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Cinco años después, las críticas a Amoris laetitia siguen sin respuesta

Hace cinco años, el 8 de abril de 2016, se publicó la exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia, el documento más polémico del pontificado de Francisco. Dicho documento es fruto de un proceso emprendido por el cardenal Walter Kasper en el consistorio de febrero de 2014. La tesis de monseñor Kasper, según la cual la Iglesia tiene que renovar su praxis en lo referente al matrimonio, fue el tema central de los dos sínodos sobre la familia celebrados en 2014 y 2015. Desgraciadamente, la exhortación Amoris laetitia resultó peor aún que el texto  del cardenal Kasper. El purpurado alemán había planteado algunas preguntas, y Amoris laetitia daba una respuesta que abría las puertas a que los divorciados se volvieran a casar y autorizaba implícitamente la convivencia more uxorio. Por ello, el filósofo Josef Seifert llegó al extremo de afirmar: «La lógica consecuencia de Amoris laetitia  es la destrucción de todo lo que enseña la moral católica».

De hecho, han tenido más impacto las innumerables críticas de que ha sido objeto Amoris laetitia en libros, artículos y entrevistas que el propio documento en sí. La primera fueron los dubia planteados al Papa y a la Congregación para la Doctrina de la Fe el 19 de septiembre de 2016 por los cardenales Walter Brandmüller, Raymond Burke, Carlo Caffarra y Joachim Meisner. La segunda fue la Correctio filialis de haeresibus propagatis que dirigieron al Sumo Pontífice más de sesenta eruditos católicos y pastores de la Iglesia el 11 de agosto de 2017. Un mes después de su publicación, las adhesiones aumentaron hasta alcanzar el número de 216 teólogos, catedráticos y estudiosos de muchas nacionalidades.

Tanto los dubia como la corrección filial tuvieron un gran impacto a nivel mundial, pero ninguno de dichos documentos halló respuesta, y ello a pesar de que los cuatro redactores de los dubia solicitaron audiencia al papa Francisco el 25 de abril de 2017, dos de los cuales han fallecido ya (Caffarra y Meisner). Resulta inexplicable la negativa del Sucesor de San Pedro a recibir a quienes por ser cardenales son sus consejeros, y más aún teniendo en cuenta que Francisco ha querido hacer de la acogida la marca de fábrica de su pontificado, habiendo afirmado en una de sus primeras homilías (25 de mayo de 2013) que «los cristianos que preguntan no deben encontrar nunca la puerta cerrada». Para compensar, el pasado 15 de marzo el cardenal Luis Ladaria, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en respuesta a un dubium sobre si la Iglesia puede bendecir la unión de personas del mismo sexo, calificó de ilícita la bendición de las uniones homosexuales, en vista de que «no existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia». Esta declaración, que reafirma la doctrina católica, ha causado un estallido de desaprobación, sobre todo en Alemania. El silencio sobre la cuestión planteada en los dubia y la Correctio filialis ha sido causa a su vez de exasperación en los ambientes católicos tradicionales.

Con esta práctica de gobierno contradictoria se corre el riesgo de llevar a la Iglesia a un grave cisma, o peor aún, a un proceso de fragmentación que puede tener unas consecuencias catastróficas. La responsabilidad primaria de esta situación es más del pastor supremo que del desorientado rebaño. Las ovejas exasperadas serán cada vez más numerosas, hasta que llegará un día en que Roma no podrá hacerse oír de una manera clara y definida.

Ante esta confusión resulta muy oportuna la aparición de dos libros muy serios y documentados que presentan un panorama preocupante de la tragedia religiosa que atravesamos.

El primero, compilado por Voice of the Family y publicado en versión electrónica tiene por título The unanswered concerns about Amoris Laetitia Why the Apostolic Exhortation Remains a Danger to Souls. Un grupo de representantes de Voice of the Family estuvo en Roma tanto durante el sínodo extraordinario de octubre de 2014 como en el ordinario de octubre de 2015.

La mencionada organización ha analizado en profundidad los documentos sinodales más importantes desde la perspectiva de quienes defienden la vida y la familia y ha hecho llegar sus conclusiones a cardenales y obispos del mundo entero. Es más, como se puede leer en el prólogo, «hay en Amoris laetitia afirmaciones que contradicen abiertamente las autorizadas enseñanzas de la Iglesia Católica, así como otras que las socavan sin contradecirlas».

