Cymerman y publicada por el diario barcelonés La Vanguardia el 12 de junio de 2014, Francisco había declarado: «Descartamos toda una generación por mantener un sistema económico que ya no se aguanta, un sistema que para sobrevivir debe hacer la guerra, como han hecho siempre los grandes imperios. Pero como no se puede hacer la Tercera Guerra Mundial, entonces se hacen guerras zonales. ¿Y esto qué significa? Que se fabrican y se venden armas, y con esto los balances de las economías idolátricas, las grandes economías mundiales que sacrifican al hombre a los pies del ídolo del dinero, obviamente se sanean».

No se ve que el Papa crea que se pueda elegir entre vivir y morir para perseguir un sueño político o religioso. Lo que mueve la historia son los intereses económicos, y hubo un tiempo en que éstos eran los de la clase burguesa frente a la proletaria, y hoy son los lo de las multinacionales y los países capitalistas frente a los pobres de la Tierra. A esta cosmovisión, que es heredera directa del economicismo marxista, se contrapone actualmente la geopolítica del presidente estadounidense Donald Trump y el presidente de la Federación Rusa Vladimir Putin.

Trump y Putin han redescubierto los intereses nacionales de sus respectivos países, y en el tablero de ajedrez del Próximo Oriente juegan una reñida partida en el plano diplomático y en el mediático, sin excluir la posibilidad de extrapolarla al militar. A su vez, el islam agita el espectro de la guerra religiosa en el mundo.

¿Cuáles son las palabras que, en vísperas de la Santa Pascua, esperan los fieles del Jefe de la Iglesia Católica? Esperamos que se nos diga que las verdaderas causas de las guerras no son ni de orden económico ni político, sino ante todo de orden religioso y moral. Tienen su causa más profunda en el corazón de los hombres, y su más honda raíz en el pecado. Jesús sufrió su Pasión para redimir al mundo del pecado. Y en la actualidad es también la pasión de una Iglesia que es perseguida en todo el mundo.

En la oración por la paz que escribió el 8 de septiembre de 1914, recién estallada la primera contienda mundial, Benedicto XV exhortó a suplicar en privado y en público a «Dios, árbitro y Señor de todas las cosas, para que acordándose de su misericordia, aleje este flagelo de la ira con que hace justicia por los pecados de los pueblos. Imploramos que en nuestros comunes deseos nos asista y favorezca la Virgen Madre de Dios, cuyo faustísimo natalicio, el cual celebramos en esta misma fecha, irradie al atribulado género humano como aurora de paz, debiendo Ella dar a luz a Aquel en el cual el Padre Eterno quiso reconciliar todas las cosas, «reconciliar consigo todas las cosas, tanto las de la Tierra como las del Cielo, mediante la sangre de su cruz» (Col. 1, 20).

Es un sueño imaginar que un Papa dirija a la humanidad palabras de este tenor en una situación internacional tan tempestuosa como la que actualmente vivimos?

Roberto de Mattei

(Traducido por J.E.F)

Roberto de Mattei

Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.