El segundo libro, editado por los profesores John R.T. Lamont y Claudio Pierantoni, se titula Praise for defending the Faith against presente heresies, y está prologado por el arzobispo Carlo Maria Viganò. Ambas obras contienen los textos de los dubia y de la Correctio filialis. El de Voice of the Family incluye además las Theological Censures against Amoris Laetitia by Forty-five Theologians y la Declaración de las verdades relacionadas con algunos de los errores más comunes en la vida de la Iglesia de nuestro tiempo de mayo de 2019. El de Lamont y Piertantoni recoge además la  Open Letter to the Bishops of the Catholic Church; An Appeal to the Cardinals of the Catholic Church y la protesta Contra retencia sacrilegia.En la introducción, John Lamont recuerda la génesis de estos documentos, a los que el libro añade contribuciones de Anna M. Silvas, Fr John Hunwicke, Claudio Pierantoni, Claire Chretien, Roberto de Mattei, Robert Fastiggi and Dawn Eden Goldstein, Joseph Shaw, Michael Sirilla, Edward Peters, Edward Feser, Brian Harrison, John Rist, Peter A. Kwasniewski, Maike Hickson, Thomas G. Weinandy, O.F.M. Cap., Pauper Peregrinus y el propio Lamont.

Resulta instructivo releer hoy esos textos, tanto en lo relativo a la forma como a la sustancia. De hecho, en los últimos años se ha perdido la sustancia teológica de los problemas y el lenguaje se ha vuelto frecuentemente grosero y agresivo. Las dos compilaciones de documentos de las que hablamos nos ayudan a entender cómo se habla entre los católicos, al interior de la Iglesia. Decepciona constatar una pérdida de esa sustancia teológica y ese estilo equilibrado en lo referente a la controversia generada por las vacunas contra el cóvid 19.  En el debate sobre este tema, algunos críticos de Amoris laetitia han sido acusados de incoherencia por aceptar las declaraciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre las vacunas en 2008 y 2015. La respuesta a esta objeción es simple: los firmantes no han criticado en ningún momento la autoridad del Papa ni de la Congregación para la Doctrina de la Fe, porque la Iglesia es una sociedad jerárquica que no puede prescindir de una autoridad suprema. Lo que critican es un documento promulgado por la autoridad suprema porque les parece que contradice el Magisterio anterior de la Iglesia. Por lo que respecta a la adhesión a verdades teológicas y morales, el tribunal de última instancia es la conciencia, pero ésta requiere una norma objetiva externa a ella en la que basarse. Esa ley externa la da y propone la Iglesia con su Magisterio, que en este sentido es norma próxima de nuestra Fe. Si dicha norma se expresa de modo equívoco o ambiguo, negando aunque sea implícitamente en la práctica una verdad de fe relativa por ejemplo a las uniones conyugales, los católicos tienen el deber de recordar que la doctrina sobre el matrimonio sacramental no puede ser modificada por ninguna autoridad eclesiástica, ni siquiera por el Sumo Pontífice. Quienes critican Amoris laetitia no se apoyan en la propia conciencia sino en el Magisterio perenne de la Iglesia.

En vísperas de posibles cismas no es momento de dividir el mundo católico, sino de unirlo cimentándolo en la Tradición católica. En su libro Reflections on a New Dialogue between Traditionalist and Conservative Catholics, Claudio Pierantoni explica que muchos de los documentos recogidos en el libro que ha editado con John Lamont son fruto del feliz encuentro entre representantes del tradicionalismo católico y el catolicismo conservador, de cuyas filas él mismo proviene: «Sirva este libro de testimonio y ejemplo del esfuerzo conjunto realizado en los últimos cuatro años y de aliento para los años venideros». Es necesaria la convergencia y sinergia de iniciativas diversas surgidas del clero y de los laicos, cada uno según su nivel y sus propias posibilidades, para hacer frente al caos que nos amenaza, encomendando el éxito de la batalla a la ayuda de Dios, sin la cual jamás será posible triunfar. Los dos libros recién publicados señalan el camino.

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

Roberto de Matteihttp://www.robertodemattei.it/
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.

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